miércoles, 29 de enero de 2020
Argentina, un país sin grandeza
29 de enero de 2020
Argentina, un país sin grandeza
/arc-anglerfish-arc2-prod-infobae.s3.amazonaws.com/public/NUWRP4R7LVCABNVDG3ATTJEVFM.jpg)
27/01/2020, Buenos Aires: El presidente Alberto Fernández estuvo presente en la localidad de Moreno, en el marco de la presentación del plan Argentina Unida por la Educación y el Trabajo, que reconvierte planes sociales en planes de trabajo para refaccionar escuelas. Foto: Julián Alvarez/Télam/CF
Por Claudio ChavesTodo es chiquito, menor, pequeño diminuto. No hay grandes ideas y menos proezas para emprender como comunidad nacional. Ciertamente las utopías macabras del siglo XX se hundieron en el fango de millones de muertos. Ninguna de ellas queda en pie. Los hombres nos las arreglamos como podemos. No se trata, entonces, de resucitar esos fracasos. La idea es hallar entre nosotros, como comunidad, un objetivo tan grande como realizable capaz de hacernos sentir titanes en esta medianía pavorosa en que nos hallamos sumergidos desde hace muchos años. La élite política argentina ha perdido el rumbo. Al menos así lo creo yo. Nada genial sale de sus cabezas. Queremos ser un país normal, se repite desde hace un tiempo. Es una frase poco feliz, quedantista, congelada. Por el contrario, debemos ser un país en serio, con ímpetu, con epopeyas, venturoso, con grandes planes. La Argentina está muy mal y de allí no se sale con la utopía de la mediocridad. Nos debemos un nuevo cruce de los Andes. Una proeza remozadora en honor a nuestra historia y a nosotros mismos. El cruce de los Andes en el siglo XXI es poner en orden en la patria, atravesada por la corrupción, la deshonestidad política, intelectual y social, la despreocupación de las responsabilidades individuales y sociales, la subalternizacion de las obligaciones sobre los derechos, la cobardía frente al caos social, el delito, el narcotráfico y los malvivientes y la indiferencia frente a la desigualdad, la desvalorización del mérito, la valoración del mal gusto y lo obsceno. La lista sería interminable.
Una nueva élite política sin compromisos con el establishment debe constituirse rápidamente. Que valore e imponga la honestidad, la decencia, el orden, la autoridad, el coraje y la responsabilidad. ¡Y que el pueblo le crea! El hambre y la pobreza al menos en la Argentina es consecuencia de la irresponsabilidad de la élite que nos ha gobernado los últimos años.
Sin embargo, no todo está perdido. En la Argentina ha surgido una novedosa utopía. Una arcadia o Ciudad de los Césares criolla: la utopía de la mediocridad, del chiquitaje, de lo menguado y de lo insignificante. Su fuerza irradiadora de potencia es la solidaridad regimentada desde el centro del Estado. Obligatoria. Inapelable. Pensada por un grupo de profesionales de la política que de tanto en tanto se reunían en un bar de la calle Callao, herederos putativos del Grupo Calafate, antecedente de Carta Abierta, por aquel misterio que aún no tiene respuesta: ¿se puede ser un poquito progre?
Dejando de lado la trascendente decisión del Presidente de la Nación de viajar a Israel, al parecer por sugerencia de Cristina Kirchner, el resto luce ramplón, enano y fundamentalmente contradictorio.
El Presidente formó parte de un gobierno que le cargó al Estado, entre empleados y jubilados sin aportes, la friolera de 4 millones de personas. Como ahora los números no cierran, los jubilados que aportaron deben sostener a los incorrectamente incorporados. No hay insolidaridad en la queja; el inconveniente es que lo hace un gobierno que ha tenido responsabilidad política en la corrupción más escandalosa de toda la historia nacional y que encima presiona moralmente para frenar los juicios en marcha. Carecen de autoridad moral por más que tengan los votos. Pagaron parte de la campaña electoral pasada con aportes provenientes de la droga. ¡No hay grandeza! Que los jubilados banquen a otros jubilados es una política tan menor que apena la implemente un gobierno argentino.
El ministro de Educación, Nicolás Trotta, presentó su primer proyecto educativo: la lectura obligatoria de 180 libros, uno por día. Además de que es técnicamente imposible de realizar, por lo tanto una mentira más, se trata en realidad de un negocio editorial. El grave problema argentino no son los niños escolarizados que ya vienen muy mal según los indican las pruebas PISA, sino los Ni, NI que no estudian ni trabajan y las más de las veces provienen de familias no constituidas. Según los entendidos suman un millón de jóvenes. ¿No tiene nada Trotta para ellos? Y eso que viene de conducir una universidad bajo control sindical. Me di cuenta de la trampa cuando leí que el historiador Felipe Pigna defendía el proyecto. Algo anda mal aquí, me dije. No hay grandeza.
