martes, 17 de diciembre de 2019

EL PAPA FRANCISCO ULTRAJA A LA SANTÍSIMA VIRGEN













16 de Diciembre del año 2019 - 6153




EL PAPA FRANCISCO ULTRAJA A LA SANTÍSIMA VIRGEN: DENUNCIO AL PÉRFIDO COMO ENEMIGO DE LA FE




INTRODUCCIÓN: Lo menos que se le puede pedir a un católico, por pecador que sea, es que venere a la Santísima Virgen. El Papa no sólo no la venera sino que la insulta, negando uno de sus títulos más insignes y tradicionales que es el de "Corredentora" y calificáncola de "mestiza". Esto ya es demasiado. Los Cardenales actuales, que no lo denuncian por sus atrocidades doctrinarias como hereje, al menos deberían reaccionar ante esta afrenta infernal. Dios les pedirá cuentas. Entretanto, yo, simple laico sin autoridad ninguna, lo acuso de herejía y de injuria a la Madre de Dios, por lo cual, a mi respecto, sólo conserva de "Papa" el poder político que ejerce en forma tiránica y nada más. Eso no basta para que sea desconocido como Papa, pero para mi conciencia, es suficiente. No es Papa, aunque públicamente lo sea, sino un traidor a la Iglesia.

Cosme Beccar Varela


Francisco ultraja a María

Alejandro Sosa Laprida - 15/12/2019


Francisco enseña que María, “mujer mestiza de nuestros pueblos”, no es Corredentora


El 12 de diciembre, en la homilía de la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, Francisco negó la participación de María en la obra redentora, calificándola de “historias” (“fábulas, cuentos”) y de “tontera” (“tontería, bobada, insignificancia”). Éstas son sus palabras:


“Fiel a su Maestro, que es su Hijo, el único Redentor, jamás quiso para sí tomar algo de su Hijo. Jamás se presentó como corredentora. (…) Nunca robó para sí nada de su Hijo (…) María mujer, María madre, sin otro título esencial. (…) Y tercer adjetivo que yo le diría mirándola, se nos quiso mestiza, se mestizó. (…) Se mestizó para ser Madre de todos, se mestizó con la humanidad. ¿Por qué? Porque ella mestizó a Dios. Y ese es el gran misterio: María Madre mestiza a Dios, verdadero Dios y verdadero hombre, en su Hijo. Cuando nos vengan con historias de que habría que declararla esto, o hacer este otro dogma, no nos perdamos en tonteras: María es mujer, (…) mujer de nuestros pueblos, pero que mestizó a Dios.”


Los dichos de Bergoglio, además de insultantes, son completamente falsos. Si bien no ha habido hasta ahora una declaración dogmática del magisterio al respecto, la corredención de María forma parte de la revelación divina. Su fundamento escriturístico es innegable. Éste consiste en el paralelo y en la analogía existente entre Eva y la Santísima Virgen. Paralelo y analogía que se manifiestan en el papel desempeñado por ellas en relación, por un lado, con Adán en el caída original y, por el otro, con Jesucristo, nuevo Adán (Rm. 5, 14 - I Cor. 15, 22), en la reparación de la misma.


En efecto, del mismo modo que Eva participó en la caída de Adán, por su falta de fe y su desobediencia, María lo hizo en la redención, a través de su fe y su obediencia. Con su “fiat” y su consentimiento al sacrificio salvador de Jesús, María hizo posible la Redención, así como Eva, tentando a Adán a instancias de la Serpiente, había hecho posible la falta original. Es Adán quien la comete, pero Eva está íntimamente vinculada a ella, no como artífice, sino como partícipe necesaria y a modo de causa instrumental.


De manera análoga, María, nueva Eva, participa en el acto redentor realizado por Jesucristo, nuevo Adán, no como autora, sino como partícipe necesaria -Dios así lo dispuso en su Divina Providencia-, y como causa instrumental -con su “fiat” libremente otorgado, María suministró la “materia” del sacrificio redentor, es decir, el cuerpo de la víctima expiatoria-.


Es en este sentido que debe entenderse el término “corredención” aplicado a María, como expresión de su íntima participación en la obra redentora consumada por su divino Hijo -autor exclusivo de la misma-, y no como si la redención hubiera sido realizada por ambos, en el mismo sentido y en un pie de igualdad, como si fuesen coautores del hecho.


Así pues, a semejanza de Eva, que interviene de manera decisiva en la caída del género humano provocada por la falta de Adán, la Santísima Virgen María, Eva de la Nueva Alianza, está estrechamente involucrada en la redención operada por el nuevo Adán, Jesucristo.


Veamos lo que dice al respecto San Ireneo, Padre y Doctor de la Iglesia, discípulo de San Policarpo, quien, a su vez, lo había sido del apóstol San Juan, en su obra “Contra los herejes”:


“En correspondencia encontramos también obediente a María la Virgen, cuando dice: «He aquí tu sierva, Señor: hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38); a Eva en cambio indócil, pues desobedeció siendo aún virgen. Porque como aquélla, (...) habiendo desobedecido, se hizo causa de muerte para sí y para toda la humanidad; así también María, teniendo a un varón como marido pero siendo virgen como aquélla, habiendo obedecido se hizo causa de salvación para sí misma y para toda la humanidad (Heb 5, 9). (...) Así también el nudo de la desobediencia de Eva se desató por la obediencia de María; pues lo que la virgen Eva ató por su incredulidad, la Virgen María lo desató por su fe.”


Citemos ahora al gran doctor mariano San Luis María Grignon de Montfort:


“Lo que Lucifer perdió por orgullo lo ganó María con la humildad. Lo que Eva condenó y perdió por desobediencia lo salvó María con la obediencia. Eva, al obedecer a la serpiente, se hizo causa de perdición para sí y para todos sus hijos, entregándolos a Satanás; María, al permanecer perfectamente fiel a Dios, se convirtió en causa de salvación para sí y para todos sus hijos y servidores, consagrándolos al Señor. -53- (…) Lo que digo en términos absolutos de Jesucristo, lo digo, proporcionalmente, de la Santísima Virgen. Habiéndola escogido Jesucristo por compañera inseparable de su vida, muerte, gloria y poder en el cielo y en la tierra, le otorgó, gratuitamente - respecto de su Majestad- todos los derechos y privilegios que Él posee por naturaleza: “Todo lo que conviene a Dios por naturaleza, conviene a María por gracia”, dicen los santos. -74-.”
Cito ahora por partida doble a Pío XII, primero en una alocución dirigida a los peregrinos de Génova del 22 de abril de 1940:


“De hecho, ¿no son Jesús y María los dos amores sublimes del pueblo Cristiano? ¿No son acaso el nuevo Adán y la nueva Eva a quienes el Árbol de la cruz une en el dolor y el amor para redimir el pecado de nuestros primeros padres en el Edén?”


Y luego, en su constitución apostólica Munificentissimus Deus, en la que definió solemnemente el dogma de la Asunción de María al Cielo en cuerpo y alma:


“Pero ya se ha recordado especialmente que desde el siglo II María Virgen es presentada por los Santos Padres como nueva Eva estrechamente unida al nuevo Adán, si bien sujeta a él, en aquella lucha contra el enemigo infernal que, como fue preanunciado en el protoevangelio (Gn 3, 15), habría terminado con la plenísima victoria sobre el pecado y sobre la muerte, siempre unidos en los escritos del Apóstol de las Gentes (cfr. Rom cap. 5 et 6; 1 Cor 15, 21-26; 54-57). Por lo cual, como la gloriosa resurrección de Cristo fue parte esencial y signo final de esta victoria, así también para María la común lucha debía concluir con la glorificación de su cuerpo virginal (n. 39).”


Transcribo seguidamente otras citas pontificias sobre esta cuestión:


León XIII: “Cuando María se ofreció a si misma completamente a Dios junto con su Hijo en el templo, ya estaba compartiendo con Él la dolorosa expiación a favor de la raza humana. Es seguro, por tanto, que sufrió en lo más profundo de su alma con los sufrimientos más amargos y los tormentos de Él. Finalmente, fue precisamente frente a los ojos de María que el sacrificio divino, por el cual Ella había nacido y alimentado a la víctima, tuvo que ser consumado; vemos que estuvo Su Madre frente a la Cruz de Jesús (…) voluntariamente ofreciendo a su Hijo a la divina justicia, muriendo con Él en su corazón, atravesada con la espada de dolor”. Encíclica Jacunda Semper, 1894.

San Pío X: “A todo esto hay que añadir, en alabanza de la santísima Madre de Dios, no solamente el haber proporcionado al Dios Unigénito que iba a nacer con miembros humanos la materia de su carne con la que se lograría una hostia admirable para la salvación de los hombres; sino también el papel de custodiar y alimentar esa hostia e incluso, en el momento oportuno, colocarla ante el ara. De ahí que nunca son separables el tenor de la vida y de los trabajos de la Madre y del Hijo.” Encíclica Ad diem illum, 1904.


