miércoles, 4 de diciembre de 2013

Cristina nunca dirá la verdad








4, oct, 2013




 Las pretendidas entrevistas que intenta dibujar la presidenta Cristina Fernández, dejan mucho espacio para la lectura política, pero poco margen para el análisis periodístico. Si no hay repreguntas, si no existe posibilidad de contraponer realidad y relato y si además, el monopolio de la entrevista (la cual además no es en vivo, justamente por este motivo) la tiene el gobierno, que finalmente edita con la tijera en mano, el interés periodístico no existe y solo se reduce a una pobre intención por elevar la figura alicaída de una mandataria con el comprensible desgaste de tantos años de gestión. 

Por: Rubén Lasagno

Con el respeto que me merece Jorge Rial, opino que la entrevista efectuada a la presidenta Cristina Fernández, lejos estuvo de relucir y más lejos aún de sacarle alguna verdad a la presidenta. Si bien se la notó distendida y a Rial promoviendo quizás una sensación de mayor libertad en el solaz del programa donde la dama quiere robar el raiting, faltaron las repreguntas, faltó la búsqueda de la verdad en temas que solo cerró la presidenta con una negativa o una afirmación y faltó, claro está, la verdad.

Cristina sostuvo y mantuvo su relato sesgado en todos los temas que al público le pueden interesar realmente. Y esto, desde el punto de vista periodístico, no tiene mayor relevancia, ni valor documental. Fue una entrevista con olor a límites puestos o autoimpuestos; sin embargo, dejando en claro que Rial es uno de los periodistas más punzantes en el ámbito de la farándula y que ha demostrado ser muy hábil en el plano político, en el programa de Radio que hace en La Red, no dejó la misma impresión en esta oportunidad.

Pero si todo esto genera “un poquito de dudas” sobre la autenticidad de lo que dijo la presidenta, las mismas se despejan cuando nos enteramos que el interés del gobierno de ser quienes manejan la producción y post producción del programa, es porque simplemente quieren tener el control de la situación y ese control se facilita y convalida en la mesa de edición de la TV pública, donde meticulosamente un “censor” quita el material que no resulta adecuado para la imagen de la mandataria.

A pesar de todos los esfuerzos y la vuelta que le busca el gobierno para quitarle mala prensa a la presidenta imponer el relato, que ya entendieron, si lo mandan por los canales oficiales no los mira nadie, el objetivo – a mi humilde entender – no lo ha conseguido. Pensaré distinto si Cristina decide hacer un programa de verdad, donde, en vivo – como sucede en EEUU y en países donde funcionan las instituciones – enfrenta una rueda de prensa, acepta las repreguntas y permite que periodistas críticos como Alconada Moon, Castro, Majul, Vander Koy, Leuco, Longobardi, Blanc, Guiñazú y otros que enfrentan día a día el relato del gobierno, son de la partida.

Mientras tanto, me contentaré con saber que estamos asistiendo a una puesta en escena de una presidenta que necesita imperiosamente “hacerse conocer humanamente”, descontracturar su imagen de mujer dura y autoritaria. Logra opacar esa silueta de rigidez, con sus remembranzas personales y de familia, con el sentido locuaz de sus intervenciones, pero – sin embargo – cuando Rial accede a temas de candente transcendencia (cepo cambiario, inflación, etc), la presidenta vuelve a endurecerse, sus rictus invaden el rostro, la crispación se percibe y el periodista, sabe que nada de aquellos prosperará como le gustaría que prosperara y entonces, calla y otorga.

Teniendo en cuenta esto y la calidad profesional de Jorge Rial, es de esperar que al ser entrevistada por Varsvsky o Matías Martin, el resultado sea aún más pobre, periodísticamente hablando. La pregunta que surge entonces, es ¿Para qué sirve todo esto, si el mensaje está cerrado y el resultado es previsible?. 

(Agencia OPI Santa Cruz)

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