lunes, 11 de noviembre de 2019

Como era de esperarse...

...y no podía ser de otra forma, un grupejo de manifestantes de izquierda, los mismos que en toda elección apenas llega al 2,3% de votos; salieron a reclamar por un "golpe de estado" en Bolivia.

Un golpe de estado en el que el propio Morales, acusa a su ejército de "pasividad". Si los que lo llevaron a presentar su renuncia, fueron cien vigilantes que se acuartelaron; esto ya es una joda total.

Esto no es un golpe de estado; sólo es la consecuencia de un gran fraude electoral, que salió a la luz y al renunciar casi todo el gabinete de su gobierno, al Morales no le quedó otra que renunciar.

Entre las burradas que se pudo escuchar en las últimas horas; el primer premio se lo lleva el ganso de Juan Grabois, al decir que Macri ayudó a ese supuesto golpe, enviando ayuda logística. El envío es de no creer. Si Ud. viera la cantidad de armamento de última generación, misiles inter-continentales, tres divisiones completas de tanques, quince mil soldados pertrechados y cinco barcos de guerra: dos portaaviones y tres destructores; eso sí, todos con ruedas ya que de otra forma no podrían llegar a Bolivia y pa`empujá, son bastante pesados, vio.

A decir verdad, los zurdos están enojados con Evo Morales, porque entre todos están tratando de JODER a latinoamérica con la supuesta brisa bolivariana y este salame de Morales hizo las cosas mal y quedó al descubierto su descomunal fraude . Esa es la bronca de los mamarrachos coloraditos.


La Misère Porc

domingo, 10 de noviembre de 2019

Después de tan evidente fraude...

Evo Morales renunció a la presidencia de Bolivia y el Pueblo salió a festejar.

La gente sale a las calles de Santa Cruz para celebrar la renuncia del presidente boliviano Evo Morales. / AFP

La gente sale a las calles de Santa Cruz para celebrar la renuncia del presidente boliviano Evo Morales.

N de R La Misère Porc:

Veremos los acontecimientos. Por ahora respetaremos la voluntad del Pueblo Boliviano.

Regresan los ataques a jueces y periodistas

LA NACION


10 de noviembre de 2019 


Regresan los ataques a jueces y periodistas


  Joaquín Morales Solá
                             LA NACION


¿La Justicia acorrala a algunos líderes progresistas de América Latina porque son progresistas o porque son corruptos? ¿Los medios periodísticos son meros instrumentos de esa estrategia y de poderosos intereses que nada tienen que ver con la información y la opinión? Vale la pena detenerse en esas preguntas -y en sus respuestas- porque Alberto Fernández acaba de suscribir ambas teorías; sus afirmaciones en México, en un reportaje que le concedió al expresidente de Ecuador Rafael Correa, fueron contradictorias con muchas de sus promesas de moderación y de respeto al periodismo que había hecho aquí durante la campaña electoral. Tanto para hablar del rol de la Justicia, pero sobre todo del papel de los medios periodísticos, el presidente electo retomó íntegro el discurso que es habitual en Cristina Kirchner. Habitual también en todos los exmandatarios acusados de corrupción, que denuncian conspiraciones inverosímiles en lugar de aportar pruebas de su inocencia.


Extrañamente, el término que usan para describir esa persecución judicial y mediática, lawfare, es un neologismo inglés creado por las Fuerzas Armadas norteamericanas para defenderse de las acusaciones de violaciones de derechos humanos en países en guerra; señalaron que esas denuncias provenían de los vencidos.

Y, de paso, rechazaron con el mismo argumento la jurisdicción del Tribunal Penal Internacional de La Haya. Las versión original del término incluía solo la persecución judicial, pero los latinoamericanos le agregaron la complicidad del periodismo en los supuestos acosos.

Alberto Fernández se refirió solo a los casos de Lula, del propio Correa y de Cristina Kirchner. El presidente electo no tomó en cuenta (¿o sí?) que es un inminente jefe de Estado y que, por lo tanto, no puede ignorar el principio de la división de poderes en su país ni en países extranjeros. De hecho, el Supremo Tribunal Federal de Brasil acaba de demostrar que las instituciones funcionan en ese país cuando ordenó la libertad del expresidente Lula, el enemigo político número uno de Bolsonaro. Las fobias del presidente no le importaron al máximo tribunal de justicia brasileño. Interpretó las leyes como creyó conveniente. La mejor defensa de Lula la tuvo en las instituciones de su país. La mención quizás más grave de Alberto Fernández haya sido a la detención de Milagro Sala, que calificó de ilegal. La prisión de Sala fue convalidada por la Corte Suprema de Justicia argentina. ¿Por qué es ilegal entonces?

Puede entenderse su necesidad política de proclamar que Cristina Kirchner es inocente. ¿Qué otra cosa podría decir de su mentora? Pero eso no significa que ella sea inocente; tampoco es culpable según las instancias actuales de sus muchas causas judiciales. En primera y en segunda instancia, los jueces comprobaron que ella aprobó un sistema que venía de los tiempos de su marido. Esa constatación se dio sobre todo en la causa de los cuadernos, el mejor relato que se ha hecho de un método sistemático de corrupción. Los cuadernos importan ya poco y nada, porque cada una de las anotaciones del chofer Oscar Centeno fue corroborada por la Justicia. Las confirmaron, además, empresarios que se arrepintieron y otros que no se arrepintieron, pero declararon en indagatoria. Y las ratificaron exfuncionarios arrepentidos y otros que no necesitaron la figura del arrepentido.

La causa fue enviada a juicio oral y, cuando este se realice, Cristina Kirchner podrá demostrar que no es culpable. Todavía tendrá dos instancias más de revisión después del juicio oral: la Cámara de Casación Penal y la Corte Suprema de Justicia. Las garantías existen para ella y para cualquier otro argentino. "Las pruebas son inconmovibles aunque el juicio oral lo posterguen hasta el próximo siglo", dijo un funcionario judicial que estudió la causa de los cuadernos.

Es cierto que la prisión preventiva es un recurso que los jueces deben usar con mucha prudencia, porque puede convertirse en una condena antes de la condena. Por eso la ley establece con precisión los casos que pueden respaldar la prisión preventiva. No se trata de la situación de Julio De Vido, que ya está condenado a prisión por la tragedia de Once. Ni de la de Amado Boudou, condenado también por la apropiación de la imprenta Ciccone. De Vido acaba de advertirle a Alberto Fernández que "en un gobierno peronista no debe haber presos peronistas". ¿Aunque hayan robado? La advertencia es lógica en De Vido porque la mayor caja de recaudación deshonesta en tiempos kirchneristas fue el Ministerio de Planificación, que él dirigió desde el primer día de Néstor Kirchner hasta el último de Cristina. "Todo lo demás fue anecdótico", suele decir un magistrado con conocimiento de causa.

El lawfare fue un procedimiento supuestamente aprovechado por el gobierno de Macri. El juez Claudio Bonadio, el magistrado que con más tenacidad persiguió la corrupción en el gobierno de los Kirchner, viene del peronismo y no conoce a ningún alto funcionario macrista. O, más bien, solo conoció hace muchos años al actual secretario de Comunicación Pública, Jorge Grecco, cuando este trabajaba como periodista en el diario Clarín. El fiscal Carlos Stornelli, que investigó la causa de los cuadernos y a De Vido, tiene más amigos entre los peronistas que en cualquier otro lado, aunque no milita en ningún partido. De hecho, el fiscal solía hablar con Alberto Fernández hasta el año pasado. Luego, cuando el presidente electo ya fue candidato, dejó de hacerlo. ¿Habla con Macri? "La última vez fue hace diez años", suele responder. Los kirchneristas denunciaron el forum shopping (que no fue tal, según todas las instancias judiciales) para que la causa de los cuadernos cayera en manos de Bonadio y Stornelli, pero salieron corriendo a Dolores para activar la causa armada por el juez Alejo Ramos Padilla contra Stornelli. Fue tanta la presión que al final Stornelli decidió declarar en indagatoria ante Ramos Padilla, pero luego de que la causa de los cuadernos fuera enviada a juicio oral. Ya no pueden hacer nada para desbaratarla y, además, se comprobó que gran parte de la información de Ramos Padilla no es ni siquiera consistente.

La coherencia no es una virtud kirchnerista. El lawfare es, según parece, aplicable solo a los líderes progresistas. En Perú están presos todos los expresidentes por casos de corrupción vinculados a la empresa Odebrecht (uno, Alan García, se suicidó momentos antes de ser detenido) y en la misma condición está la líder de la oposición, Keiko Fujimori. Todos ellos pertenecen a una escuela política de centro o de centroderecha. Nadie habla de ellos. El lawfare no se aplica en esos casos. En Chile hubo tres mandatos socialistas (uno de Ricardo Lagos y dos de Michelle Bachelet) y no hubo ninguna denuncia de corrupción contra ninguno de los dos. Una denuncia afectó a un hijo de Bachelet por el uso de información privilegiada. Pero no se inculpó a la madre (a la que se consideró víctima del desatino del hijo), a tal punto que hoy es una importante funcionaria de las Naciones Unidas. El progresista Frente Amplio lleva 15 años gobernando Uruguay y nunca hubo ninguna denuncia contra Tabaré Vázquez ni contra José Mujica, los dos presidentes de esa coalición. ¿El lawfare se olvidó de chilenos y uruguayos? ¿O simplemente sus líderes no robaron?

En su conversación con Correa, sobre quien pesan, cabe señalar, dos órdenes de prisión en su país (una por el secuestro de un opositor y otra por corrupción en complicidad con la sempiterna Odebrecht), Alberto Fernández señaló que determinadas empresas -que ni siquiera son las periodísticas- manejan el periodismo y a los periodistas. Precisó que solo necesita leer el nombre de un diario para saber quién lo escribió realmente. Los periodistas son, en fin, pobres escribidores. Pescadores de palabras ajenas. En el periodismo hay buenos y malos, santos y pecadores, como en cualquier actividad humana, pero la generalización ofende a todos los periodistas honestos, que son la mayoría. Es probable que el presidente electo se haya dejado llevar por la verborragia paranoica de su interlocutor o que haya dicho lo que Correa quería escuchar, pero el resultado fue una notable contradicción con sus promesas durante la campaña electoral. Fue justamente en esa definición del periodismo cuando más se pareció a Cristina Kirchner.

Pero es posible también -por qué no- que haya dicho lo que realmente piensa. Si fuera así, los problemas del periodismo (y, desde ya, los de las libertades en la Argentina) solo han comenzado.

Por:
Joaquín Morales Solá

Garantismo


Carta de lectora de Martha Devincenzi en La Nacion de hoy

10/11/2019



Garantismo



Leemos a diario que peligrosos delincuentes son dejados en libertad por los jueces, con argumentos muy cuestionables. Muchos de estos delincuentes reinciden en sus "hazañas" a los pocos días de su liberación, la rueda vuelve a girar y la historia se repite. Hemos leído que hasta una madre que degolló a su hijita será muy probablemente liberada si es declarada inimputable, por estar protegida por la nueva ley de salud mental, que impide la internación de personas con problemas psiquiátricos. Aquí se juntan dos aberraciones. Por un lado, la irresponsabilidad de muchos legisladores que, por ignorancia o ideologismos absurdos, sancionan leyes que benefician a los delincuentes y desprotegen a la población honesta. Por el otro, el fanatismo de muchos jueces "garantistas", de la escuela zaffaroniana.

Creo que ya es hora de que legisladores y jueces empiecen a protegernos a nosotros, los ciudadanos que los elegimos, y busquen soluciones racionales para evitar estos disparates que afectan nuestras vidas y derechos. Muchas veces los delincuentes presos gozan de reducción de penas, prisión domiciliaria y salidas transitorias porque las cárceles no dan abasto. ¿La solución no sería construir cárceles suficientes y adecuadas para alojarlos? ¿Y construir neuropsiquiátricos para aislar y contener a quienes padecen peligrosas enfermedades mentales, y evitar así el asesinato de inocentes?