Benedicto XV: “El hecho de que Ella estuvo con su Hijo, crucificado y agonizante, fue de acuerdo al plan divino. Hasta tal punto entregó sus derechos maternales sobre su Hijo para la salvación del hombre, y lo inmoló -hasta donde la fue posible- para calmar la justicia de Dios, que podemos correctamente decir que redimió a la raza humana junto con Cristo.” Carta Apostólica Inter Sodalicia, 1918.


Pío XI: “O Madre del amor y de la misericordia quien, cuando vuestro dulcísimo Hijo estaba consumiendo la Redención de la raza humana en el altar de la cruz, permanecisteis de pie junto a Él, sufriendo con Él como la Corredentora. (…) Conserva en nosotros, os lo suplicamos, e incrementa día a día, los frutos preciosos de Su Redención y la compasión de su Madre.” Oración en la clausura del Jubileo de la Redención, 1933.


Pío XII: “Fue Ella quien, libre de toda mancha personal y original, unida siempre estrechísimamente con su Hijo, lo ofreció como nueva Eva al Eterno Padre en el Gólgota, juntamente con el holocausto de sus derechos maternos y de su materno amor, por todos los hijos de Adán manchados con su deplorable pecado; de tal suerte que la que era Madre corporal de nuestra Cabeza, fuera, por un nuevo título de dolor y de gloria, Madre espiritual de todos sus miembros. (51)” Encíclica Mystici Corporis, 1943.


No puedo evitar relacionar esta desafortunada salida bergogliana con la que profiriera un año atrás, el 21 de diciembre de 2018, con motivo del discurso navideño ofrecido al personal del Vaticano, impugnando solapadamente la Concepción Inmaculada de María:


“Entonces, ¿quién es feliz en el Belén? La Virgen y San José están llenos de alegría: miran al Niño Jesús y son felices porque, después de mil preocupaciones, han aceptado este Regalo de Dios, con tanta fe y tanto amor. Están “rebosantes” de santidad y, por lo tanto, de alegría. Y me diréis vosotros: ¡Anda, claro! ¡Son la Virgen y San José! Sí, pero no pensemos que haya sido fácil para ellos: los santos no nacen, se hacen, y esto vale también para ellos.”


Así pues, según Francisco, María se caracterizaría esencialmente por ser una “mujer-madre-mestiza-discípula” -todos atributos de orden puramente natural y que podrían corresponder a infinidad de personas-, pero no cabría atribuirle los títulos de Inmaculada -preservada de todo vínculo con la falta original- ni de Corredentora -cooperadora en la reparación de dicha falta-, los cuales no merecerían otro calificativo que el de meras “historias” o “tonteras”…


Todo esto sin poder detenernos como convendría en el empleo esperpéntico del término “mestizar” aplicado a María en referencia a la Encarnación. Digamos simplemente que, amén de constituir una novedad absoluta en materia teológica, la noción de “mestizaje” es totalmente inapropiada, ya que supone una mezcla o confusión de elementos, cosa que no sucede en Jesucristo, cuyas dos naturalezas, divina y humana, permanecen perfectamente distintas, unidas en la persona del Verbo, unidad que la teología denomina “hipostática”.


Además de ser una palabra que implica la dimensión generativa, lo cual resulta chocante en alusión a la Santísima Virgen. Sin dejar de mencionar, por último, ya en un plano de índole política e ideológica, el “mundialismo” o “globalismo” preconizado sistemáticamente por la ONU -con la anuencia manifiesta del Vaticano-, una de cuyas características principales es el “inmigracionismo”, con el consiguiente “mestizaje” y la disolución de la identidad cultural y religiosa de las naciones occidentales, el famoso “multiculturalismo”.


Para concluir, añado a continuación un apéndice con un repertorio de citas tomadas de viejos artículos, a fin de intentar analizar los despropósitos de Bergoglio en relación a la Santísima Virgen, los que ponen en evidencia no sólo una grave heterodoxia doctrinal, sino, sobre todo, una muy perturbadora tendencia al ultraje para con la Madre de Dios…


APÉNDICE


1. María y la Iglesia son defectuosas.
Durante la Audiencia general del 11 de septiembre de 2013, Francisco dijo que María y la Iglesia « tienen defectos », pero que debemos « comprenderlos » y « taparlos », e incluso, « quererlos ». Éstas son sus palabras:


« La Iglesia y la Virgen María son madres, ambas; lo que se dice de la Iglesia se puede decir también de la Virgen, y lo que se dice de la Virgen se puede decir también de la Iglesia. […] ¿Amamos a la Iglesia como se ama a la propia mamá, sabiendo incluso comprender sus defectos? Todas las madres tienen defectos, todos tenemos defectos, pero cuando se habla de los defectos de la mamá nosotros los tapamos, los queremos así. Y la Iglesia tiene también sus defectos: ¿la queremos así como a la mamá, le ayudamos a ser más bella, más auténtica, más parecida al Señor? »


