martes, 5 de noviembre de 2013

Cristina: adelantar la navidad no genera felicidad







05/11/13 



"Quisimos decretar la llegada de la Navidad porque queremos la felicidad para todo el pueblo, la paz", dijo el fin de semana el presidente chavista de Venezuela, Nicolás Maduro, pensando que el ánimo de la población puede cambiar mediante un simple trámite burocrático.

El razonamiento, que raya en la locura, es muy similar al que existe en el gobierno kirchnerista que, no por casualidad, es uno uno de los principales aliados que tiene el régimen chavista en el continente. En ese contexto, los K están preparando el regreso de la Presidenta, que se concretaría la semana próxima que como si ese acto por sí solo permitiera recuperar la popularidad de una gestión que se viene cayendo a picada. Y que fue duramente castigada en las elecciones legislativas. 

La realidad no se puede modificar por decreto, por lo cual cuando CFK vuelva a sentarse en el sillón de Rivadavia se encontrara con un país cargado de dificultades generadas por sus propios errores, que se vienen profundizando en las últimas semanas. Asimismo, por más que se esfuercen por hacer creer lo contrario, la conducción política de CFK se ha visto severamente disminuida por los resultados electorales. 

Cambios superficiales

El regreso de Cristina a la presidenta seguramente estará acompañado por algún cambio cosmético en el circulo de aplaudidores que la rodea. Se habla de la posibilidad de que desembarque en la jefatura del Gabinete, en reemplazo del poco eficiente Juan Manuel Abal Medina, el gobernador de entre Ríos, Sergio Urribarri. 
Difícilmente, el ingreso de Urribarri signifique una nueva impronta, siendo un gobernador que ha hecho de su obsecuencia con los Kirchner su principal forma de hacer política.

Una verdadera transformación implicaría hacer cambios profundos en la política económica, eliminando las restricciones a las exportaciones que están ahogando a los sectores productivos del campo que, hoy por hoy, son los únicos generadores de divisas para la Argentina. Esa medida debería complementarse con un alivio de la mochila fiscal que cae sobre los hombros de los pequeños y medianos ruralistas que, por la falta de rentabilidad, y ante la imposibilidad de sobrevivir económicamente, es­tán abandonando producciones estratégicas como son los tambos, el trigo y la carne. 

Otro cambio de fondo, que difícilmente instrumentará la administración K, pasa por sincerar las variables de la economía. Eliminar progresivamente el cepo cambiario para que el dólar adquiera su valor real y, en función de ello, ir acomodando los distintos sectores de la economía. Medidas como el cepo solo constituyen un encorsetamiento que, como si fuese un olla a presión, más temprano que tarde terminará explotando, con graves consecuencias para la gente. En ese sentido, lo más lógico sería establecer una salida ordenada de este perverso esquema.

Asimismo, dejar de falsificar las estadísticas del INDEC, no solamente posibilitaría blanquear la inflación que rozaría el 30% (toda enfermedad, requiere un diagnóstico certero para ser combatida), sino que también dejaríamos de hacer millonarias erogaciones en dólares en concepto de vencimientos de deuda que están atados a la evolución del PBI. Este indicador, como se sabe,  viene siendo inflado por el gobierno para intentar mostrar un crecimiento económico que no es tal. 

Se estima que la  mencionada manipulación le costará al país unos 4000 millones de dólares en 2014 (que alcanzaría de sobra para satisfacer las demandas del mercado de divisas), dinero que irá a parar a las arcas de acreedores privados cuya identidad el gobierno K no quiere dar a conocer. El secretismo tendría su razón de ser en que muchos de ellos estarían vinculados a la plana mayor del gobierno K.

Este modelo económico de saqueo no cierra sin la corrupción estructural que predomina en la Argentina. Existe una sensación generalizada que todo aquel que, eventualmente, ejerce un puesto político de importancia es impune y por mas que viole la ley, nunca será verdaderamente castigado por una Justicia que muchas veces es digitada desde la Casa Rosada. Por eso el kirchnerismo se anima seguir esquilmando las arcas del Estado. 

La situación de Scioli

Este complejo escenario político y económico, pone al gobernador Scioli en una encrucijada, que significa romper o no romper con la Casa Rosada. La única forma que tiene el mandatario provincial (que durante años fue maltratado y menospreciado por el kirchnerismo) de ser una figura presidenciable, es diferenciarse de todo lo que huela a K y adquirir autonomía económica. ¿Cómo se consigue? Pateando el tablero, cortando los lazos de dependencia que hacen que el Estado bonaerense esté sometido al yugo de la caja de la Nación y a la discrecionalidad en el envío de fondos.
Por ejemplo, si Scioli decidiera estatizar el juego, especialmente las máquinas tragamonedas de los bingos, podría hacerse de una caja de por lo menos $10 mil millones de pesos anuales. 

Otra alternativa es romper el pacto fiscal de 1992, que en su momento se estableció con el objetivo de la Provincia cediera a la Nación el 15% de fondos coparticipables para financiar el sistema de Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP).  Como se sabe, las AFJP fueron estatizadas en 2008, y el objetivo de las transferencia de esos fondos, que era paliar el déficit de las cajas previsionales provinciales (la Provincia jamás transfirió el IPS bonaerense, que actualmente tiene superávit), perdió su razón de ser. Salir de este pacto, le permitiría a la administración de Scioli recuperar alrededor de $15 mil millones.

Finalmente, la otra alternativa es exigir que se cumpla con la ley original que estableció el Fondo del Conurbano, mediante el cual el gobierno nacional debería depositar el 10% de la recaudación del Impuesto a las Ganancias. Ese fondo tiene un tope de $650 millones, que nunca se actualizó, cuando a Buenos Aires le correspondería más de $12 mil millones.

Estamos hablando de tres mecanismos que, en su conjunto, implicarían ingresos por más de $37 mil millones. Esta masa de recursos serviría para empezar a cambiar la historia en la Provincia. Sólo se requiere decisión política.

¿Massa, el verdadero ganador?

Pasaron algunos días de las elecciones legislativas, y ya pocos se acuerdan que el ganador de la contienda, en la principal provincia del país, fue Sergio Massa. No es casualidad: el intendente de Tigre es un claro representante de lo efímero, un mero canal del que se valió la ciudadanía para expresar, con su voto, la bronca que siente contra el gobierno K.

Ahora bien, Massa no puede ser considerado como una verdadera opción de cambio cuando fue parte sustancial del armado kirchnerista, que llevó al país a esta situación. De hecho, ninguna de sus propuestas apunta a introducir modificaciones de fondo en los problemas estructurales como son la inseguridad, la inflación y la falta de empleo. Sus propuestas, carentes de rigurosidad técnica, son meros parches.

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