07/12/2013|
22:03
por JORGE HÉCTOR SANTOS
Argentina: “¿Qué han hecho de mí?”
Las horas que se viven carecen de antecedentes. Todo
parece una mera crisis más. No; hay que aceptar la crudeza de la
realidad en el país donde la mentira se ha convertido en hijo pródigo
del amor por el poder y de la corrupción. Se afrontan complicaciones
desconocidas que necesitan de terapias que solo pueden ser administradas
por especialistas. Curanderos sobran. La disolución social merodea.
27/03/2012: La presidenta Cristina Fernandez de Kirchner, y el
vicepresidente Amado Boudou, presentando el anteproyecto de ley para
reformar el Codigo Civil y unificarlo con el Comercial, en el Museo del
Bicentenario de Casa de Gobierno. (FOTO NA: MARCELO CAPECE)
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Especial para Urgente24). Así como el recién nacido al salir del vientre materno llora buscando amparo al ingresar a un mundo desconocido.
Así como la madre y/o el padre acompañan a su pequeño hijo el
primer día de su ingreso a la escuela para ayudarlo a vencer la
resistencia a deambular por pasillos de la vida jamás recorridos.
Así como el enfermo extremo recurre a un ser supremo cuando peligra
su continuidad en una película a la que estaba acostumbrado a
desenvolverse, aún con grandes padecimientos.
Así, y con tantísimos ejemplos más, el hombre permanentemente
recorre su destino venciendo miedos. Miedos que le provoca todo aquello
de lo cual no tiene experiencia previa. El derrotero nunca antes andado.
El desasosiego propio de la existencia misma permite a los más arriesgados llegar más lejos.
Por el contrario, no son pocos lo que se quedan mirando como
simple espectadores, desde supuestas ventanas, como sus días transitan
casi en forma vegetativa.
Los más audaces circulan las calles venciendo sus propias
resistencias al cambio; los otros se reducen a ser meros comentaristas,
disimulando su propia parálisis.
Sin embargo, ni los audaces ni los temerosos puede diferenciarse en
una sociedad dominada por la incertidumbre. En un país sin reglas o
donde la regla sea la ausencia de las mismas.
Ni el más osado puede puede soportar, por largo tiempo, el insostenible peso de no saber qué va a pasar.
Así, hoy, se encuentran 40 millones de personas que viven en la Argentina.
La falta de certeza en lo básico desorienta, estremece, estresa, da pánico, enloquece.
No se sabe qué pasará en unas horas, ya ni siquiera mañana.
Muchísimos son los que sienten estar embarcados en un buque sin capitán, a la deriva, que va a estrellarse.
Los horas son cada vez son más tensas, las jornadas más agobiantes.
Una cantidad apreciable se asila en la ignorancia de lo que acontece. Es una manera, entre tantas, de excluirse del pavor.
El peor de los escenario se ha montado, el Estado está ausente.
Es que el Estado está administrado por un gobierno compuesto por incapaces, mezquinos y/o corruptos.
Esto provoca espanto.

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