2. María al pie de la Cruz se sintió engañada.
Durante una homilía pronunciada el viernes 20 de diciembre en la capilla de la Casa Santa Marta, en el Vaticano, Francisco dió a entender que la Santísima Virgen María experimentó sentimientos de rebeldía al pie de la Cruz, que fue tomada de improviso por la Pasión de su divino Hijo, que creyó que las promesas formuladas por el ángel Gabriel el día de la Anunciación no eran sino mentiras y que, por ende, había sido engañada. Cito el pasaje:


« Ella estaba silenciosa, pero en su corazón, ¡cuántas cosas le decía al Señor! ¡Tú, aquel día, me dijiste que sería grande; me dijiste que le darías el trono de David, su padre, que reinaría para siempre y ahora lo veo aquí! ¡La Virgen era humana! Y tal vez tenía ganas de decir: ¡Mentiras! ¡Me han engañado! »


Estas palabras son sencillamente escandalosas. La tradición nunca ha atribuido a María sentimientos de revuelta ante el sufrimiento. Su disposición permanente en toda circunstancia fue la que tuvo el día de la Anunciación: « He aquí la servidora del Señor, que me sea hecho según tu palabra. » (Lc. 1, 38) La Iglesia venera a María como Reina de los Mártires, lo que no habría sido posible si no hubiese consentido a realizar el infinito sacrificio que Dios le pedía: hacer entrega de la vida de su divino Hijo con miras a la salvación de la humanidad caída, y del cual ella era plenamente consciente desde la profecía que le hiciera Simeón el día de la Presentación del Niño Jesús en el Templo: « Y a tí una espada te atravesará el alma para que se descubran los pensamientos de muchos corazones. » (Lc. 2, 35)


Como lo explica San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia, en su obra Las glorias de María: « Cuanto más amaba a Jesús, tanto más su sufrimiento se acrecentaba, al considerar que debía perderlo por una muerte tan cruel. Cuanto más se acercaba el tiempo de la Pasión de su Hijo, tanto más desgarraba su corazón de madre la espada de dolor predicha por Simeón. » (Segunda parte, Primer Dolor) Y también: « (…) María, quien por amor de nosotros consintió en verlo inmolado a la justicia divina por la barbarie de los hombres. Los espantosos tormentos que María padeció, tormentos que le significaron más de mil muertes (…) Contemplemos unos instantes la amargura de esta pena, que hizo de la divina Madre la Reina de los mártires, dado que su martirio sobrepasa el de todos los mártires (…) Como la Pasión de Jesús comenzó a su nacimiento, según San Bernardo, así María, semejante en todo a su divino Hijo, sufrió el martirio durante toda su vida. » (Segunda parte, Discurso XI)


Nunca hubo signo alguno de rebeldía ni de ignorancia en María, sino una completa sumisión a la voluntad divina y una total conciencia, en su acto libre y voluntario de consentimiento a la inmolación de su divino Hijo para la salvación de los hombres. Así como Eva fue íntimamente asociada a la falta de Adán, así también María, la nueva Eva, fue asociada estrechamente al sacrificio redentor de Jesús, el nuevo Adán, sobre el altar de la Cruz. Esa es la doctrina tradicional de la Santa Iglesia de Dios, en conformidad con la revelación divina, en las antípodas de los dichos impíos y blasfematorios proferidos por Francisco.


3. Francisco acepta los crucifijos marxistas del comunista Evo Morales…


Francisco recibió de manos del presidente boliviano Evo Morales un crucifijo en forma de hoz y martillo, al igual que la condecoración Padre Luis Espinal, insignia honorífica ofrecida por el Congreso boliviano, sobre la cual también figura el crucifijo blasfematorio concebido por el jesuita partidario de la revolución marxista, a cuya tumba Francisco acudió para rendirle homenaje como a un mártir, para recordarlo como a «un hermano nuestro, víctima de intereses que no querían que se luchara por la libertad de Bolivia. El P. Espinal predicó el Evangelio y ese Evangelio molestó y por eso lo eliminaron. […] Que el Señor tenga en su gloria al P. Luis Espinal que predicó el Evangelio, ese Evangelio que nos trae la libertad, que nos hace libres .»


Sobre el crucifijo comunista de Espinal, el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el Padre Lombardi, afirmó que el autor había querido «representar el diálogo con quienes luchan por la justicia de una manera que sobrepasa las fronteras de la iglesia .»

