sábado, 21 de diciembre de 2019

Un ajuste salvaje, pero solidario

LA NACION


21 de diciembre de 2019 


Un ajuste salvaje, pero solidario
                             LA NACION



Con el peronismo no se puede. Es imposible. Desde el 11 de agosto, cuando ganaron las PASO, me vine preparando psicológicamente para lo peor: un regreso del populismo. Una vuelta al saqueo de cajas del Estado y de las reservas del Banco Central. Un festival de subsidios. Un repudio al Fondo Monetario Internacional. Incluso, una nacionalización de activos extranjeros. Un default anunciado por cadena nacional en el Congreso frente a una plaza rebosante de gente llegada -perdón, traída- de todo el país. Un Alberto llamando a "vivir con lo nuestro". Cristina, invocando la revolución nacional y popular. Ese era el panorama que me imaginaba. Por eso, desde agosto hago terapia con un analista zurdito que no se va a dormir releyendo a Freud, sino Sinceramente.

Pero con el peronismo no se puede. Siempre te sorprende. Lo que apareció de golpe, sin decir agua va, es un impuestazo. Un congelamiento de las jubilaciones. Un ajuste que, de haber sido hecho por Macri, tendría calificativos previsibles: salvaje y neoliberal. Un gobierno kirchnerista haciendo un ajuste neoliberal que parece dictado por el Fondo y que dará recursos para pagarle al Fondo es algo que francamente no me esperaba. El 21 de septiembre, cuando ya sabía que iba a ser presidente, Alberto prometió en un spot: "Si tenemos que elegir entre los jubilados y los bancos, siempre defenderemos a los jubilados". No diría que es una promesa incumplida, sino que no hay que revisar los spots de campaña. Así como acabo de fundar LADRA, la Liga Argentina para la Defensa de los Derechos Republicanos de Alberto, que son amenazados por su vicepresidenta, estoy pensando en lanzar la Gran Resistencia al Impuestazo Totalitario de Alberto: GRITA.

Sí, totalitario. Dije y escribí que me había gustado el discurso inaugural del Presidente. Lo consideré un mensaje conciliador, moderado, democrático. Incluso se lo comenté a mi terapeuta, que me contestó: "Sí, excesivamente conciliador". También elogié el trato que le dispensó a Macri durante el traspaso del mando. Era un cambio de estilo respecto del kirchnerismo clásico. Y resulta que ahora se despachó con esta terrible ley de emergencia, que le da poderes extraordinarios, que anula el papel de la oposición y rebaja al Congreso a la categoría de atracción turística, tipo Obelisco. Diputados y senadores recibieron el miércoles el proyecto más importante en muchos años y anoche ya estaba por ser aprobado. Después de votarlo, un diputado oficialista me confió: "Voy a ver si en las vacaciones tengo tiempo de leerlo".

A esta gente hay que reconocerle creatividad. Al ajuste salvaje le pusieron de nombre "ley de solidaridad social y reactivación productiva". Unos genios. Movimientos sociales, sindicales y agrupaciones de izquierda estaban recogiendo piedras para ir a tirarlas a la Plaza del Congreso, e incluso habían logrado reclutar al tipo de la célebre bazuca casera, pero cuando se enteraron de que era un proyecto solidario, un regalo navideño, desistieron. El vallado de policías que rodeó el edificio durante el debate logró disuadir a las multitudes que querían entrar al recinto a expresar su gratitud.

Hay que ser peronista. Digo, hay que ser un presidente peronista para que el Congreso vote a libro cerrado y mano alzada un impuestazo. Hay que ser peronista para que el Congreso apruebe la conversión del Congreso en una escribanía. Hay que ser peronista para que el peronismo te vote un recorte brutal de las jubilaciones. Otra vez el relato: ya no se está hambreando a los abuelos; es solo una suspensión de la movilidad previsional. La oposición (y medio país, o el país entero, quiero imaginarme) puso el grito en el cielo cuando se enteró, ayer, de que esa suspensión no regirá para expresidentes, jueces y funcionarios. Un verdadero escándalo: se privilegia a personas que cobran, en promedio, haberes de 200.000 pesos, en detrimento de los abuelitos que reciben el mínimo, de 14.000 pesos. Yo entiendo la indignación, pero también acá hay un objetivo solidario: si a Cristina le recortan su jubilación, no llega a fin de mes.

Que el bosque no nos tape el árbol: esta semana hubo dos noticias que, si bien menores que la ley de emergencia, resultan muy interesantes. El juez Rafecas es el candidato de Alberto para la Procuración General. Entre sus muchos méritos está lo que escribió al rechazar la denuncia de Nisman contra la entonces presidenta por encubrimiento del atentado en la AMIA. Dijo que no se podía acusar de semejante cosa a "una figura política que a lo largo de 20 años de trayectoria ha sido consecuente en la búsqueda de proveer verdad y justicia". Aunque escribió la absolución en su computadora, le salió una caligrafía muy similar a la de Cristina.

La segunda novedad es que el fiscal Félix Crous será el jefe de la Oficina Anticorrupción. Un kirchnerista para investigar al kirchnerismo no vendría a ser un problema. Tampoco, que en el caso de la muerte de Santiago Maldonado haya presentado pruebas falsas. La cuestión es otra. Apenas designado, declaró: "No vamos a tener fines persecutorios". Entendido. Que a los corruptos los persiga otro.

La semana pasada le pedí al Gobierno que se pusiera a gobernar. Bueno, ya está bien. Tómense vacaciones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario