Sábado 02 de noviembre de 2013 | Publicado en edición
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Por Carlos M. Reymundo Roberts | LA NACION
El mejor atributo profesional de Buonomo, jefe del equipo médico de la Presidenta, es su olfato
político. El martes a la tarde le hizo saber a la señora que al día siguiente
podría, por fin, volver a leer los diarios. Claro. Para ella no hay mejor
bálsamo que encontrarse con la noticia, a todo ancho de página, de que la
maldita Corte, la Corte enemiga, la Corte de las corporaciones, la Corte a la
que Hebe quería prender fuego, nos sacó del horno con su fallo sobre la ley de
medios. Mirá vos: al final no era una Corte tan mala.
Hay que entenderla. La historia, tan generosa con ella, tiempo atrás había dado un brusco giro y el derrotero de fama y honores, de poder y dinero, de gloria y multitudes, parecía llevarla ahora, inexorablemente, a un final ominoso. Crujían la economía y la inseguridad; crujía el pueblo en masivas protestas callejeras; crujía la tranquilidad con esa locura de los cardenales de hacer papa a Bergoglio; quedaba reducida a cenizas su democratización de la Justicia; le chocaban los trenes, se le hundían los barcos y le embargaban la Fragata; se peleaba con los vecinos y con el mundo; Irán se le reía en la cara; las encuestas la hacían llorar. Con su cultura televisiva setentosa decía que el gabinete era Titanes en el ring ; controlar los precios, Misión imposible , y el equipo económico, Los locos Addams . Y Lanata, el horror de Lanata, el horror de millones de argentinos que elegían a Lanata en lugar del Fútbol para Todos.
Nuestro universo, en fin, se derrumbaba, y además llegaron las PASO y, ya en campaña para octubre, su operación y largo reposo. Coronado por otro mazazo de Massa. Una conjura de los cielos. Hasta que entró Florencia con esa bandeja, ese diario y ese título. La señora se asomó a la resurrección. Sintió que los dioses vencían a los demonios. Recuperó súbitamente la fe. Y rezó. Musitó una oración laica, ligera variación de la que acuñó tiempo atrás. "Ya no vamos por todo, pero no se vayan todos; vale la pena estar para ver caer a Clarín; entre el infierno y el paraíso hay un fallo de distancia; lo imagino a Él, en el más allá, festejando; y yo, aquí postrada, pido perdón a la Corte con el corazón contrito, elevo mis plegarias por el bienestar de los cuatro jueces que nos apoyaron y prometo firmemente no caer en la tentación de impulsar otra reforma judicial".
Florencia, única testigo de ese momento sublime, al ver a su madre así, en trance místico, no sabía si seguir adelante con el plan que se había trazado de contarle todo -antes de que lo leyera en los diarios- respecto de las elecciones y de lo que se le venía encima. Total, ninguna bala iba a poder atravesar el poderoso escudo protector de lo de la ley de medios. Pero dudó. ¿Correspondía traer al fango de la realidad a un alma en estado de gracia? ¿Era justo sumergir a ese espíritu contemplativo en un mundo miserable de votos que se van y traidores que huyen? Cineasta al fin, decidió contarle una historia fantástica en la que hechos reales fueran revestidos y transfigurados por la ficción. Digamos, un buen relato.
La noche del domingo, Boudou presentó muy bien nuestro triunfo electoral -empezó Flor-. Hiciste bárbaro, mamá, en elegirlo para ese momento. Es el mejor representante de nuestros valores. Es Amado, quiero decir, se llama así, pero además es amado por todos, por nosotros, por la gente, por los financistas, por vendedores de ropa y de motos. Es la sonrisa de la revolución. En fin, nada, lo hizo perfecto. Lo mismo Daniel, que estaba feliz, siempre en un estilo más sobrio. Divino Insaurralde, súper sencillo, y además suspendió el viaje con Jesica a Miami, tipo que le parecía que no había mucho para festejar y menos en Miami, me entendés. La tiene clarísima. Y Coqui Capitanich, genio. Como dedicándole el triunfo a Daniel. Se intuía que había muchos pases de factura, recriminaciones, pero con onda, entendés. Nada. Todo re bien.
Boudou ni lo mencionó a Massa. Tipo que lo ignoró. Ignoró a todos los que ganaron. Pobre, te quiere imitar. Nada. Se hizo como vos querías. Clima de fiesta, todos sonrientes, tomaron lista, separaron a los que tenían ganas de boxearse, un par de horas antes repartieron el libreto a los que iban a hablar, a Boudou le dictaron hasta las comas, Máximo ordenó que hubiese cero espontaneidad y Zannini apretó a los que había que apretar. Re profesional todo, entendés. Súper bien.
Pobre Flor, su madre no había oído una sola palabra. Estaba leyendo Clarín. Después de años volvió a leerlo con gusto, relamiéndose de venganza. Llegó incluso hasta el clásico "Clarín porteño", la última sección del diario, en la contratapa, que todos los días termina con "lo importante", una máxima de vida. Y reparó en que ese miércoles la máxima era: "Sostenernos en la fe".
Es un buen consejo, dijo.

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