Francisco dijo que el regalo no le había chocado y explicó que Espinal «era un entusiasta de este análisis marxista de la realidad, y también de la teología, usando el marxismo. De ahí surgió esta obra. También las poesías de Espinal son de ese género protesta: era su vida, era su pensamiento, era un hombre especial, con tanta genialidad humana, y que luchaba de buena fe. Haciendo una hermenéutica del género, entiendo esta obra. Para mí no ha sido una ofensa .»


Es decir que Francisco no sólo justificó la toma de posición ideológica de Espinal, así como su obra sacrílega, calificada de « arte contestatario », una « crítica del cristianismo que hizo alianza con el imperialismo », en vez de designarla con su verdadero nombre de « arte blasfematorio », sino que además la elogió, afirmando que el « teólogo de la liberación » y « mártir » de la revolución comunista Espinal luchaba « de buena fe », que « predicaba el Evangelio » y que su escultura es una expresión de « genialidad humana ».


4. ¡Y los ofrece a la Virgen de Copacabana!
Francisco visitó el santuario de Nuestra Señora de Copacabana, la Santa Patrona de Bolivia, para ofrecerle las distinciones recibidas del presidente Morales. He aquí la alocución que dirigió con motivo de la ofrenda que hizo a María de las dos condecoraciones, incluida la medalla ornada con el famoso crucifijo comunista del Padre Espinal:


“El Señor Presidente de la Nación en un gesto de calidez ha tenido la delicadeza de ofrecerme dos condecoraciones en nombre del pueblo boliviano. Agradezco el cariño del pueblo boliviano y agradezco esta fineza, esta delicadeza del Señor Presidente y quisiera dejar estas dos condecoraciones a la Patrona de Bolivia, a la Madre de esta noble Nación para que Ella se acuerde siempre de su pueblo y también desde Bolivia, desde su Santuario, donde quisiera que estuvieran […] Recibe como obsequio del corazón de Bolivia y de mi afecto filial los símbolos del cariño y de la cercanía que -en nombre del Pueblo boliviano- me ha entregado con afecto cordial y generoso el Señor Presidente Evo Morales Ayma, en ocasión de este Viaje Apostólico, que he confiado a tu solicita intercesión. Te ruego que estos reconocimientos, que dejo aquí en Bolivia a tus pies, y que recuerdan la nobleza del vuelo del Cóndor en los cielos de los Andes y el conmemorado sacrificio del Padre Luis Espinal, S.I., sean emblemas del amor perenne y de la perseverante gratitud del Pueblo boliviano a tu solicita y fuerte ternura .”


Recapitulemos : Francisco aceptó un obsequio y una distinción en los que el Santo Cuerpo de Jesús era profanado de un modo sacrílego y blasfematorio, agradeció al comunista Evo Morales que se los había entregado, justificó el « arte contestatario » del jesuita apóstata Espinal, « artista » del cual efectuó un encendido elogio, calificándolo de « mártir del Evangelio ». Por último, como frutilla del postre, decidió obsequiar la abominable medalla a la Madre de Cristo como un emblema del « amor que le tiene el pueblo boliviano ». En lo que atañe al crucifijo marxista, del cual dijo que no lo había escandalizado en absoluto, Francisco explicó a los periodistas que se lo quedaría, llevándoselo consigo a Roma.


5. María, rebelde a causa del sufrimiento.
Francisco dio a entender que, ante el sufrimiento de ver a su Hijo en la Cruz, la Virgen podría haber dudado de la promesa que Dios le había hecho en la Anunciación a través del Angel Gabriel. Es entonces cuando ella habría pecado contra la fe y, al no consentir libremente el sacrificio de Jesús, no habría participado en su obra redentora. Peor aún, habría blasfemado, acusando a Dios de haberla engañado:
Ella estaba silenciosa, pero en su corazón, ¡cuántas cosas le decía al Señor! ¡Tú, aquel día, me dijiste que sería grande; me dijiste que le darías el trono de David, su padre, que reinaría para siempre y ahora lo veo aquí! ¡La Virgen era humana! Y tal vez tenía ganas de decir: ¡Mentiras! ¡Me han engañado!


De acuerdo con Francisco, esta actitud de María se debería al hecho de que no hay respuesta al sufrimiento, lo que habría provocado su revuelta al pie de la Cruz :
Tantas veces pienso en la Virgen, cuando le han dado el cuerpo muerto de su Hijo, todo herido, escupido, ensangrentado, sucio. ¿Y qué hizo la Madre? ‘‘¿Llévatelo?’’. No, lo abrazó, lo acarició. Tampoco la Virgen comprendía.