La incapacidad en jueces y legisladores también mata.

Martha Devincenzi

Hace 40 años...

Infobae


10 de noviembre de 2019



Hace 40 años, Montoneros asesinaba al empresario Francisco Soldati en un brutal atentado, a pocas cuadras del Obelisco


"Ellos jamás pidieron disculpas por el asesinato de mi padre y de tantos civiles”, dice su hijo Santiago. Todos estos años, la familia lo homenajeó en silencio. Pero esta vez quieren al menos llamar la atención sobre el largo tiempo transcurrido -4 décadas- sin siquiera un reconocimiento a su condición de víctima





El atentado contra Francisco Soldati, en pleno centro porteño, el 13 de noviembre de 1979


 Por  Claudia Peiró



Santiago Soldati tenía 36 años cuando su padre, Francisco, fue asesinado por los Montoneros en el trayecto entre su casa y la oficina, en pleno centro de la Capital.


El atentado, de gran espectacularidad y violencia, se dio en el marco de la llamada Contraofensiva Montonera, lanzada por Mario Firmenich y otros jefes guerrilleros desde el exterior, y que consistía en una serie de operaciones militares impactantes llevadas a cabo por miembros de la organización que ingresaron clandestinamente al país desde el exilio.


No era la primera vez que la familia Soldati estaba en la mira de la guerrilla.


"A mí me habían secuestrado en el 73 -recordó Santiago Soldati en charla telefónica con Infobae-, y mi padre tuvo que pagar rescate para que me liberaran una semana después. Eso sucedió el 29 de abril de 1973”. Poco después, también su padre, Francisco Soldati, fue víctima de un secuestro, pero algo falló en el operativo de traslado a un escondite o “cárcel del pueblo” y el empresario fue liberado.





El empresario Santiago Soldati. Su padre, Francisco Soldati, fue asesinado por los Montoneros hace 40 años



Pese a todo, Francisco Soldati, que a los 71 años seguía activo al frente de su empresa, la Sociedad Comercial del Plata, tenía por toda custodia a un policía federal como chofer: era el cabo 1° Ricardo Durán, que también moriría en el atentado, un mes antes del nacimiento de su hijo.



Cómo fue el ataque



Aquella mañana fatídica del 13 de noviembre de 1979, a las 10:40, el Torino que trasladaba a Francisco Soldati fue encerrado primero por un Peugeot 504 y luego embestido por una camioneta pick up Ford. Todo había sido cuidadosamente estudiado y planificado.


En los días inmediatamente anteriores, los comandos montoneros habían fallado en dos atentados destinados a matar a dos funcionarios de Hacienda, Guillermo Walter Klein y Juan Aleman, que salieron ilesos de sendos ataques guerrilleros.


Esta vez, el comando que intervino estaba decidido a no fallar, pese al escenario elegido para el atentado: en pleno centro porteño a pocas cuadras del Obelisco, sobre la calle Cerrito entre Arenales y Santa Fe.




El empresario Francisco Soldati. El 13 de noviembre se
 cumplen 40 años de su asesinato por Montoneros





El empresario Francisco Soldati vivía con su familia en Cerrito 1364, y todos los días era llevado por su chofer a su oficina en la Sociedad Comercial Del Plata. Un trayecto breve, hasta la sede de la empresa, en el Bajo.


De acuerdo al detallado relato del atentado reconstruido por Marcelo Larraquy en el libro Fuimos Soldados. Historia secreta de la Contraofensiva montonera, doce personas en total participaron del operativo guerrillero. Los movimientos y el desplazamiento del empresario habían sido cuidadosamente estudiados para organizar el ataque.


Soldati no era funcionario, pero tenía vínculos empresariales con José Alfredo Martínez de Hoz, por entonces ministro de Economía de la dictadura.






