La palabra de Jaime Stiuso en “Nisman, el documental”: asegura que CFK quería matarlo, habla del fiscal y responde críticas
Es la voz más esperada del trabajo de Netflix. Da su testimonio sobre el atentado a la AMIA, su trabajo en inteligencia y se refiere a su poder en la ex Side. El entramado de la relación de la justicia, la política y los servicios
El documental “Nisman: el fiscal, la presidenta y el espía”, que ayer estrenó Netflix sobre la muerte de Alberto Nisman, de la que el próximo 18 de enero se cumplirán 5 años, no es solo un trabajo sobre el que no se saca una conclusión de cómo murió. Es una exposición de hechos en los que queda plasmado que en la Argentina la relación entre justicia, política y servicios de inteligencia nunca es para llegar a la verdad.
En los 6 capítulos, de una hora cada uno, el documentalista británico Justin Webster teje un hilo entre la muerte de Nisman con la denuncia que 5 días antes había presentado contra la ex presidenta y hoy vicepresidenta Cristina Kirchner por su presunto encubrimiento de los iraníes acusados del atentado a la AMIA con la firma de un memorándum y con el propio ataque terrorista, ocurrido en 1994, y por el que Nisman acusó a los dirigentes de ese país en base a información que apartó Antonio Horacio “Jaime” Stiuso, el hombre fuerte de los servicios de inteligencia. Ellos son el fiscal, la presidenta y el espía.
De todos los testimonios que recoge el documental el más sorprendente es el de Stiuso porque por primera vez da una entrevista extensa en la que aborda todos los temas. Sonriente en la mayoría de los tramos, Stiuso cuenta cómo era su relación con Nisman -lo llama Alberto- y asegura que desde el gobierno de Cristina Kirchner “o de la gente que la rodea” amenazaron por mail al fiscal unos años antes.
¿Tu crees que Cristina Kirchner quería matarte?, le preguntó Webster a Stiuso, quien hace silencio y responde: “Sí”.
El espía cuenta que lo apodaron “Jaime” cuando entró a la inteligencia por el personaje Jaimito, un “chico travieso” como él. A cargo de la investigación del atentado a la AMIA desde 1994, Stiuso sostiene que los autores fueron Irán y Hezbollah, hipótesis que mantuvo Nisman en la Justicia. “Alberto fue y puso las pelotas para acusar a Irán. Tiene que quedar en la Historia como un tipo que no pensó en él, pensó en los demás. Acá dio la vida”, dice sobre el fiscal y agrega que el trabajo de ambos molestaba: “Siempre estábamos en la mira de alguien que tenía el interés de jorobarnos”.
¿Tu crees que Cristina Kirchner quería matarte?, le preguntó Webster a Stiuso, quien hace silencio y responde: “Sí”
También niega las acusaciones sobre sus vínculos espurios con la justicia federal. “Soy acusado de esas cosas desde 1985 así que para mi es normal. Es más, hoy me acusan de cosas y no estoy más en el servicio”, señala.
La noche anterior a que Nisman fuera encontrado muerto, el fiscal llamó varias veces a Stiuso pero el espía no lo atendió. En el documental explica su por qué: “No le contesté porque estaba el teléfono en vibrador. Y si hubiera escuchado no iba a hablar con él. Porque prendías la televisión y veías que era Stiuso y el títere Nisman. Lo iba a terminar de hundir si lo atendía, lo iba a llamar después que se presentara en el Congreso”. Y ratifica que a su criterio a Nisman lo mataron.
Pero el testimonio del espía es confrontado por otras personas que hablan en el documental. Una de ellas es Viviana Fein, la primer fiscal que tuvo el caso. “Si eran como un dúo con Nisman le hubiera contestado los llamados. Dijo que a Nisman lo mataron pero no aportó pruebas. No aportó absolutamente nada”, afirma.