En seguridad las cosas no están mejor. Hay un lío bárbaro. Se ve que viene todo improvisado. Claro, cuando las diferencias ideológicas son tan profundas y no hay una conducción categórica y reconocida, el gallinero se alborota. Pero la decisión más seria y contundente de este gobierno frente al delito ha sido la tomada por el poder político de Santa Fe.
¡Hay muchos muertos! Veinte, en veinte días. Demasiados. ¡Entonces vayamos a fondo! ¡Con todo! ¡Que los policías lleven una bala en la recámara! El esfuerzo intelectual para llegar a esta conclusión ha sido gigantesco especialmente en una coalición que hablaba previo a las elecciones de gatillo fácil, tiros por la espalda, que los agentes no lleven armas si no están de servicio. Para el Presidente y el kirche-peronismo, Chocobar es un delincuente.
¡Con estos candiles más vale andar a oscuras!
La ministra de Seguridad está en contra de la Ley de Derribo propuesta, en su momento por Sergio Massa, y aprobada por decreto presidencial de Mauricio Macri en 2016. La guerra al narcotráfico se hace o no se hace. Pero un poquito no sirve. Todo sin contundencia, sin valentía. A mitad de camino. Les queda la despenalización de la droga.
Hablaron de liberar presos. Al parecer no va a ser así. Hay que estar atentos. Para qué abundar, todo es chiquito, menguado, se trata de no hacer olas y seguir cobrando del Estado.
El Presidente va a enviar al Parlamento una ley que despenalizaría el aborto y al mismo tiempo sostendría a las madres que quieran tener la criatura, con dinero del Estado. ¿No es extraño que el progresismo apoye una ley de exterminio de inocentes y sea cobarde para perseguir delincuentes? No hay epopeya en estos actos.
Pero además: ¿hasta cuándo van a expoliar al Estado?
El gobernador Axel Kicillof impondrá por decreto en la Provincia de Buenos Aires el lenguaje inclusivo. ¡Flor de revolución! A falta de pan, que le den galletas.
Finalmente el problema más grave que padecemos los argentinos no es la deuda, los bonos o los intereses para decirlo de modo simple. El problema es la falta de autoridad de la élite política incapaz de sanear la crisis moral que atravesamos. No hay esperanzas ni salida para la Argentina en tanto sea expoliada por una camarilla de políticos al servicio del statu quo.
El autor es profesor de Historia y licenciado en Gestión Educativa. Director de Escuela Secundaria de Adultos. Autor de “El Perón liberal”, “El retroprogresismo”, “Un liberalismo criollo de Perón a Menem” y “La gestión escolar en tiempos de libertad”.
La inseguridad creciente y la insistencia en poner funcionarios que nada saben del tema
29 enero, 2020
La inseguridad creciente y la insistencia en poner funcionarios que nada saben del tema

Por Rubén Lasagno
Río Gallegos y Santa Cruz en general sufren una nueva embestida de la inseguridad, amplificado el panorama por el periodo vacacional donde las viviendas quedan más expuestas a los ladrones de oportunidad. Sin embargo, no es estacional el fenómeno, está fuertemente vinculado al contexto social, político, económico e institucional de los respectivos gobiernos provinciales que tienen a su cargo la responsabilidad de la seguridad ciudadana.
Cierto es que no se puede pedir un policía al lado de cada habitante, pero con ello no se puede justificar la falta de prevención de los delitos ciudadanos y muchos menos la falta de esclarecimiento de crímenes y robos, como ocurre en la mayoría de los casos ocurridos en la provincia.
Santa Cruz es un estado donde hubo un profesor de folcklore de Secretario de Seguridad. El antecedente no es muy auspicioso. Esto explica en cierta manera, por qué llegamos como estamos hoy, sin dejar de lado la falta de políticas públicas en materia de seguridad y la abundancia de un relato que para nada ayuda a combatir el delito en la realidad; por el contrario, contribuye a crear una “falsa sensación de trabajo con la seguridad”, que en la realidad, no existe.