Porque, en aquel momento, se acordaría de lo que el Ángel le había dicho: Será Rey, será grande, será profeta, y dentro de sí, con aquel cuerpo -tan herido, que había sufrido tanto antes de morir- en sus brazos, por dentro seguramente tendría ganas de decir al Ángel: “¡Mentiroso! Me has engañado”.


Esta idea no es solamente falsa, contraria a la revelación divina, sino también lisa y llanamente blasfematoria, ya que es de fe que María consintió el sacrificio redentor de su Hijo, nuevo Adán, desde el instante de la Anunciación. Ella no ignoraba los sufrimientos que su consentimiento libre y lúcido a la obra redentora de Jesús le acarrearía, los que le habían sido anunciados cuando la presentación del niño Jesús en el Templo:


Simeón los bendijo y dijo a su madre María: He aquí que este Niño ha sido puesto para caída y elevación de muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón, a fin de que sean revelados los pensamientos de muchos corazones. (Lc. 2, 34-35)
Francisco desarrolló esa idea, completamente extranjera al cristianismo, en ese mismo discurso:


Hay también una pregunta cuya explicación no se aprende en la catequesis. Es la pregunta que tantas veces me he hecho, y tantos de ustedes, tanta gente se la hace: ‘‘¿Por qué sufren los niños?’’. Y no hay explicación. (…) No sé qué cosa más decir, de verdad, porque estas cosas me impresionan tanto. Tampoco yo tengo respuesta. ‘‘Pero es el Papa, ¡debe saberlo todo!’’. No, no hay respuesta para estas cosas (…).


Verdadero leitmotiv de la « enseñanza » bergogliana, he aquí otros ejemplos, esta vez dirigiéndose a niños que lo interrogan acerca del sufrimiento:


Esta pregunta es una de las más difíciles de responder. ¡No hay respuesta! Hubo un gran escritor ruso, Dostoyevski, que había planteado la misma pregunta: ¿por qué sufren los niños? Sólo se puede elevar los ojos al cielo y esperar respuestas que no se encuentran. No hay respuesta para esto, Rafael .


La mujer es capaz de hacer preguntas que los hombres no terminamos de entender. Presten ustedes atención. Ella hoy ha hecho la única pregunta que no tiene respuesta. […] La gran pregunta: ¿Por qué sufren los niños?


Ella fue la única que hizo la pregunta que no se puede responder: “¿Por qué sufren los niños?” .


Decir a unos pobres niños que no hay respuesta para su sufrimiento, que el mal es absurdo y gratuito, equivale a decirles que Dios es cómplice de su dolor puesto que, a pesar de su omnipotencia, no hace nada para impedirlo. El mensaje es cristalino: se hace a Dios responsable de su dolor ya que Él rehúsa socorrerlos. En definitiva, Dios sería indiferente al sufrimiento humano, lo que lo vuelve odioso, cruel y malvado. Las palabras de Francisco son la negación tácita de la amorosa obra redentora de Nuestro Señor, así como de la misión por El atribuida a la Iglesia, su Cuerpo Místico, de perpetuar su obra salvadora a la espera de su segunda venida.


Ese mensaje, para colmo viniendo de quien supuestamente es el Vicario de Jesucristo en la tierra, es criminal. Y, para decirlo sin rodeos, lisa y llanamente diabólico…
6. Jesús pide perdón a María y José.


Según Francisco, Jesús tuvo que pedir perdón a sus padres a causa de su « travesura » en el Templo de Jerusalén. Y sus padres, naturalmente, le significaron su desaprobación. Manifiestamente, Francisco tiene el sentido de la oportunidad, ya que tuvo la delicadeza de hacer este « cumplido » a Jesús, María y José con motivo de la homilía de la fiesta de la Sagrada Familia, el 27 de diciembre de 2015, en la basílica de San Pedro. Sepan disculpar la extensión de la cita, pero es necesaria para poder captar plenamente la gravedad que revisten las palabras del formidable blasfemador argentino:


