domingo, 15 de diciembre de 2019

El plan de Cristina para vengarse de Bonadio

Clarín



16/12/2019 - 0:25



País Adolescente
El plan de Cristina para vengarse de Bonadio


Los aliados K de la vicepresidenta intentarán forzar su renuncia o su destitución. Pero el juez no está preocupado.




Cristina Kirchner en el acto de
asunción el 10 de diciembre.
(Federico López Claro - Clarín)




  Fernando Gonzalez



La primera semana del nuevo gobierno ha mostrado en forma cristalina que habrá diferencias entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Quedó claro que el Presidente hubiera preferido un ministro de seguridad con el perfil de Diego Gorgal y no con alguien con el pensamiento de Sabina Frederik, quien terminó finalmente en ese cargo. Como también está claro que la ministra de Justicia, Marcela Losardo, tiene una historia de confianza con Alberto mientras su segundo, Juan Martín Menna, conserva un vínculo parecido en la profundidad pero con Cristina. Es que en el territorio que va de la seguridad a la justicia, incluyendo el barrio peligroso de los servicios de inteligencia, es adonde se va a comprobar cómo funcionan las pautas de convivencia política entre los dos máximos dirigentes del país adolescente.


Sin embargo, hay un personaje sobre el cual las diferencias desaparecen. No hay grieta entre Alberto y Cristina cuando se trata del futuro del juez federal Claudio Bonadio. Entre las venganzas que planifica la vicepresidenta, el mayor objetivo es ponerle fin a la carrera judicial del magistrado que la investigó en una decena de causas por presunta corrupción, que la procesó en siete de ellas y que ha llegado a citarla para que declare en ocho casos el mismo día. Una requisitoria múltiple a la que Cristina respondió a través de la misma cantidad de respuestas escritas

Cristina, y varios de los principales dirigentes del kirchnerismo, trabajan ya para conseguir que el juez Bonadio acelere su renuncia en un futuro cercano. Le harán llegar el mensaje de todas las maneras posibles. Y si ese desenlace no se produce por voluntad propia del apuntado, la alternativa que manejan es avanzar para lograr su suspensión y luego poder destituirlo. Por eso es que el flamante ministro del Interior, Eduardo “Wado” De Pedro, ha impulsado la designación de su primo y hermano de crianza, el abogado de Mercedes Gerónimo Ustarroz, como integrante del decisivo Consejo de la Magistratura.

Allí es donde se jugará la suerte del juez federal que siempre admitió su empatía con el peronismo y que fue subsecretario de Interior en el gobierno de Carlos Menem junto al recordado Carlos Corach, un ministro que ganó trascendencia por su muñeca política y porque anotaba nombres de jueces en las servilletas de los más distinguidos cafés porteños. Cosas de la Argentina: el cargo que Corach ejercía con mano maestra en la década maldita de los noventa es el que ahora está comenzando a experimentar De Pedro.

Claro que no será fácil empujarlo a Bonadio de la Justicia. El juez tiene la piel curtida y ha enfrentado muchas circunstancias adversas desde que se hizo cargo del Juzgado Federal N° 11 en 1994. El kirchnerismo, que dispone de un equipo para editar favorablemente los archivos digitales de Wikipedia, registró allí nada menos que 51 denuncias penales en su contra y 75 denuncias en el Consejo de la Magistratura. Tiene muchos amigos y también muchos enemigos en Comodoro Py pero todos le reconocen un temple que lo hizo atravesar momentos complicados. Es recordado especialmente el asalto que sufrió junto a un amigo en Vicente López el 30 de setiembre de 2001. Experto tirador, Bonadio logró sacar su pistola Glock para defenderse y matar a los dos delincuentes que los atacaron en pleno mediodía y que habían herido a su acompañante. El juez nunca quedó convencido de que fuera un delito común.

El kirchnerismo intentará activar una denuncia contra Bonadio por supuestos abusos en la instrucción de las causas contra Cristina. Es la misma que intentaron desestimar los consejeros de Cambiemos a mediados de noviembre pero cuyo tratamiento, finalmente, fue suspendido. La resolución sobre el futuro del juez dependerá de un Consejo que ahora tendrá mayoría del Frente de Todos. Y la idea fija que tiene Cristina es avanzar contra el magistrado que más la complicó. Como en tantos otros aspectos, el éxito o el fracaso de la ofensiva dependerá de la posición que asuma Alberto Fernández. Si es por el tono de los discursos que el Presidente y la vicepresidenta exhibieron en el Congreso y en Plaza de Mayo vaticinando cambios fuertes en la Justicia, Bonadio tendrá que batallar muy duro para asegurar su supervivencia judicial.

Quienes frecuentan a Bonadio dicen que el juez está muy tranquilo sobre su futuro. Les ha dejado saber que no piensa facilitarle las cosas al nuevo Gobierno y que jamás le pasó por la cabeza la idea de renunciar. Ha terminado prácticamente todos los procesos de instrucción en las causas contra Cristina y las definiciones judiciales sobre la vicepresidenta quedan en manos de los tribunales orales. La tensión entre el poder político y los jueces va camino a estallar en toda su dimensión apenas termine la feria judicial.

Algo de eso se vio el 2 de diciembre, cuando la vicepresidenta declaró ante los jueces del Tribunal Oral Federal 2, Jorge Gorini, Andrés Basso y Rodrigo Giménez Uriburu. Allí fue donde Cristina hizo una declaración marcada por la furia y declaró que sólo la absolvería la historia. Pero los videos nunca registraron lo que sucedía con quienes seguían la audiencia adentro del tribunal. Algunos de los manifestantes que acompañaron al grupo de dirigentes kirchneristas hostigaron todo el tiempo a los jueces y les hacían señas con los dedos cruzando sus gargantas. El mensaje se entendía fácil.

El clima de confrontación creciente es el que ha llevado a la Justicia a dar señales de resistencia. La ratificación de Martín Irurzun al frente de la Cámara Federal Porteña es apenas un símbolo de lo que vendrá. Es quien les dio sustento jurídico a las prisiones preventivas contra los ex funcionarios y empresarios del kirchnerismo que ahora empiezan a recuperar su libertad en tropel. Son muchos los jueces, fiscales y secretarios de juzgados que están dispuestos a defender a Bonadio ante una ofensiva que se considera inminente. Aún aquellos que no le guardan simpatía y admiten que la decadencia de Comodoro Py necesita una renovación urgente.

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