Si nos remitimos más allá de los límites de Santa Cruz, podemos ver que es casi una constante en el kirchnerismo, subestimar la seguridad en el orden de prioridades de todo gobierno. Sergio Berni fue Ministro a nivel nacional y no sabía nada de seguridad, a no ser por su paso por el ejército como médico, algo así como creer que por ser el “plomo” que ayuda a conectar los equipos de audio en un concierto, alguien se recibe de músico.
Alberto Fernández eligió para el cargo a una antropóloga, quien ya ha demostrado su capacidad para asegurarnos la inseguridad a los argentinos y así seguimos envolviéndonos en una seguidilla de problemas acumulativos los cuales no podemos resolver por falta de capacidad, profesionalidad y políticas proactivas en materia de prevención y combate del delito, que (curiosamente) no para de “especializarse”, evoluciona en relación a las contramedidas tardías que se aplican desde el Estado y muta de acuerdo a los cambios sociales y la implementación de obstáculos para impedir su accionar.
Argentina es desde hace 15/20 años, uno de los países más inseguros de la región. Fundamentalmente la incursión del narcotráfico que llegó para quedarse en el último tramo de los ´90 de Menem y especialmente en la década ganada por el kirchnerismo, transformó a la Argentina en una base de operaciones del narcomundo, demoliendo el viejo mito de “país de paso”.
En tanto en Santa Cruz, el delito ha escalado en cantidad y calidad. Caleta Olivia, Río Gallegos y El Calafate son los centros urbanos elegidos principalmente para cometer atracos y crímenes de los cuales no existen registros ni estadísticas, excepto aquella que se obtiene por la publicación de los casos en la prensa, que son siempre menor que la realidad misma.
Suicidios, delitos a la propiedad, crímenes, asaltos a mano armada, etc, ha sufrido un incremento sustancial en la provincia y éste gobierno como los anteriores, nunca pudieron contenerlos. Falta de capacidad, profesionalidad y política en la materia, figuran como las principales variables de causalidad.
Increíblemente en Río Gallegos, surcada por una sola ruta (Nacional Nº 3) en la práctica con solo dos vías de escape, un entorno desurbanizado al menos en 300 kms alrededor de la ciudad, la policía no tiene capacidad para minimizar el crimen, mediante un sistema de identificación y residencia. Estamos en el 2020, donde la hiperconectividad es una obligación del Estado y aquí ni siquiera se puede usar el DNI o el Registro de Conducir digital porque Santa Cruz no posee sistema integrado de identificación. Muchos menos pensar en sistemas móviles de entrecruzamiento de datos, detección de personas con antecedentes penales, sujetos violadores, asesinos o fugados de cárceles, instituciones psiquiátricas, autos robados o la migración de simples delincuentes provenientes de otras provincias.
¿Hay alguna razón para que ello suceda?. Solo la desidia, la falta de capacidad y la poca preocupación por cerrarle los caminos a los delincuentes. El resto es basura, relato estéril, reuniones para la foto, discursos vacíos y la sensación de que aún se sigue pensando con mentalidad de pueblo, mientras los vecinos no tienen quien los cuide por el alto precio que paga en impuestos y en tranquilidad.
Y en la capital hay escasos 120 mil habitantes. No queremos imaginar cuando en algunos años más, esa población se multiplique.
(Agencia OPI Santa Cruz)
La esperanza es la juventud alberdiana

29/01/2020
por Elena Valero Narváez El peronismo, desde su nacimiento hasta 1955, fue un sistema colectivista similar al fascismo italiano. Perón vio, personalmente en Italia, cómo funcionaba en su lugar de origen y lo adaptó a nuestra Patria. Destrozó al sistema que hizo conocer a la Argentina en el mundo, como uno de los países más prósperos del planeta. Desde entonces no pudo implantarse, a pesar de uno o dos intentos fallidos, el sistema republicano y capitalista que produjo el bienestar de las naciones que lo adoptaron y mantuvieron, o lo abrazaron después de la Segunda Guerra por motu proprio u obligados por Inglaterra y EEUU, como fue el caso de Alemania, Italia y Japón, luego de la rendición incondicional.
En Argentina anida la corrupción y la demagogia, cualidades inherentes al régimen peronista. Con Alberto y Cristina seguimos adheridos a él pero con el agravante, de que no disponemos de los antiguos recursos para pagar la similar y catastrófica aventura. Es así como, a poco andar, se perfila una crisis de fondo que no tardará mucho en mostrar la cara
El Ministro de Economía, Martín Guzmán, en su discurso de hace unos días, ha dicho poco y nada, tiró el anuncio de las soluciones para más adelante. No importa que “el pueblo quiera saber de qué se trata”. Como el anterior Gobierno éste retacea un plan de estabilización con medidas que abarquen las reformas estructurales necesarias para despegar. En Argentina aunque se enojen mis colegas, los historiadores, “la historia se repite” con solo pequeñas modificaciones.