La referencia a la ola de atentados en la edición de la revista Somos




Inmovilizado el vehículo de Francisco Soldati en la calle Cerrito, tres montoneros armados con fusiles AK47 y ametralladoras UZI saltaron de la camioneta y abrieron fuego contra el Torino, dos desde adelante y un tercero desde la puerta trasera derecha, matando al empresario y a su chofer custodio.


Una segunda fase de la operación consistía en colocar una poderosa bomba de retardo debajo del vehículo donde yacían muertos el empresario y su chofer. El objetivo era que explotara 20 minutos después, cuando los atacantes calculaban que efectivos de la policía o funcionarios podrían acercarse al lugar. Pero la integrante del grupo que debía colocar la bomba debajo del Torino trastabilló al descender de la pickup y el artefacto explotó provocando una detonación que lanzó con violencia clavos y otros proyectiles hasta un radio de 50 metros. También, siempre según el relato de Larraquy, esparció volantes que decían: “A Martínez de Hoz y sus personeros los revientan los Montoneros”.


El Torino se incendió y la columna de fuego y humo se elevó a diez metros de altura.

Desde la ventana de una habitación del Hotel Embajador, un hombre contempla
ba el desarrollo del atentado contra Soldati. Era el jefe de toda la operación, Raúl Yager, miembro de la conducción de Montoneros.




El Torino de Soldati y la camioneta Ford, incendiados en el lugar del atentado




“Me habría gustado que hubiera justicia”


Este atentado fue uno de los hechos por los cuales Firmenich fue juzgado durante la gestión de Raúl Alfonsín. Más tarde vinieron los indultos de Carlos Menem que beneficiaron por igual a los jefes guerrilleros y a los militares.


Pero cuando en la era kirchnerista se reabrieron los juicios, los indultos a los montoneros no fueron revisados. “Me da bronca, a uno le toca muy de cerca todo esto -dice Santiago Soldati-. A los militares los metieron presos de nuevo”.


Cuando se le pregunta a Soldati qué siente hoy respecto al asesinato de su padre, dice que le habría gustado “que hubiera justicia”. Su madre había muerto un par de años antes del atentado. “Afortunadamente”, dice, ya que eso le ahorró el dolor de la muerte violenta de su esposo.


Todos los años, los Soldati recuerdan a su padre con una misa, en la intimidad. Con amigos y familiares. Este año será igual. “No queremos publicidad”, afirma.


“A mi padre lo honramos nosotros, pero lo importante es que los montoneros no se hagan los chicos bien, porque mataron a mucha gente”, agrega.




Francisco Soldati. Su familia lo homenajea todos los años en la intimidad



Santiago Soldati también participa de algunas actividades organizadas por el Celtyv (Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus víctimas), en particular, la misa que realizan mensualmente, por los caídos de cada mes.


Nunca miembro alguno de la organización Montoneros les hizo llegar algún tipo de pedido de disculpas a los deudos de Francisco Soldati. “Nunca dijeron nada de todos los civiles que mataron, de todos, no solo de mi padre”, dice Santiago Soldati.


Luego de la reapertura de los juicios contra los militares por las violaciones de los derechos humanos, se profundizó una visión angélica de los crímenes de la guerrilla que en algunos casos llevó a la justificación e incluso a la apología.


Y, desde el Estado, se vetó todo reconocimiento a la condición de víctimas de las personas asesinadas por la guerrilla.


Francisco Soldati está sepultado en San Miguel del Monte, el pueblo al que la familia va todos los fines de semana. Este sábado, Santiago Soldati llevó flores a la tumba de su padre, en un anticipado homenaje personal por el nuevo aniversario del atentado que se cobró su vida, el 13 de noviembre de 1979.

¿Vuelve el terror a Jujuy?




10/11/2019


¿Vuelve el terror a Jujuy?



Pensando en las víctimas de Milagro Sala





La “Tupac Amaru”, en tiempos de kirchnerismo, y bajo la conducción de Milagro Sala, no fue una organización criminal más. Los delitos cometidos por este grupo tuvieron la capacidad de amedrentar a la población, condicionar seriamente a los funcionarios públicos de la Provincia de Jujuy y, de paso, permitir a la líder (y a su familia) un nivel de vida con vista al Dique, que desentona con los pobres que dice defender.