« Al final de aquella peregrinación, Jesús volvió a Nazaret y vivía sujeto a sus padres (cf. Lc 2,51). Esta imagen tiene también una buena enseñanza para nuestras familias. En efecto, la peregrinación no termina cuando se ha llegado a la meta del santuario, sino cuando se regresa a casa y se reanuda la vida de cada día, poniendo en práctica los frutos espirituales de la experiencia vivida. Sabemos lo que hizo Jesús aquella vez. En lugar de volver a casa con los suyos, se había quedado en el Templo de Jerusalén, causando una gran pena a María y José, que no lo encontraban. Por su aventura , probablemente también Jesús tuvo que pedir disculpas a sus padres. El Evangelio no lo dice, pero creo que lo podemos suponer. La pregunta de María, además, manifiesta un cierto reproche, mostrando claramente la preocupación y angustia, suya y de José. Al regresar a casa, Jesús se unió estrechamente a ellos, para demostrar todo su afecto y obediencia. Estos momentos, que con el Señor se transforman en oportunidad de crecimiento, en ocasión para pedir perdón y recibirlo y de demostrar amor y obediencia, también forman parte de la peregrinación de la familia . »
Estamos ante una versión distorsionada de la Pérdida y el Hallazgo del Niño Jesús en el Templo. Bien sabemos que la respuesta de Nuestro Señor a la Virgen y a San José fue muy distinta y que, lejos de serle necesario pedir disculpas, recordó su deber de « ocuparse de las cosas de Su Padre ».


Sabemos igualmente que la Virgen « guardaba estas cosas en su corazón ». Esta ocurrencia bergogliana, sin precedentes en los anales cristianos, de pretender presentar a Jesús como si hubiese sido un niño « travieso », es de una impiedad tal que hiela la sangre…


7. María desobedece y engaña a San Pedro.
El 15 de agosto de 2013 Francisco visitó la comunidad de Clarisas contemplativas del monasterio de Albano. Allí explicó a las religiosas, en un tono pretendidamente humorístico, que María se había rebelado contra San Pedro, le había desobedecido y, a hurtadillas, durante el transcurso de la noche, sin nadie que pudiera verla, había conseguido que todo el mundo se salvara:


« Radio Vaticana conversó con dos de las religiosas [clarisas, del monasterio de Albano] que estuvieron en el encuentro de casi 45 minutos con el Santo Padre. La Madre Vicaria, Sor María Concetta, dijo que el Papa “estaba tranquilo, distendido como si no tuviera nada que hacer o como si no pensara en alguna cosa. Nos ha hablado -de un modo que nos tocó mucho- de María, en esta Solemnidad de la Asunción, porque la mujer consagrada es un poco como María. Nos ha contado una bella historia que nos ha hecho reír a todos, incluso a él mismo: María está en el Paraíso; San Pedro no siempre abre la puerta cuando llegan los pecadores y por eso María sufre un poco, pero se queda quieta. Y en la noche, cuando se cierran las puertas del Paraíso, cuando nadie ve u oye nada, María abre la puerta del Paraíso y hace entrar a todos .” »


Visiblemente, Francisco se complace y se regocija injuriando a la Madre de Dios. Para él, Nuestra Señora se habría arrogado el carácter de una especie de « tribunal de apelación » subrepticio a las sentencias divinas. Estamos ante otra blasfemia inaudita, maliciosamente disfrazada de humor, y que hizo un daño enorme a las almas de las religiosas, como puede verse por el comentario de la Madre Vicaria.


8. María llama mentiroso a Dios.


Nuestra Señora, al pie de la Cruz, se habría sublevado contra Dios, tildándolo de mentiroso. Éstas son sus declaraciones, efectuadas el 20 de diciembre de 2013, con motivo de una homilía dada en la Casa Santa Marta:
« Ella estaba silenciosa, pero en su corazón, ¡cuántas cosas le decía al Señor! ¡Tú, aquel día, me dijiste que sería grande; me dijiste que le darías el trono de David, su padre, que reinaría para siempre y ahora lo veo aquí! ¡La Virgen era humana! Y tal vez tenía ganas de decir: ¡Mentiras! ¡Me han engañado! »


Francisco reiteró esta odiosa afrenta hacia la madre de Jesús en numerosas ocasiones. Veamos lo que dijo el 29 de mayo de 2015, nuevamente durante un sermón pronunciado en Santa Marta:


« Muchas veces pienso en la Virgen, cuando le dieron el cuerpo muerto de su Hijo, tan destrozado, escupido, ensangrentado, sucio. ¿Qué hizo la Virgen? ¿Lleváoslo? No, lo abrazó, lo acarició. Tampoco la Virgen lo entendía.