Quien también habla de Stiuso es Oscar Parrilli, el ex jefe de los servicios de inteligencia que lo echó. “Cristina Kirchner me dio expresas instrucciones de sacar a Stiuso y toda su gente. La llamé, vino, lo dejé hablar, y cuando le dije que tenía que renunciar con tono amenazante me dijo ‘es la tercera vez que me piden la renuncia pero yo siempre vuelvo’ y se fue a los gritos. Stiuso fue un extorsionador de los dirigentes políticos al que nadie se le animó", cuenta Parrilli.
Cristina Kirchner
Otros testimonios marcan la inteligencia de Stiuso, su capacidad para el trabajo y los métodos para subsistir en el mundo de los servicios y la política. Ross Newland fue el delegado de la CIA en Argentina de 1997 a 2001 y lo describe como una persona “que tenía información y te lo hacía sentir” y que por eso era "temido”. "Se volvió una figura como la de Rasputín en la política argentina. Le gusta ser importante. Y, sin duda, es importante”, sostiene Newland y junto a otros agentes estadounidenses ponen dudas sobre la responsabilidad de Irán en el atentado.
“Mi jefe es Stiuso. El es el que ordenaba todo”, dice Allan Bogado, un espía acusado por Nisman por la firma del memorándun con Irán. Stiuso lo niega y dice que él denunció a Bogado porque se hacía pasar por agente. El juego de la inteligencia donde las verdades son medias mentiras.
¿Suicido? y ¿homicidio? son los nombres de dos de los capítulos del documental. Las preguntas marcan la postura del trabajo: no toma partido por ninguna de las dos hipótesis, sino que muestra los testimonios de quiénes tienen esas posiciones. Entre otros hablan: Parrilli, que sostiene que Nisman se suicidó y que esa muerte perjudicó al gobierno de Cristina Kirchner; la ex diputada Laura Alonso que asegura que al fiscal lo mataron; los abogados y los peritos de la familia Nisman también dicen que fue un crimen; y el informático Diego Lagomarsino, procesado por la justicia como partícipe del homicidio porque le dio al fiscal el arma de la que salió el disparo con el que murió en el baño de su departamento de Puerto Madero, y su perito que se pronuncia sobre un suicidio.
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Sobre la muerte de Nisman el documental condensa en los 6 capítulos los 5 años que lleva la causa judicial. Traza una línea de tiempo y analiza cada hecho importante, muestra en alta calidad imágenes del procedimiento judicial en la casa del fiscal, pone la llamada que la madre de Nisman, Sara Garfunkel, hizo para decir que su hijo estaba muerto, y plasma con imágenes de archivo la grieta política y social que provocó el caso: los que creen que se suicidio y los que piensan que la mataron.
En el contexto actual hay otras dos entrevistas relevantes. Una es al presidente Alberto Fernández. “Hasta el día de hoy dudo de que se haya suicidado”, dice en el documental cuando todavía no era candidato. Y también revela una charla con Nisman sobre la denuncia que presentó: “El problema que tengo con tu denuncia es que no se en qué se funda. Y ahí hacés una serie de afirmaciones que no sé que sustento probatorio tienen”. Y otra la del entonces canciller Héctor Timerman, quién murió en diciembre de 2018. Ya afectado por la enfermedad, visiblemente débil, Timerman, también acusado por la firma del memorándum, explica las negociaciones con Irán y destaca la intención única de Argentina de llegar a la verdad del atentado. “Nunca medimos las desventajas, que fueron mas grandes que las ventajas”, dice sobre lo que ocurrió después.
Alberto Nisman
El fiscal, la presidente y el espía no es una trama que surge a partir de la muerte de Nisman. El documental muestra que la relación entre los protagonistas se inicia con el atentado a la AMIA, que el 18 de julio de 1994 mató a 85 personas. Stiuso fue el hombre de inteligencia a cargo de la investigación, Cristina Kirchner la diputada que integró la Comisión Bicameral del Congreso de seguimiento a ese trabajo y Nisman uno de los fiscales del primer juicio oral del caso, que terminó anulado por las irregularidades judiciales.