Las instituciones provinciales jujeñas, entonces, se vieron sometidas, como nunca, al poder central. En primer lugar, por el ya característico sojuzgamiento que –billetera mediante- llevó a cabo el kirchnerismo contra todos los gobernadores. Y, en segundo lugar, porque Milagro Sala recibió fondos nacionales para armar una estructura paraestatal que incluyó distintos tipos de bienes y servicios, que normalmente están en manos del estado. De ese modo, áreas como educación, deportes, vivienda, entre otras, quedaron a cargo de un grupo sectario que, en muchos casos, reemplazó al estado provincial, y lo sometió de facto a la Presidencia de la Nación.


Pero Sala no sólo se adueñó del Estado, sino de la voluntad de muchos jujeños. Un caso paradigmático se conoció a partir del asesinato del joven militante radical Jorge Ariel Velásquez. Cristina Kirchner sostuvo en una de sus apariciones forzadas televisivas que Velázquez estaba afiliado al Partido Soberanía Popular, brazo político de la Tupac. Y era cierto, pero como bien lo aclaró luego el radicalismo en un comunicado, el fallecido había sido víctima de un “… método compulsivo y extorsivo que utiliza la agrupación Tupac Amaru para cooptar a jóvenes, exigiéndoles esa afiliación para poder acceder a una escuela pública que maneja la Tupac Amaru con fondos del Estado nacional”.


Esta organización extorsiva y violenta, no dudaba en expulsar a golpes, de las casas que construía (sin que se entregara escritura) a quienes eran asignados a dichas viviendas, cuando los beneficiarios no se adaptaban a los deseos de sus líderes. No dudaba en apoderarse por métodos antidemocráticos de organizaciones sindicales o sociales porque no le respondían. No dudaba, en suma, en aplicar un clientelismo extremo y salvaje, que anulaba todo atisbo de federalismo y república, ante la pasividad de los tres poderes del estado provincial.


El Presidente electo, Alberto Fernández, sostuvo que Milagro Sala “no merece estar detenida”, no obstante las cuatro condenas a prisión que recayeron sobre Sala: una de ellas confirmada por la Corte Suprema de Justicia de la Nación, y otra por la Cámara de Casación de Jujuy. La propuesta de Eugenio Zaffaroni, en línea con Fernández, consiste en la intervención federal del Poder Judicial jujeño, para lograr la libertad de la líder tupaquera. Un despropósito, desde el punto de vista jurídico, ya que la Constitución no justifica ese remedio institucional por el sólo hecho de que al poder central no le guste como se administran las prisiones preventivas.


Nótese, además, que los líderes de la Tupac, en tanto cometieron delitos en forma sistemática contra derechos fundamentales de las personas, deberían ser juzgados como criminales de lesa humanidad. En efecto, al ser la Tupac una organización paraestatal, que manejó fondos del estado y cumplió funciones públicas, se encuentra sujeta a las responsabilidades que establece el Estatuto de Roma, en materia de violación de derechos humanos. Y, en ese contexto, la jurisprudencia ha sido reticente a conceder la libertad a acusados por delitos de lesa humanidad que no tienen sentencia firme. Lamentablemente, el establishment argentino e internacional de DDHH, en el caso de las víctimas de Milagro Sala, mira para otro lado.


Asimismo, y dado que la prisión preventiva tiene como finalidad que quien está sometido al proceso no obstaculice el accionar de la Justicia, sería ilógico conceder la libertad a quien ha demostrado capacidad de anular el accionar, no sólo de los jueces, sino de las instituciones de toda una provincia.

