lunes, 1 de junio de 2020

El doble plan de Cristina Kirchner: venganza e impunidad

LA NACION


31 de mayo de 2020 • 22:16



El doble plan de Cristina Kirchner: venganza e impunidad






  Luis  Majul
                              LA NACION






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El editorial de Luis Majul en La Cornisa, por LN
















A continuación, sus principales conceptos:


Te invito a que nos hagamos dos preguntas: ¿está gobernando Cristina Kirchner en vez de Alberto Fernández? Y otro tema, tan urgente como este, ¿hasta cuándo se puede soportar esta cuarentena rígida, mezclada con el inocultable plan de Cristina que implica no solo la garantía de su impunidad, sino la consumación de su venganza personal contra quienes no pensamos como ella?

Ya sabemos que, al irrumpir el Covid-19, Cristina no había estado ausente, sino al acecho, marcándole la cancha al Presidente. Ahora sabemos también que, a partir de la misteriosa reunión de tres horas en Olivos, Alberto cristinizó su discurso. Se transformó en un hiper-kirchnerista. Solo superado por energúmenos como Dady Brieva y Gabriel Mariotto. O por ciertos periodistas de la señal C5N, un medio comprado con dinero que Cristóbal López y Fabián de Sousa se ahorraron al evadir, de manera fraudulenta, el impuesto a la transferencia de combustibles.

Me pregunto en serio, ¿está gobernando Cristina? Porque si no está gobernando, no se explica cómo el Presidente acepta mansamente que ella y sus muchachos protejan a Rodolfo Canicoba Corral. Se trata de un juez a quien Alberto, me consta, considera una persona "no muy honesta".

Tampoco se explica por qué el Presidente usa el enorme poder de su investidura para pedir a los jueces que tramitan las causas del encubrimiento por el Memorámdum de entendimiento con Irán y Dólar futuro que se apuren a cerrarlas.

Menos se entiende cómo convalida la inconsistente denuncia penal por presunto espionaje ilegal de la anterior administración de la AFI. ¿Recordará que él mismo, Alberto, fue víctima indirecta del ataque de los servicios de Cristina en 2013, cuando era jefe de campaña de Sergio Massa, al que se le metieron en la casa para intentar ensuciarlo antes de las elecciones?

Y tampoco se comprende, si es que no está gobernando Cristina, porqué Alberto se mete en una interna de la farándula para bancar a Marcelo Tinelli versus Susana Giménez, a menos que el conductor haya sido usado, igual que se lo usa a Brieva, con el objeto de instalar en la agenda los temas que al Frente de Todos le importa instalar.

Te invito a que miremos un poco más allá. Demos por sentado que el pacto "yo te convierto en presidente y vos me garantizás impunidad" entre Cristina y Alberto sigue vigente. Si lo aceptamos, debemos admitir que ella ya cumplió con su parte, mientras que el Presidente todavía no.

Ella, a esta altura, ya se debe estar imaginando que si no hace algo ahora mismo es muy posible que siga con la amenaza de ser condenada en alguna de las diez causas que la tienen como procesada. Y que este "calvario" no solo la perseguirá hasta 2023, año de elecciones presidenciales que el Frente de Todos podría perder. También hasta las legislativas del año que viene, las de 2021. Elecciones en las que Juntos por el Cambio, si no se rompe, podría obtener más diputados y más senadores.

¿Y qué le quedaría entonces por hacer a Cristina? Para entenderlo tendríamos que meternos en su cabeza.
 
Hagamos la prueba. Si se mira en el espejo de Evo Morales, Rafael Correa y Lula -con los que habla con más frecuencia de la que sale en los medios- Cristina bien puede concluir que los tres terminaron presos o exiliados. ¿Y por qué? Porque no lograron mantenerse en el poder.

¿Quién de todos los líderes latinoamericanos fue capaz de evitar una condena, el exilio o la cárcel? Solo el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. ¿Por qué? Porque fue el único que se radicalizó y logró controlar los tres poderes, el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, junto con los medios y los periodistas.

A los analistas clásicos, que a esta altura me estarán haciendo que no con el dedito, con el argumento de que Venezuela se transformó en una villa miseria gigante y de que en Argentina esto no pasará, los invito a hacerse dos preguntas sencillas. Una: ¿Por qué le importaría a Cristina el crecimiento de la economía si no necesita eso para perpetuarse en el poder, a través de ella misma, su hijo Máximo, Axel Kicillof? Y dos: ¿Están siguiendo el veloz, enorme y continuo avance del Estado sobre las empresas, los ciudadanos, los medios de comunicación y los periodistas?

Revisen los carteles de propaganda en donde el Gobierno se confunde con el Estado. Pregunten por qué hay circulando una lista de empresas, incluidos los medios, que usaron el derecho legítimo de tramitar una compensación del Estado y se las señala como "planeras", "incoherentes" u "oportunistas". Si esto no es chavismo o madurismo se parece demasiado.

Hagamos una comparación futbolera. En 2015 Cristina pateó un penal y lo erró. En 2019 tuvo lo que no tiene casi ningún líder en el mundo: otra oportunidad. Entonces pegó en el palo y la metió adentro. Ella es la dueña de la cancha, de la pelota y lo tiene comprado al Juez. Y ahora está frente a la pelota y en el punto del penal. Te apuesto lo que quieras que va a patear fuerte y al medio. Lo que significa: más radicalización, no menos.

Por: Luis Majul

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