Con imágenes de archivo, el documental expone el testimonio de Stiuso y Cristina Kirchner en ese juicio y Nisman interrogándolos. Es uno de los hallazgos del trabajo que da contexto a esas tres partes. Y los testimonios repasan sobre cómo el gobierno de Néstor Kirchner puso a Nisman al frente de Unidad Fiscal AMIA para investigar el atentado, de cómo Cristina Kirchner sacó a Stiuso de la inteligencia argentina y de cómo el espía usaba la causa AMIA como perjudicar a la presidenta.
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Trailer de "Nisman: El fiscal, la presidenta y el espia"
Por momentos, el documental es un hilo difícil de seguir para un espectador que no tiene información previa sobre el caso por los nombres, las relaciones y el entramado internacional de lo que se presenta.
El último capítulo es el que deja planteados las contradicciones de la investigación del atentado a la AMIA y los interrogantes que a 5 años hay sobre la muerte de Nisman. Y el documental expone la desazón de las víctimas, que cuentan sus historias, que no tienen respuesta por esa relación de la justicia, la política y de los servicios de inteligencia que no ayuda a que se llegue a la verdad.
El presidente ahora duda de lo que antes no dudaba respecto de la muerte de Alberto Nisman.
Giro del presidente Alberto Fernández en su discurso
sobre el caso Nisman.
Ricardo Roa Del editor al lector
Alberto Fernándezacomoda como puede su discurso presidencial con su socio principal: Cristina Kirchner. Y no siempre encuentra argumentos para explicar que lo que pensaba ya no lo piensa. Un documental sobre la muerte del fiscal Nisman, del que aún no se sabe si lo mataron o se suicidó, fue el diablo que vino a meter la cola apenas empezado el año.
Netflix lo puso recién en pantalla para no interferir en la campaña electoral. Entrevistado en 2017 como opositor a Cristina, Fernández dice ahí: “Hasta el día de hoy dudo que se haya suicidado”. El día de hoy llegó.
Es cierto que entornó una puerta para la reversa. En el mismo documental comenta que le dijo a Nisman: “Mirá, el problema que yo tengo con tu denuncia es que no conozco en qué se funda”. Hay otro problema: las inocultables idas y venidas, ahora compartidas. Cristina estuvo convencida de que el fiscal se había suicidado hasta que se convenció de lo contrario. Un cambio de convencimiento que volvió a cambiar.
Cuando habló sobre el raro pacto con Irán, es decir cuando para medio mundo o más era raro, Alberto dijo: “Cristina sabe que ha mentido y que el memorando firmado con Irán sólo buscó encubrir a los acusados. Nada hay que probar”. Son los acusados por el atentado a la AMIA que el fiscal investigaba y que lleva un cuarto de siglo impune.
Días antes de su muerte inexplicada, Nisman acusó a Cristina de querer desvincular a los iraníes. Y horas antes de ir al Congreso a ventilar las pruebas, el hombre al que ella debía proteger apareció muerto en su departamento. Ahora, Fernández duda así de lo que antes no:“Yo soy un abogado y ante una muerte como esa siempre me permito dudar”. Yendo así, poco parecería faltar para que dude del pacto con Irán.
Para defender a la ex presidente, el presidente profesor de Derecho apela a una “teoría de la novela policial” que ahora como eventual profesor de Letras reduce a una sola y a quién es el perjudicado, concluyendo que era Cristina, por lo cual “debía ser ajena al hecho”.
El perjudicado concreto y verdadero fue Nisman. Fernández dice que la pericia de la Gendarmería, ordenada por la Justicia, “carece de todo rigor científico”. La deslegitima sin dar una sola razón. Fue un trabajo de más de un año de peritos de primera línea que analizaron y discutieron con transparencia.
Confirmaron un dato clave de la autopsia: no había rastros de pólvora en las manos de Nisman. Por las manchas de sangre llegaron a la conclusión de que murió arrodillado y por la posición del cadáver que parecía haber sido acomodado. Descubrieron que tenía anestésico ketamina en el cuerpo, que no fue considerado en el auto de procesamiento. Y una hinchazón en la nariz y un hematoma previos a la muerte. Y especularon que por la forma en que ingresó la bala no era compatible con un suicidio.