Mientras tanto, la inflación, una verdadera enfermedad nacional, sigue su curso impidiendo desarrollar a nuestro país, destruyendo la ética que debemos preservar para vivir, amistosamente, en sociedad. Alcanza ya, niveles preocupantes, difíciles de contrarrestar. Si no se aumenta la preocupación por ello, en poco tiempo estará fuera de control, con los graves inconvenientes que ya conocemos por la reiterada bienvenida que se le ha dado, a través de los años, en el país. La primera medida para contenerla es bajar el gasto, es imprescindible una reforma del Estado destinada a reducir su tamaño. Se puede hacer explicando a la sociedad la necesidad, urgente, de implementar un plan coherente para hacerlo, so pena de que sigamos trabajando para contentar al Estado en vez de hacerlo para concretar proyectos propios.
Este Gobierno, si no cambia el rumbo, perderá el control sobre el recorrido ordenado que debería tener la economía nacional. Lo que el país sea en el futuro dependerá, en gran medida, de si nos decidimos, o no, a combatir el proceso inflacionario. No hay margen para una nueva equivocación en el camino que tomemos para salir de la crisis. Hoy sabemos que es imprescindible combatirla, pero no, con planes de desarrollo hechos por burócratas que se creen omniscientes. Emitir, para mejorar, es una solución demagógica que nos llevará al averno, una vez más. No funcionó en el pasado, no tiene por qué hacerlo ahora.
Hay soluciones probadas en otros países: alentar la inversión evitando la actitud infantil que se tiene frente al FMI y otros organismos de préstamo. Demostrar que vamos realmente, sin claudicar, hacia una sana disciplina en materia financiera, monetaria, y de respeto y estímulo a la iniciativa privada.
No deberían, los responsables de orientar la economía, engolosinarse con políticas desarrollistas que nos llevan a mayor gasto público en vez de encarar la estabilidad monetaria necesaria para resurgir, clave para limitar el déficit del presupuesto.
Sería saludable, terminar con los controles, intervenir solo en casos críticos, manteniendo siempre el rumbo hacia una economía libre donde se le permita a la gente ser la que desarrolle al país en vez de los planes estatistas y dirigistas de un Gobierno glotón..
La experiencia muestra que se debe dejar al mercado de cambios actuar libremente, sin controlarlo. Es la manera de que la economía se vaya reajustando, aunque al principio se encarezcan algunos productos de la canasta básica. Por el contrario, si se continúa con la política de controles, no solo se agravarán los males que estamos sobrellevando, se institucionalizará la corrupción tal como en la década kirchnerista. Tenemos frescas, en la memoria, las imágenes que mostraban a los favoritos del Gobierno convertirse en millonarios, como en el cuento de princesas, Cenicienta, de la noche a la mañana.
Se hará natural, que se comience con los anuncios de planes demagógicos de obras públicas que no se realizan, anzuelos para tener contentos a los ingenuos que no saben de sobreprecios y creen en las promesas de desarrollo del país desde el Estado.
Según parece, la reactivación económica será producto del dinero que el Gobierno pondrá en los bolsillos de la gente, mediante generación de inflación, o sea, emisión, más impuestos distorsivos para recuperar caja. El pasado nos condena: incrementarán los costos internos, los salarios no podrán alcanzar el nivel inflacionario, la producción básica exportable quedara fuera de competencia en los mercados internacionales y la presión se trasladará al mercado de cambios. El conocido círculo vicioso.
Manejar dictatorialmente la economía, siempre, ha sido igual a mercado paralelo de cambios y distanciamiento del mercado oficial. El resultado es siempre el mismo: la emigración de capitales, la evasión de impuestos y la corrupción. Funcionará el mercado negro de todos los productos que queden sometidos al control de precios. La honestidad, ante un ambiente de “sálvese quien pueda” no valdrá la pena. Ser honorable no sirve cuando el Estado ahorca con dirigismo: retenciones al campo, regulación de precios, permisos o cupos de exportación e importación, adjudicaciones arbitrarias. Cuando se destruye la economía no queda mucho margen para actuar. La corrupción es, en la mayoría de casos, el camino obligado.
