lunes, 19 de agosto de 2019

Cuando el bolsillo revivió a los corruptos de ayer




19/08/2019



Argentina: tierra de inflación y venganza






Cuando el bolsillo revivió a los corruptos de ayer



En la Argentina, la opinión pública y los medios de comunicación pueden cambiar radicalmente la forma en que tratan los temas y sus protagonistas de forma abrupta. Girar 180 grados en un instante. En el mundo, nadie nos entiende.

¿Cómo se explica que la sociedad argentina eligió a un candidato a Presidente elegido por una ex Presidenta que el 70% del país rechazaba hasta hace un año y que había perdido la elección del 2017 en la provincia en la que es más popular? ¿Quién puede entender que un político que vinculó la muerte de Alberto Nisman con su ex jefa política y habló pestes de su gestión sea su salvador?

¿Acaso alguien podría interpretar un país en el que el líder político -Sergio Massa- que aseguró que enterraría definitivamente a Cristina Kirchner le otorgó los votos necesarios para llevarla al poder nuevamente? Podríamos continuar indefinidamente y recordar los escraches públicos de Hebe de Bonafini, los costosos 678 y Tiempo Argentino o Página 12 a Alberto Fernández. Mencionar el día en que lo levantaron del aire en el canal de Cristóbal López con el periodista que luego sería censurado de esa señal. O a un Sergio Massa que decía, en el 2015, que echaría del Estado a los ñoquis de La Cámpora.

Pero dicen que vuelven mejores y buenos. Que Cristina cambió. El nuevo relato de la “unión de los argentinos” (una especie de Pacto de Impunidad y Olvido para Todes) se contradice con la sangre y venganza que reclaman los fanáticos de Ella. En las redes, fogoneados por pseudo periodistas que se abrazaban a los chorros de antaño en busca de jugosos contratos y el simbólico elogio público de la Señora, profundizan los pasos a seguir: Quitarle la comida de los almuerzos a Mirtha Legrand, entrar de lleno en Clarín y derrocar al “periodismo de guerra”, arrodillar a los periodistas de investigación y meterlos presos con la excusa de la doctrina Ramos Padilla, masacrar a los arrepentidos, escrachar al votante de “Macri Gato”y devolverle aire, guita y prestigio a 678 y demás inventos propagandísticos de los tiempos en que Massa era jefe de gabinete de Cristina. Porque, en el fondo y en la superficie, todos unidos triunfarán: Unidos jamás serán vencidos.

El peronismo es el partido del poder en la Argentina. Pueden ser los más liberales de Sudamérica -años 90-, privatistas o estatistas, cercanos al Imperio Yanqui o a Irán/Rusia y Angola. Lo que los une es el poder, los negocios y un discurso a favor de los más humildes que son su principal base de apoyo. El pueblo subsiste en sus gobiernos, tiene alegrías simbólicas y reivindicaciones discursivas pero nacerá, tendrá hijos, nietos y encontrará la muerte en la pobreza. Sin agua, cloacas, cemento -el que no se come- ni una calle digna. Esclavizado del puntero, el matón del barrio o el transa.

Durante su gestión, Macri no usó a los pobres pero no los pudo ni supo liberarlos de los que lucran con la pobreza. Fue “neoliberal” pero aumentó los planes sociales.¿No es contradictorio?

El resultado electoral de las PASO del 11 de agosto del 2019 modificó todo. Somos resultadistas. Sacamos conclusiones con el diario del lunes. De repente, Alberto Fernández no hizo mala campaña y Marcos Peña no es el genio de los spots publicitarios y redes sociales. Mágicamente, Alberto Fernández es “Alberto” y Mauricio siempre fue Macri a secas. El gobierno pecó de ingenuo. Como le pasó desde el minuto uno. Es como querer ganarle al truco al que te esconde las cartas. No dio la batalla cultural. Pecó de soberbio pareciéndose a los “jóvenes” de La Cámpora. Emprendió valiosas peleas pero tiró la toalla antes de tiempo. Vale recordar qué pasó con la reforma electoral, la distribución de recursos con las provincias, la denuncia contra funcionarios corruptos de anteriores gestiones, la reforma judicial, la disputa de poder con los gremios docentes, los cambios educativos, la instalación de un discurso de los derechos humanos del siglo XXI, la guerra contra los narcos, la distribución de la pauta publicitaria en los medios de comunicación, la ficha limpia a los políticos, etc. Comenzó y realizó grandes cambios pero durmió la siesta en otros.

La fiscalización de las PASO 2019 fue un bochorno. Quedó en el piso mientras el peronismo se seguía unificando. El Papa Francisco tejió en silencio mientras sus supuestos amigos de Cambiemos estaban en otra cosa. Colocó en stand by la carrera de la dirigente política más importante de los últimos tiempos: María Eugenia Vidal.
Mientras tanto, la inflación lo devoró todo. La recesión, los golpes de mercado -disfrazados de devaluaciones-, las corridas y el aumento de los índices de pobreza y desempleo, hicieron lo propio. Aumentó la desmemoria. Los chorros de antaño ya no eran tan malos. La Plata no alcanzaba y el bolsillo enterró a la República.

El nuevo discurso hegemónico busca venganza contra los periodistas que investigamos a los corruptos. Con nuestras notas, muchos fiscales y jueces comenzaron a investigar judicialmente. Estos años hubo más detenidos por corrupción, lavado de dinero, asociación ilícita y delitos varios vinculados con la malversación de fondos públicos que nunca en la historia argentina. Los policías corruptos fueron separados y encarcelados. Otro aire se respiraba en la Argentina. La absolución de César Milani fue una señal. La increíble operación “D´Alessio” marcó un cambio de época. La Patria Contratista, señalada por coimera y arrodillada ante la justicia federal, no se quedaría de brazos cruzados. En la Argentina, un Presidente que rompe con las corporaciones -incluidas las que manejó su propio padre- no es visto como un hombre justo sino como un “vigilante”. La inflación hizo todo lo demás.

Excepto que el argentino medio recuerde las razones por las que se amargaba y se ofuscaba en los tiempos de Cristina, el kirchnerismo o neokirchnerismo volverá a gobernar el país. Esta vez, con un poder inigualable: el de la Venganza. Irán por todo y por todos.


N de R La Misère Porc:
Analíticamente, cruda y EXCELENTE nota. Verosímil desde la primer letra a la última.

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