Pero la pericia es una prueba más. Hay otras: Nisman murió a las 2 de la madrugada y horas después borraron mensajes de su celular y de su computadora. Y esa misma mañana, mucho antes de que se descubriera el cadáver, se activaron flotas de teléfonos de agentes de servicios de inteligencia.
Otro misterio: la relación del fiscal con su ayudante Lagomarsino, que le dio el arma y con el que compartía una cuenta en Estados Unidos donde había 600 mil dólares. En días habrán pasado cinco años de la muerte de Nisman. La causa sigue, oscura y tenebrosa.
N de R La Misère Porc: No debemos olvidar que la causa Nisman, es la que más preocupa a su bajeza real de Tolosa y seguramente de la que más quiere zafar.
El nuevo presidente se asemeja al Néstor Kirchner que inició su mandato en 2003, aunque también tiene puntos en común con Raúl Alfonsín y hasta el propio Macri
Qué tipo de presidente es Alberto Fernández? Veintidós días de gestión es poco tiempo -incluidos los fines de semana y las fiestas de Navidad y Año Nuevo- para responder semejante pregunta con certeza. Sabemos que se empezó a probar "el traje" de "presidente" días antes de mayo de 2019, cuando Cristina Fernández lo ungió, de manera sorpresiva, candidato. ¿Será verdad que llegó a aquella reunión pensando en pedirle a Cristina "apenas" la embajada de España?
Si asumimos esa hipótesis, podríamos aventurar, además, que no le costó tanto tiempo acostumbrarse a la idea de que podría ser presidente. Imaginarse que podría llegar a hacerlo bien. Y sentirse cómodo con eso. También sabemos que su sueño, desde que supo que sería candidato, es emular el arranque de Néstor Kirchner del 25 de mayo de 2003. (Lo sabemos porque él mismo lo planteó, como un deseo y, al mismo tiempo, un objetivo, en una de las conversaciones que mantuvimos antes de su asunción). Sabemos, además, que, en parte, lo puede estar emulando con cierto éxito porque él mismo estuvo ahí, muy cerca, en la misma oficina, cuando Kirchner puso en práctica algunos de sus "trucos" para gobernar y hacer política.
¿Y cómo empezó a gobernar Kirchner? A golpe de medidas efectivas y gestos efectistas. Como si estuviese sometido a una competencia electoral diaria. Prestando muchísima atención, a veces de manera obsesiva, a lo que decían los medios. Con un inteligente manejo de las expectativas y cierta urgencia por acumular "autoridad presidencial".
En todos estos aspectos, Alberto Fernández se parece mucho al Néstor Kirchner de entonces. Kirchner amplió los superpoderes con los que gobernó Eduardo Duhalde. Fernández también lo hizo. Kirchner entendió el valor de lo simbólico desde el "minuto cero". Y tardó cinco minutos más en entender que esa herida que le hizo el fotógrafo en la frente y el apósito que se tuvo que poner el día que asumió serían tomados como una señal de empatía de un presidente "cercano". Es posible que Alberto Fernández haya decidido recorrer el tramo desde el departamento de Puerto Madero hasta el Congreso el día de su asunción en su propio auto pensando en aquella escena de hace dieciséis años y medio. Los trajes amplios cruzados sin abrochar y la Bic consolidaron entre "la militancia" el imaginario de que Néstor era "un hombre común cumpliendo tareas extraordinarias".
Aquellas fotos tienen un perfume parecido al de Fernández dando clases en la Facultad de Derecho, compartiendo la Navidad con los fieles en San Cayetano y "prohibiendo" a sus colaboradores que se tomen vacaciones. Y mucho menos, vacaciones en el exterior. Hay, incluso, en el discurso de asunción de Kirchner y Fernández cierto "relato" que parece calcado: ambos expresaron, palabras más, palabras menos, que la Argentina no podía pagar la deuda con el hambre del pueblo. Pero los dos fueron lo suficientemente astutos para dejar claro, tanto al Fondo Monetario Internacional como a los acreedores privados, que no iban a dejar de pagar.