Porque, en aquel momento, se acordaría de lo que el Ángel le había dicho: Será Rey, será grande, será profeta, y dentro de sí, con aquel cuerpo -tan herido, que había sufrido tanto antes de morir- en sus brazos, por dentro seguramente tendría ganas de decir al Ángel: “¡Mentiroso! ¡Me has engañado!” . »


Procuremos descifrar el mensaje que Francisco nos transmite a propósito de la Madre de Dios y Reina de los Ángeles. De acuerdo con su visión, María no comprende lo que le sucede a Jesús, María no entiende el sentido de su sufrimiento, María al pie de la Cruz se rebela contra Dios en su corazón, piensa que ha sido engañada por el ángel Gabriel en la Anunciación, no consiente libre y lúcidamente el sacrificio redentor de su Hijo; por consiguiente, María no es Nuestra Señora de los Siete Dolores ni la Reina de los Mártires. María, evidentemente, no comprendió la profecía de Simeón durante la Presentación del Niño Jesús en el Templo, no sabe por qué está allí y desconoce el sentido de su misión. En definitiva, María ignora cuál es el papel que le corresponde en el plan de la salvación…


Ésta es la versión bergogliana del rol desempeñado por Nuestra Señora el Viernes Santo, en el Calvario, al pie de la Cruz, cuando se realizaba la Redención del género humano. Esta versión inaudita del papel que le correspondió a María en la Pasión de Jesús es sencillamente luciferina. Y me atrevo a decir que el hecho de no percatarse de ello constituye un signo inequívoco de ceguera espiritual.


Sin embargo, la obsesión blasfemadora de Francisco no se detuvo ahí. ¿Y por qué tendría que haberlo hecho? Puesto que nadie lo enfrenta y que visiblemente este hombre carece de todo temor de Dios… En efecto, de acuerdo con su peculiar exégesis bíblica, la Santísima Virgen María no habría sido la única que habría blasfemado contra Dios: su divino Hijo, Nuestro Señor Jesucristo en persona, no se habría quedado atrás. Éstos son sus dichos del 30 de septiembre de 2014 durante un sermón en Santa Marta:


« Jesús, cuando se lamenta -‘‘Padre, ¡por qué me has abandonado!’’- ¿blasfema? El misterio es éste. Tantas veces yo he escuchado a personas que están viviendo situaciones difíciles, dolorosas, que han perdido tanto o se sienten solas y abandonadas y vienen a lamentarse y hacen estas preguntas: ¿Por qué? ¿Por qué? Se rebelan contra Dios. Y yo digo: ‘‘Sigue rezando así, porque también ésta es una oración’’. Era una oración cuando Jesús dijo a su Padre: ‘‘¡Por qué me has abandonado!’’ . »


Así pues, de acuerdo con Francisco, Jesús y María se sublevaron contra Dios. Y en su desamparo, blasfemaron. Pero eso, no obstante, fue una verdadera plegaria de su parte, a no dudarlo. Por lo cual Francisco estimula a la gente angustiada por el sufrimiento a seguir el ejemplo de Jesús y de María, sublevándose ellos también contra Dios, blasfemando ellos también contra Dios, contra ese ser malvado y cruel que se desentiende del sufrimiento humano, el cual es, obviamente, absolutamente gratuito e incomprensible…


Francisco nos explica así que, en el preciso momento en el cual nuestro divino Salvador realizaba la redención del género humano a través del sacrificio voluntario de su vida en el altar de la Cruz, Él habría blasfemado contra su Padre, rebelándose contra su designio salvífico. Y que, al mismo tiempo, Nuestra Señora, en vez de asociarse de manera lúcida y libre al sacrificio redentor de su Hijo, también habría blasfemado contra la voluntad de Dios, estimándose engañada por la promesa que el ángel Gabriel le había hecho en la Anunciación acerca de la misión de Jesús.


El momento crucial de la historia de la salvación se vuelve así, de acuerdo con el relato inaudito que propone Francisco, un acto de revuelta y de blasfemia contra Dios, de modo tal que el nuevo Adán y la nueva Eva en el Calvario no se habrían conducido mejor que nuestros primeros padres, quienes actuaron bajo el influjo del demonio en el Paraíso terrenal cuando consumaron la falta original. La salvación, entonces, no se habría distinguido esencialmente de la caída, dado que la revuelta contra la voluntad divina habría constituido el común denominador y que Satanás habría estado presente en el origen de esos dos momentos decisivos de la historia de la humanidad.


Ésa es la doctrina que Francisco propone a los creyentes: luciferianismo en estado puro. Esto podrá parecer excesivo a algunos, pero, habida cuenta de sus incesantes herejías y de sus espantosas blasfemias, me parece que no queda otro calificativo disponible. Además, esto no debería sorprendernos demasiado: ¿acaso Nuestro Señor en persona no nos advirtió, en su discurso escatológico, que el poder de engaño del que dispondrían los falsos profetas que precederán su segunda venida será tal que, de ser posible, engañarán aun a los elegidos?

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