Ya no quedan dudas de que la presidente retornará el lunes a sus
funciones, ya sea en forma paulatina, como dice Florencio Randazzo, o
plenamente, como asegura Juan Manuel Abal Medina. La vuelta tiene
detalles significativos, como la inminente contratación, licitación a
medida de por medio, de un equipo de comunicación que la siga las 24
horas, los 365 días del año, sin importar en qué lugar del mundo se
encuentre. La empresa Prensa Satelital S.A., uno de cuyos dueños es
Pablo Monzoncillo, se encarga desde hace varios años de las
transmisiones y teleconferencias que hace Cristina, y cotizó el trabajo
en 52.258.000 de pesos.
Se trata de una señal más de que el espíritu hiperpresidencialista del elenco de Olivos está en pie. Hay distintas versiones acerca de si Cristina está verdaderamente enterada de la multiplicidad de conflictos que la esperan. Pero tan desinformada no ha de estar, ya que se están produciendo hechos en los que se ve su mano. Como ejemplo está la espectacular toma de rehenes de anteayer por parte dos delincuentes fugados sospechosamente y que fuera televisada completa por C5N, el canal de Cristóbal López. O sea, una operación con ADN cristinista en el municipio de Malvinas Argentinas, que está gobernado por el opositor peronista Jesús Cariglino, una zona lindante con el municipio de Tigre, la capital del Frente Renovador. Y los asesinos que tomaron rehenes denunciaron como responsables de la fuga a Daniel Scioli y al ministro de justicia Ricardo Casal.
En fin, una operación a dos bandas, es decir, a la vez contra Scioli y contra Massa-Cariglino. Un armado tan complejo sólo pudo tener origen en la Casa Rosada. A tal punto que el Secretario de Seguridad Sergio Berni afirmó que esta toma de rehenes tuvo un claro contenido político y distintas fuentes ven detrás de la misma a Carlos Zannini, que según Nelson Castro almuerza y cena todos los días con la presidente para informarle lo que pasa en el país.
Para el cristinismo, estamos frente a problemas más bien provinciales y la responsabilidad del Estado nacional sería relativa. Otra señal de desprecio por la realidad es que la presidente del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, relativizó el drenaje de reservas y dijo que el gobierno espera entrada de dólares de largo plazo y no de corto, como si hubiera una larga cola para invertir en la Argentina. Así se minimiza el más grave de los problemas económicos que tiene el país: la fuga alarmante de divisas, que ya está en un numero que puede considerarse crítico.
Por último, Héctor Recalde se ocupó de darle un toque inconfundible al retorno al poder de CFK. Dijo: “Si Cristina quiere ser reelecta y el pueblo lo decide, me parece formidable. Pero no hay ninguna manera de modificar la Constitución si no hay un acuerdo político”. O sea, una alusión a un pacto con la UCR y la centroizquierda que parece improbable pero de ningún modo imposible.
La oportuna declaración de Recalde es una advertencia para todos los que dan por sentado que la presidente está resignada simplemente a administrar una difícil transición.
Se trata de una señal más de que el espíritu hiperpresidencialista del elenco de Olivos está en pie. Hay distintas versiones acerca de si Cristina está verdaderamente enterada de la multiplicidad de conflictos que la esperan. Pero tan desinformada no ha de estar, ya que se están produciendo hechos en los que se ve su mano. Como ejemplo está la espectacular toma de rehenes de anteayer por parte dos delincuentes fugados sospechosamente y que fuera televisada completa por C5N, el canal de Cristóbal López. O sea, una operación con ADN cristinista en el municipio de Malvinas Argentinas, que está gobernado por el opositor peronista Jesús Cariglino, una zona lindante con el municipio de Tigre, la capital del Frente Renovador. Y los asesinos que tomaron rehenes denunciaron como responsables de la fuga a Daniel Scioli y al ministro de justicia Ricardo Casal.
En fin, una operación a dos bandas, es decir, a la vez contra Scioli y contra Massa-Cariglino. Un armado tan complejo sólo pudo tener origen en la Casa Rosada. A tal punto que el Secretario de Seguridad Sergio Berni afirmó que esta toma de rehenes tuvo un claro contenido político y distintas fuentes ven detrás de la misma a Carlos Zannini, que según Nelson Castro almuerza y cena todos los días con la presidente para informarle lo que pasa en el país.
Las otras señales
Otro hecho de naturaleza confontativa fue desempolvar el tratamiento legislativo del proyecto de Código Civil y Comercial redactado por los jueces Ricardo Lorenzetti y Highton de Nolasco, luego parcialmente modificado por el Ejecutivo. Si bien para los retoques se tomaron en cuenta algunos de los pedidos del papa Francisco, la Iglesia quedó completamente insatisfecha con muchos de los artículos. La crítica de la oposición fue unánime por avanzar sobre la propiedad privada, eludir la responsabilidad civil del Estado y contradecir la Constitución Nacional. También cabe agregar que el gobierno desde hace dos días empezó a contestarle a la denuncia de la Conferencia Episcopal sobre la gravedad de la penetración del narcotráfico en el país.
Para el cristinismo, estamos frente a problemas más bien provinciales y la responsabilidad del Estado nacional sería relativa. Otra señal de desprecio por la realidad es que la presidente del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, relativizó el drenaje de reservas y dijo que el gobierno espera entrada de dólares de largo plazo y no de corto, como si hubiera una larga cola para invertir en la Argentina. Así se minimiza el más grave de los problemas económicos que tiene el país: la fuga alarmante de divisas, que ya está en un numero que puede considerarse crítico.
Por último, Héctor Recalde se ocupó de darle un toque inconfundible al retorno al poder de CFK. Dijo: “Si Cristina quiere ser reelecta y el pueblo lo decide, me parece formidable. Pero no hay ninguna manera de modificar la Constitución si no hay un acuerdo político”. O sea, una alusión a un pacto con la UCR y la centroizquierda que parece improbable pero de ningún modo imposible.
La oportuna declaración de Recalde es una advertencia para todos los que dan por sentado que la presidente está resignada simplemente a administrar una difícil transición.


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