Kirchner llamaba a los periodistas y a los dueños de los medios cuando no le gustaban o no compartía los datos o las opiniones publicadas. Alberto Fernández, también. Pero en esta materia Kirchner eligió, a partir de determinado momento, una estrategia que Fernández nunca compartió: llevar sus diferencias con los medios a una suerte de "guerra santa". (Decisión estratégica que Cristina más tarde profundizó y que todavía defiende).
El actual presidente no reivindica ni la ley de medios ni el conflicto con el campo derivado de la resolución 125. En asuntos sensibles como estos, se parece más a Raúl Alfonsín. Prefiere, en primera instancia, convencer, antes que imponer. (Por lo menos hasta ahora). Pero, además, Fernández, más allá de sus "cabronadas", de las que suele arrepentirse, reivindica el legado de Alfonsín. Mucho más de lo que lo hicieron Néstor y Cristina. Todavía el actual jefe del Estado repite con cierto orgullo una fortísima discusión que mantuvo con Kirchner el día que el expresidente abrió las puertas de la ESMA y se "olvidó" del papel de Alfonsín en el juicio a los comandantes de la dictadura y la creación de la Conadep.
¿Más analogías? Kirchner, desde el primer momento, sintió la necesidad de recuperar la autoridad presidencial porque había asumido con el 22 por ciento de los votos y porque el "círculo rojo" de entonces había instalado la idea de que se trataba del "chirolita de Duhalde". Fernández, antes de asumir, sintió la misma necesidad: hacer entender a "la opinión pública" que no habrá doble comando, que el presidente será él y que no será el "chirolita de Cristina".
La megaley que propició y los superpoderes que se atribuyó se podrían explicar, también, como una consecuencia lógica de esa "debilidad de origen". ¿Podrá en los próximos dos años Fernández hacer lo mismo que Néstor y Cristina hicieron con Duhalde en las elecciones de medio término y fundar, entonces sí, el albertismo? Depende del éxito o el fracaso de su política económica.
Hay que decir, sobre la manera de presentar las primeras medidas, que Alberto Fernández también tomó, en parte, algunos "trucos" de Cristina Fernández mientras ejerció la presidencia. ¿Cuáles? Colocar a los anuncios títulos de alto impacto y denso significado, antes, incluso, de explicar por qué, para qué, en contra y a favor de quiénes tomó las decisiones más relevantes.
Un ejemplo, de apariencia inocua: que la locutora oficial Natalia Paratore haya presentado a Fernández como el presidente de "la unidad de los argentinos" es, como mínimo, una exageración. Otros ejemplos, quizá más controvertidos: la ley de "solidaridad social" y "reactivación productiva". Es probable, cómo no, que el conjunto de normas y resoluciones que contiene el paquete económico tenga el propósito de lograr ambos objetivos. Pero dar por sentado que suspender (si no les gusta la palabra congelar) la fórmula de indexación de los haberes jubilatorios es producir "solidaridad social" y subir los impuestos o aplicar un impuestazo al sector privado es generar "reactivación productiva" parece, cuando menos, un acto de fe. Es más: nadie se debería escandalizar demasiado si en vez de colocar a las medidas títulos demagógicos se explicara que la fórmula de aumento de los haberes jubilatorios era insostenible con estos niveles de inflación. Y eso se llama ajuste.
Tampoco nadie se debería enojar si se admitiera que el Poder Ejecutivo lo hace para poder pagar los intereses de la deuda. Y, por supuesto, ningún argentino de bien debería poner el grito en el cielo si Fernández reconociera que lo que persigue este paquete de emergencia es, entre otras cosas, lograr el equilibrio fiscal. Es decir: el mismo objetivo que perseguía Kirchner, pero también Mauricio Macri, y que se puede sintetizar en dos grandes ideas. Una: que a la Argentina le entren más dólares de los que salen. Y dos: que empiece a bajar la inflación, para después comenzar a crecer.