La paz conquistada por la ciudadanía jujeña, sobre la base de decisiones políticas y judiciales, quizá sea la gesta histórica más importante de esa provincia desde el “Éxodo Jujeño”. Como en aquel entonces, los héroes desconocidos fueron aquellos hombres y mujeres, cortos de bienes materiales, pero colmados de dignidad. Son esos héroes, los que debemos proteger todos los argentinos. Son esos héroes, a quienes no debemos fallarles, aquellos ciudadanos jujeños que concurrieron ante un juez, o un fiscal, y sobreponiéndose al temor que les causaba la eventual libertad de Milagro, o la reacción violenta de sus secuaces libres, dijeron: Sala es culpable.

El principal enemigo de Fernández

LA NACION


10 de noviembre de 2019 



El principal enemigo de Fernández


  Jorge Fernández Díaz
                             LA NACION



Perón escribió el libro Apuntes de la historia militar cuando todavía era mayor del Ejército Argentino, y esa pieza arqueológica (confieso con pudor que nunca la he leído) recoge las enseñanzas y teorías de la guerra, y repasa la experiencia napoleónica y también la prusiana, de la mano de mariscales y estrategas eminentes como Moltke y Clausewitz. De esta obra poco citada da cuenta ahora el director de la siempre interesante Agencia Paco Urondo, José Cornejo Pérez, quien sugiere su lectura para entender la lógica profunda del General, puesto que esos ensayos bélicos podrían traducirse a la arena política y a los tiempos de paz: el peronismo no solo surge del Estado, sino de las entrañas mismas del Ejército nacionalista. Este intelectual kirchnerista rescata de todo aquel trabajo un concepto que "resulta muy aplicable -asegura- a la coyuntura que atraviesa la militancia". A continuación, describe cómo el adversario ( Cambiemos) se desmorona en agosto y las "fuerzas del campo popular" recuperan la iniciativa. Pasan de lo que en la jerga castrense se denomina "guerra de posición" (sostener la trinchera y una línea defensiva y estática) a la "guerra de movimientos" (maniobras ofensivas y desplazamiento de tropas y material). Caracteriza los últimos cuatro años de gestión republicana como una avanzada "oligárquica" (sic). La militancia, según Cornejo Pérez, se dio a la tarea de ponerle freno: "Mantuvo como pudo un comedor, un centro cultural, una organización política. Incluso un empleo modesto que le permitía seguir militando. Cavó una línea de trincheras y sostuvo todo lo que pudo". Y aquí viene el núcleo de la acción heroica: "El macrismo chocó con estas trincheras, no pudo llevar adelante el modelo de ajuste al que aspiraba y quedó entrampado en una vorágine de endeudamiento que antes o después iba a explotar. La táctica de la militancia fue muy exitosa".