Esta situación siempre se empeora con la falta de ayuda externa que será muy difícil de conseguir sin una posibilidad de desarrollo sustentable a la vista. Nadie presta si no existe capacidad de pago.
Ante el riesgo de caer otra vez en el mismo pozo, la solución sería que se deje, de una vez por todas, de aplastar la iniciativa privada, restringiendo las libertades que emanan de la Constitución. La esperanza de lograrlo está, en mi opinión, en la juventud liberal, la cual, con valentía, está asomando la cabeza, libre de ideas nacional-socialistas.
El impedimento que tiene el liberalismo para crecer es producto de la mayoría de sus liderazgos, que por egos personales, no fomentan la unión de todos los liberales, incluso de los más desteñidos, en un único partido liberal que pueda actuar a nivel nacional. Es imprescindible, convertir al partido en una empresa política, con recursos suficientes como para diseñar campañas de difusión de ideas y atracción de votos, sin los cuales quedan del otro lado del camino hacia el poder, meta final de cualquier proyecto político.
Quiero creer que la UCEDE, por ser el partido liberal que se conoce en todo el país, apenas pronunciado su nombre, como también el de su líder fundador, el Ing. Álvaro C. Alsogaray, modelo de político e intelectual, sea el que abra las puertas a esa juventud que necesita una verdadera plataforma para dar el gran salto que permita resurgir a la Argentina.
Elena Valero Narváez
Miembro de Número de la Academia Argentina de la Historia
Miembro del Instituto de Economía de la Academia de Ciencias. Morales y Políticas
Premio a la Libertad 2013 (Fundación Atlas)
Autora de “El Crepúsculo Argentino” (Ed Lumiere, 2006)
SILENCIO KIRCHNERISMO
CARTAS Y NOTAS DE NUESTROS AMIGOS LECTORES
29/01/2020
Como tratando de no desemparejar tanto con su archivo de atrocidades verbales hacia la ex presidente y actual compañera de mandato, Alberto dejo entrever sus intenciones de convertirse en otro Néstor. Tomar la bandera del Modelo y olvidar o hacer que se olviden de sus diferencias con Cristina.
Lo congruente de esta doble decisión es que tanto para uno como otro objetivo Alberto necesita silencio. El silencio que le dio a Néstor el permiso para elucubrar los planteos que le permitirían mas adelante concretar los hechos necesarios para cumplir ese relato que todo amalgamado seria nada menos que el Proyecto Nacional o el “Modelo”. Un silencio logrado con una circunstancial Carrio inactiva, un Duhalde en Europa, una sociedad en strees post traumático y una prensa que aun sin presiones evidentes se vio repentinamente vacía en comparación a los tiempos tras la crisis 2001.
Pocos en aquel instante se percataron de la construcción de la épica que el kirchnerismo emprendía y quienes lo notaron lo percibieron como un insustentable marketing, tragicómico y circunstancial.
Ese silencio fue el que permitió la intrascendencia de Skanska como boom mediático, pero a la par de Skanska se edificaba el Modelo.
El silencio vuelve a ser el cómplice y quizás esta sea la única coincidencia de los tiempos de Alberto con los de Néstor.
El silencio de medios vacíos de crítica y llenos de debates dirigidamente abiertos a no llenar nada, más que el tiempo.
El silencio de Néstor que se lo podría catalogar de gradual comparándolo con el silencio repentino y exageradamente calmo de Alberto, sirvió para la redacción del relato convertido en el largo camino del kirchnerismo en ese castillo de naipes que fue el Modelo.
El silencio de Alberto carece de redacción se traduce directamente en hechos. Es que es más difícil que una mentira funcione dos veces.
El silencio cedido a Alberto oculta el ruido de apresurados hechos en lugar de ocultar la elaboración de una propagandística batalla cultural.
La grieta ha dejado en claro los limites de posibles convencimientos. Ya nadie será ganado como acólito de un triunfo cultural. Solo es posible endurecer los respectivos núcleos duros.
No es que no necesiten, esta claro que ya no quieren convencer a nadie. Van a los hechos, a quien no se lo convenza se lo somete (se deduce de las misma palabras de Alberto).
Como ejemplo es claro ver que ya no se lleva adelante una campaña aglutinadora como lo fue en su momento la ley de medios (ya no hay tiempo). Con el silencio rimbombante de muertes adecuadamente tratadas es suficiente. Se puede conseguir el correcto morbo silenciador.