El supercepo debería alcanzar, por lo menos en el corto plazo, para absorber los dólares que necesita el Estado. Lo de la inflación y el crecimiento parece más difícil. Para eso se necesita un plan integral y consistente que trascienda el paquete de medidas de emergencia. Si Fernández lo impulsa y empieza a funcionar, no necesitará parecerse a nadie. Comenzará a ser reconocido por lo que él mismo haya podido lograr. Pero si fracasa, la repetición de gestos "para la tribuna" se le puede volver en contra. Como sucedió, en su momento, con Alfonsín, Kirchner, Cristina y Macri también.
1. No tome más taxis.El gremio es oficialista. Tome Uber, remisses o similares
2. vaya de. Vacaciones solo a provincias donde perdió el peronismo.
3. Despida aquel aquel empleado que no necesite.Les hemos dado trabajo y votan a los que nos ponen la soga al cuello
4. No vaya a cenar afuera. Compre al que no le hace factura. Si los peronistas no aportan Ud tampoco.
5. Si va al exterior no use el plástico, lleve dólares comprados al blue en efectivo así no le regala el 30% al gobierno
6. No vuele al exterior desde Ezeiza u otros aeropuertos internacionales locales. Vuele de ser necesario a un aeropuerto limítrofe, pagará en pesos y desde ahí tome su vuelo de conexión pagándolo en dólares billete. No utilice Aerolineas Argentinas, es darle su dinero a La Cámpora.
7. Hubo empresas que sabotearon la gestión de Macri como La Serenisima y Musimundo. No les compré más
8. La iglesia esmeriló la Gestión Macri. No les done su dinero. Sepa que entre su Fe y Dios no debe haber intermediarios
Ya hicieron la compra en efectivo y sin pedir factura/ticket de hoy?
Ya dieron de baja los débitos automáticos?
Ya se llevaron su guita con ustedes?
Ya se desafiliaron de su sindicato?
Ya averiguaron todos los impuestos que se pueden dejar de pagar porque después te hacen moratoria con quita?
Ya identificaron el comercio amigo y aquél al que no hay que comprarle, igual a lo que hacen ellos?
Uno cree que no, pero cada acción pequeñita se va acumulando. Una hormiga sola no es nada, pero todas juntas te devoran.
La nueva administración de Aerolíneas Argentinas cesanteó 10 Directores y 40 Gerentes según informó el diario La Nación. El artículo se refiere al pago de indemnizaciones, pero el interés del que subscribe, ex gerente de dicha empresa desde 1948 a 1989, radica en el cuadro orgánico advertido de acuerdo a la información.
10 Directores !!!
40 directivos o gerentes.!!!
Son cuatro de la gerencia comercial, tres de gestión, cinco de la económica y financiera, cuatro de abastecimiento y logística, dos de asuntos legales, cuatro de recursos humanos, cinco de sistemas y uno de recursos técnicos y aeronáuticos
La sola descripción de la cantidad de Directores y Gerentes que parece necesitar esta compañía aérea cuya función es volar y vender pasajes, es suficiente para explicar las fallas de su gestión que viene produciendo millonarios deficits desde el arribo de la declamada democracia. Los políticos usan a la democracia como bandera de sus desaciertos, como la desusada intervención del Estado en los problemas comerciales, administrativos, económicos, industriales, técnicos, educativos y culturales de la pobre sociedad argentina descarriada y analfabeta.
Es el vivo retrato de la actual situación de crisis que vive el país, sin ninguna duda.
El agigantamiento del Estado adquirió enormes dimensiones que sus gobernantes se empecinan en mantener y que, respecto a este caso en particular, se manifiesta en el cuadro orgánico señalado.
Para que se comprenda que no es ésta un crítica de orden partidario, debemos señalar para vuestra sorpresa que Aerolíneas, en mi época fue una gran empresa aerocomercial distinguida en el ambiente aeronáutico internacional como una de las mejores clasificadas entre las ocho primeras del mundo. Su orgánica contemplaba sólo seis gerentes, comercial, económico, operaciones, matenimiento, legal y personal.
Hoy es el primer día de un año que puede ser clave para el nuevo gobierno y para todos los argentinos. El 2020 marcará el rumbo con sus medidas y las palabras dejarán lugar a los hechos. No hay relato mentiroso que derrote a la realidad que cada uno vive en carne propia.
