lunes, 19 de agosto de 2013

Un gobierno con pocos recursos para volver a atraer






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Cuando la economía no anda bien, la ciudadanía se queja de la corrupción, que suele aparecer al tope de las demandas. Cuando las cosas mejoran, la gente se olvida de ella. Eso dijo el prestigioso Rudiger Dornbusch a principios de 1997, en una entrevista con LA NACION. Su idea era que la Argentina tendría una enorme entrada de capitales una vez superado el efecto Tequila, que el país retornaría al fuerte crecimiento y que eso calmaría las demandas sociales por la falta de transparencia en el gobierno, que ya jaqueaba al menemismo.

Esa "regla" se cumplió en todo caso en 2011, cuando las denuncias por corrupción existían y la actividad económica era muy intensa. La presidenta Cristina Kirchner ganó con el 54% de los votos. Dornbusch no lo vio porque falleció en 2002.

Pero en todo caso se le podría haber dicho que no se cumplió lo que dijo a este enviado especial en Davos hace más de 16 años. En 1997, el menemismo perdió las elecciones y comenzó el ascenso de lo que sería la Alianza. En todo caso, la regla de Dornbusch tiene excepciones.

El índice general de expectativas económicas (IGEE) muestra que hoy se está lejos del optimismo de octubre de 2011, pero también del pesimismo de 2009. Y sin embargo el oficialismo sufrió una derrota aun peor que cuatro años atrás. Pareciera que hay dimensiones políticas que importan.

Si ahora hay un crecimiento económico es, en parte, porque se compara contra un año malo, como 2012, que tuvo una fuerte caída de la cosecha gruesa (la más importante) por sequía. Menos granos para cosechar, transportar, moler y exportar es mucha menos actividad en muchos sectores conexos. En 2013 hay una vuelta a algo más parecido a la normalidad, no un milagro, como una lectura poco inteligente de las estadísticas podría sugerir.

Como en 1997, el crecimiento es muy desparejo por sectores. Hay en muchos de ellos problemas de sobrecostos locales en dólares y dificultades con el empleo. "No hay una caída neta enorme, pero sí bajan las horas extras y mucha gente sabe que no hay ofertas de puestos, que si se pierde el que se tiene es muy difícil conseguir otro", dice un consultor, que subraya que, a diferencia de hace dos años, hoy no hay rotación. "Es el paso previo a una caída de los puestos si la tendencia no cambia", dice.

¿Puede hacer algo el Gobierno para cambiar la tendencia para octubre? Si el problema es que perdió apoyo de la clase media, debería hacer concesiones a esas capas. Modificar las escalas del monotributo y aliviar la presión del impuesto a las ganancias parecen medidas obvias. Pero tienen costos fiscales importantes en momentos en que el rojo tiñe las cuentas públicas. Extender Ganancias a las operaciones financieras y ganancias de capital con bonos y acciones requiere una reforma legal. Parece difícil lograr fondos rápidamente para compensar la pérdida.

"No entiendo por qué el Gobierno no acude a fuentes más sencillas, como aumentar el precio de los cigarrillos", dice un especialista. La cuenta es sencilla. De cada peso que se paga por un atado 70 centavos van a las arcas públicas. La Argentina, que dice querer desalentar el consumo, tiene los cigarrillos más baratos de la región y de todo Occidente. Unos 2 dólares al tipo de cambio oficial para los atados de 20 de las marcas más caras. 

Los que hacen números del fisco creen que se podrían lograr $ 1600 millones anuales adicionales con muy poco esfuerzo. Y advierten que en muchos casos los consumidores ya están pagando más, porque hay quiosqueros que agregan un sobreprecio aduciendo que con los valores atrasados les queda poco margen.

Los recursos alimentan el Fondo Nacional del Tabaco, con el que Cristina Kirchner hasta financió obras en un gasoducto que inauguró hace pocos días, vulnerando la veda de actos proselitistas. Como muchas veces en el kirchnerismo, el gasoducto no está aún concluido y en condiciones de operar.

Los analistas descuentan que en otras áreas que también han alejado a los sectores medios y altos del Gobierno hay poco por hacer. Es imposible levantar el cepo cambiario y las restricciones a las importaciones. El Banco Central sufre la pérdida de reservas y crecen las necesidades por pagos de la deuda.

Si el divorcio del oficialismo con muchos de los votantes que atrajo en 2011 es sólo por cuestiones económicas, el Gobierno tiene escaso margen para maniobrar, porque tampoco podrá hacer en dos meses lo que no hizo en seis años para moderar la inflación. 

Pero si es por razones políticas, tendrán razón quienes creen que Cristina ya no puede hacer nada para volver a atraer.

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