El silencio de los medios es atroz y el efecto ley de medios esta siendo llevado a las redes en concordancia con la velocidad pretendida en los hechos cuya maquina impulsora es el Ministerio de seguridad. La caída de cuentas de periodistas y la constante denuncia de voces discordantes en las redes dejan al descubierto este nuevo giro.
Paul Battistón
N de R La Misère Porc:
Recordemos que Clarín ya comenzó, SILENCIANDO a los JUBILADOS, eliminando su Sección VOCES, RECLAMOS Y ESPERAS DE JUBILADOS y CARTAS AL PAÍS; desde el 1º de enero.
Muchas gracias al envío del Amigo M.M.
El país de economía sólida y presidentes presos
29/01/2020 - 18:18
El país de economía sólida y presidentes presos
Con Odebrecht estalló en Perú el sistema político. Pero la economía corre como si nada pasara.

Una imagen de Alberto y Keiko Fujimori, en medio de policías. El ex presidente de Perú está en la cárcel y su hija, también. Los une la corrupción. Foto EFE
Ricardo RoaDel editor al lector
Tiene dos ex presidentes presos, uno en Estados Unidos. Otro ex está con arresto domiciliario, un cuarto con pedido de prisión y un quinto se suicidó para no ir a la cárcel. Todos por corrupción. Y acumula 20 años con una inflación menor al 6% anual. De los últimos 16, sólo dos fueron recesivos.
También tiene un partido que se atribuye raíces israelitas aunque se define evangelista y que salió segundo en las elecciones del domingo último con candidatos que visten como Jesús. ¿Dónde conviven una economía así de exitosa con semejante aquelarre político? Aquí cerca, en Perú.
Perú tiene todo eso y bastante más. En esta elección para cubrir bancas en el parlamento que el presidente Vizcarra disolvió con aval de la Justicia, la gran derrotada fue Keiko Fujimori, que venía de estar un año con prisión preventiva y horas atrás fue devuelta a prisión: tenía 70 de los 130 escaños y quedó con apenas 20. Su partido Fuerza Popular salió sexto.
En ese bastante más entra que el que ganó la elección, Acción Popular, uno de los partidos tradicionales, la ganó con el 10% de los votos. Detrás, la sorpresa: el FREPAP, brazo político de la Asociación Evangélica Misionera Israelita del Nuevo Pacto Universal. Nombre interminable para una iglesia rara.
Una sorpresa rara: en el 2000, cuando murió su fundador Ezequiel Ataucusi, sus seguidores esperaron junto al ataúd que Ataucusi resucitara como había prometido. Decía que era la reencarnación del Espíritu Santo. Pero no resucitó. El escrutinio aún sigue: nueve partidos superan el piso del 5% y se reparten los escaños. Una atomización brutal.
El lote de ex presidentes presos o casi presos es de todos los colores políticos. El más famoso: Fujimori, padre de Keiko, condenado por corrupción y crímenes de lesa humanidad. Fue indultado por el ex presidente Kuczynski pero el Juzgado Supremo lo regresó a la cárcel.
Poco después, el propio Kuczynski cayó en prisión domiciliaria. Lo investigan por lavado, compra de votos en el Congreso y corrupción con Odebrecht, el gigante brasileño que de la mano de Lula repartió coimas por toda América Latina. Keiko también tiene prontuario en Odebrecht.
El largo brazo de Odebrecht alcanzó a otro presidente: Ollanta Humala, que fue militar y fue izquierdista, y está acusado de lavado. Estuvo nueve meses preso, como su esposa y tiene prohibido salir del país. Odebrecht también tocó a Alejandro Toledo, que fue el primer presidente indígena y escapó a Estados Unidos. Encarcelado, espera la extradición. Con Odebrecht murieron los populismos.
Muchos acá lo habrán olvidado o no lo vivieron. Pero en épocas de Alfonsín, parte del activismo estudiantil y toda la CGT de Ubaldini tenían un eslogan: “Ay patria mía, dame un presidente como Alan García”. García hizo dos presidencias. El eslogan refiere a los buenos tiempos de la primera, no al fin de fiesta que terminó con la híper de 1990: 7.700 por ciento. Otra vez Odebrecht: investigado por sobornos, García se pegó un tiro para no ir preso.
La economía corre como si nada de esto pasara a su alrededor. El dólar está casi al mismo precio que hace veinte años. Pero esa economía que crece por encima del promedio latinoamericano derrama poco para abajo y tira mucho para arriba. Y si esto no se transforma en violencia social, es porque la violencia de la corrupción y de la degradación institucional ocupan todo el primer plano.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