Por eso me comprometo a estar alerta por lo que viene. A no bajar los brazos ni dejarme seducir por el canto de las sirenas. Ya le confesé y le ratifico, que no soy para nada optimista por lo que ya ocurrió y por lo que viene.
En 20 días, el cuarto gobierno kirchnerista ya mostró sus primeros despropósitos. Una Cristina recargada y más chavista que nunca. No quiero ser agorero ni aguarle la fiesta a quienes votaron con esperanza. Pero tampoco quiero ser falso ni mentiroso. Me rebela la hipocresía.
Por eso le quiero decir exactamente lo que siento y lo que pienso. Aunque vaya en contra de la corriente mayoritaria. Yo por supuesto que quiero que nos vaya bien a los argentinos. Pero no creo que con los Fernández nos vaya bien.
No soy para nada optimista porque trato de ver lo que pasa y de leer la realidad con la mayor rigurosidad posible. Cristina en 20 días utilizó dos veces el patrimonio de todos los argentinos como es la página oficial del senado para criticar a los diarios Clarín y La Nación.
Está en todo su derecho de expresar sus rechazos a través de Twitter o sus redes sociales o por medio de entrevistas. Pero la página del Senado es de todos los argentinos. Parece un tema menor. Pero demuestra una confusión mayor. Otra vez, aparece el mismo problema de siempre. Cristina y sus seguidores, no se sienten inquilinos por 4 años del poder. Se sienten los dueños.
Cristina le dio la mano con asco y mirando para otro lado al presidente saliente. Eso puso feliz a Hebe Bonafini que confesó su malestar porque Alberto Fernández le dio tres abrazos a Macri. “Es el enemigo”, se alteró la presidenta de Madres de Plaza de Mayo.
Cristina le dio consejos (¿O eran advertencias?) delante de la multitud a Alberto. Le dijo que no se asustara por la tapa de un diario. Pero lo más grave para todos es que Cristina colocó a sus más fanáticos en el área de justicia, de propaganda y venganza y en las principales cajas del gobierno.
Por eso hay que estar alerta por lo que viene. Yo escuché al presidente Alberto Fernández decir que no hay pruebas para condenar a Cristina y que es una perseguida política. Alberto dijo: “Cristina y yo somos lo mismo” Y eso se lo creo.
Alberto se manifestó conmovido, casi feliz, por el ataque furioso que su jefa hizo contra el tribunal que la estaba juzgando.
Él dijo que varios jueces van a tener que rendir cuentas por las barrabasadas que escribieron y acaba de plantear que hay medios que los quieren hacer pelear cuando es muy claro que la unidad pende de un hilo y que mucha de la información que publican los periodistas sobre enfrentamientos y diferencias entre Cristina y Alberto, son suministradas por gente que está al lado de Cristina y Alberto.
Hoy Alberto dice con la misma vehemencia exactamente todo lo contrario de lo que decía hace 6 meses cuando acusaba a Cristina de muchas cosas que ahora, no le conviene recordar. Pero los periodistas, estamos obligados a recordarlo. Y encima, en una injerencia intolerable en el poder judicial, exige que salgan en libertad, incluso los condenados que no tengan condena firme.
Si eso se confirmara, de pronto saldrían a la calle miles y miles de presos que están en esas mismas condiciones. Hoy están en libertad Julio de Vido, Roberto Baratta, Fernando Esteche, El Caballo Suárez, Gerardo Ferreyra, Cristóbal López, Fabián de Souza, el Indio Castillo de la Salada y Oscar Thomas de Yacyretá, entre otros.
Pronto saldrán libres y aclamados patriotas como el contrabandista y cuñado de De Vido, el Mono Miniccelli, Lázaro, D’Elía, Boudou y el resto. Medio en broma y medio en serio, digo que tragicómicamente, Carlos Robledo Puch, el asesino serial más famoso de la historia tenga un poco de paciencia. Ya le va a tocar a él. Seguro que dirá que es un perseguido político y que lo extorsionaron para que denunciara a Cristina.