La Agencia Paco Urondo narra de este modo la agresiva política de obstrucción al gobierno constitucional que llevaron a cabo los "soldados" de Cristina Kirchner, e intenta crear una épica glamurosa y sacrificial a la manera de la mítica "resistencia peronista" de ataño. Su razonamiento no carece, sin embargo, de cierta verdad; tampoco de contradicciones evidentes. Si el gobierno cristinista era tan extraordinario y las cuentas públicas tan positivas, ¿para qué hacían falta ajustes o endeudamientos? Una posible respuesta, para básicos y botarates que ahora les rezan a los zócalos del cable y que se han creído a pie juntillas sus propias manipulaciones, es que los vencedores de 2015 eran seres perversos, y también algo estúpidos. Tomaron un país superavitario y en expansión, y solo para infligirle dolor al pueblo aumentaron un 800% las tarifas. O tal vez fue para mejorarles, como proclamaba el proselitismo kirchnerista, la fortuna a los "amigos del presidente". Ajá. Resulta que el jefe del Estado cava su propia fosa política e histórica, decide perder y ser odiado únicamente para mejorar los balances de las empresas energéticas. ¿No será mucho, compañeros? Luego resulta que solicita crédito externo, cuando en verdad no lo necesitaba, puesto que la Pasionaria del Calafate le había legado una administración brillante y solvente. Se endeudó para nada, compañeros; para que otros amigos ricachones cobraran comisiones o enviaran dólares a tierras seguras. El relato es tan elemental que parece un dibujito animado para niños de seis años: digamos el Coyote y el Correcaminos, o cualquiera de esos otros intentos monstruosos de buenos y malos que nos impone el imperialismo de Disney o de la Warner. La realidad, sintéticamente, suma problemas económicos autoinfligidos por la arquitecta egipcia -de manejo "deplorable", como evaluaba entonces su actual socio y delegado- y el fin del ciclo alcista de las materias primas. La Argentina, por esa combinación interna y externa, se encontraba en caída libre al final del mandato de Cristina. Y sus reemplazantes en el poder, que también cometieron gruesos errores, intentaron luchar contra la ley de gravedad: recortaron de manera gradual para achicar el déficit pavoroso y a la vez tomaron deuda. Los empréstitos les permitieron crear un paracaídas: funcionó relativamente bien hasta que el mercado les cortó de pronto las cuerdas; manotearon entonces un solitario e indeseable parapente (el Fondo), y este planeador ligero -esta hoja en el viento- nos viene amortiguando desde entonces el desplome inevitable en el abismo, aunque en su vuelo también nos viene golpeando contra montañas y edificios. Llegamos así magullados, pero no muertos, como estuvimos en 2001. ¿Pudo Macri haber aplicado una política de shock? ¿Debería haber tomado deuda, pero para volcarla al mercado interno y así reanimar el consumo? Esas y otras preguntas claves, que postulan distintas bibliotecas, son legítimas. Las simplificaciones de la hora son, en cambio, infantiles y se vinculan con la necesidad de demonizar a Cambiemos para justificar que las demandas generadas en campaña no podrán ser satisfechas. Que los "buenos" no podrán retrotraer las tarifas a 2015 ni regresar a la fiesta de la soja a 650. El principal enemigo de Alberto Fernández no son los medios ni los bonistas ni las potencias occidentales, ni siquiera su mentora. El enemigo más insidioso es la desilusión más o menos rápida de votantes a quienes les vendieron insistentemente el retorno a un pasado imposible. Macri debe ser, en ese contexto, algo más que un negligente; debe ser un sociópata, un vampiro y un agente colonialista. La Agencia Paco Urondo resulta, en ese sentido, mucho más sincera: los militantes impidieron que Cambiemos ajustara más; con ello lo obligaron a que se endeudara y volara por los aires. Los paladines de esa "hazaña" lo presentan como lo que en realidad fue: un boicot constante que les dio "buen resultado." Omiten, naturalmente, explicar el desastre que Axel Kicillof les propinó a las verdaderas cuentas de la "revolución nacional y popular". Quien venía a pagar la fiesta pagará ahora también su funeral y será el chivo emisario de todos los padecimientos. Es como en las guerras antiguas: quien gana cuelga a su enemigo en la plaza pública para el escarnio y el entretenimiento del vulgo y de la turba. Cuando no hay pan, tiene que haber culpables. Son las reglas del circo.

Resulta conmovedor comprobar lo colaborativos que se muestran ahora aquellos duros resistentes. Gremialistas, dirigentes o curas que hasta hace cinco minutos reclamaban airadamente aumentos y bonos y fondos de urgencia para atemperar el sufrimiento de la clase trabajadora y que ahora de repente llaman a sus bases a la paciencia. Al galope contra Macri; al trote ligero con Alberto, y cantando la marchita. El cambio de actitud es obsceno y habla mucho de la cultura peronista hegemónica. Pero a quienes aun no compartiendo el sistema de ideas y de valores del cuarto gobierno kirchnerista deseamos honestamente que le vaya bien nos parece realista la austeridad y correcto un manejo prudente de la economía. Le pedimos a Cambiemos que no dilapide las reservas, ni prepare zancadillas ni intifadas. Es decir, que no pague con la misma moneda. Y al nuevo presidente, que no se cristinice para ser el macho alfa. Sabemos que esa contradicción en la cima del poder es un asunto pendiente e inquietante para el Movimiento, que traduce sin saberlo a Clausewitz, como alguna vez hizo Perón: "Donde las cosas están bien ordenadas no debería haber más de un mando supremo".