Todos repiten lo mismo. Por eso hay que estar alerta por lo que viene. Veo una Cristina alterada emocionalmente que no fue ni a la misa de la convivencia pacífica que propuso la iglesia en Luján. Y eso que se trata de una iglesia que, mayoritariamente, tiene sus simpatías del lado del peronismo.
Todos pudimos observar a una Cristina desencajada y agresiva culpando de todos su males, incluso de la muerte de Néstor o de la enfermedad de Florencia a los jueces y a los periodistas. Nada de eso es cierto. Ya le dije que Cristina no es decente ni inocente. El deliro mayor fue desmentirse a sí misma.
Dijo que los periodistas inventaron eso de que ella se negó a entregarle los atributos de mando al presidente Macri. Y ella misma en su libro “Sinceramente”, confesó que lo veía como una rendición. Y jamás dijo una palabra hasta hace unos días de una presunta prohibición de la justicia.
La estructura que Cristina armó es para garantizar su impunidad absoluta y la de su familia en todas las causas que le siguen por corrupción. Una a una se están cayendo las prisiones preventivas y para eso armó un equipo poderoso: Carlos Zannini, Juan Martin Mena, Felix Crous, el hermano de Wado de Pedro, Cristina Caamaño titular de Justicia Legítima y tal vez Daniel Rafecas.
Cada uno es una pieza clave en el ajedrez de la impunidad para todos y todas, pero sobre todo para la reina. Por eso hay que estar alerta por lo que viene. Cuando analizo el gabinete, veo que dejaron afuera a los gobernadores. Ninguno pudo mojar el pancito en el plato. Solo el señor feudal Gildo Insfrán, el menos progresista de todos, pudo colocar un ministro.
Veo que Sergio Massa cobró un premio menor pese a que fue clave para la victoria. Un ministro de Transporte que viene del radicalismo y su esposa al frente de la empresa de Aguas. Pero en los puestos claves para impulsar el Frente para la Venganza y la Impunidad K están los mismos talibanes de siempre. En esa tarea tiene la inestimable ayuda de un cineasta de trayectoria mediocre que se llama Tristán Bauer.
Panfletos audiovisuales cargados de mentiras llevó a la pantalla con “El camino de Santiago” y con “Tierra Arrasada” donde me da el privilegio de aparecer en pantalla para que toda la hinchada de Víctor Hugo y Cristina me putee con ganas.
Tristán, tan tan tan fanático como poco peronista es el flamante Ministro de Cultura que casi tomó por asalto la sede de su cartera y que permitió que los empleados rompieran la computadora que controlaba el presentismo laboral.
Bauer agradeció a la vida que Pino Solanas estuviera presente en el estreno. Se siente heredero de su cine militante. Hay algunas escenas pornográficas que no deberían pasarse nunca más para que Cristina y su cineasta Bauer no se pongan nerviosos. Pino Solanas y Alberto Fernández fueron dos de los más feroces críticos de Cristina. Carta abierta se cerró. Pero vuelve Zamba y 678? Pregunto.
Por eso hay que estar alerta por lo que viene. Las medidas que hablan por sí solas son demoledoras de su credibilidad. Un impuestazo a la clase media y al campo y un freno a los aumentos automáticos de los jubilados es presentado como una ley de solidaridad. Y un aumento de las retenciones agropecuarias como un remedio aunque sea peor que la enfermedad.
Otro impuestazo feroz pero de Axel Kicillof, en algunos rubros es casi confiscatorio pero su ministro niega la realidad y mira para otro lado: “¿Dónde está el impuestazo que no lo veo?, se pregunta provocador.
La ministra de inseguridad avanza contra las víctimas y tiene mano blanda con los delincuentes. Todas sus medidas son para empoderar y fortalecer a los que violan la ley. Es una insólita postura hija del pensamiento de Zaffaroni y Verbitsky.
Encima, veo que Evo Morales, especialista en fraude electoral, se pasea entre nosotros como si fuera un Dios de la democracia y nos dicta cátedra junto a otra demócrata como Hebe de Bonafini. Eso nos lleva derechito a reconstruir las relaciones carnales con el narco dictador Nicolás Maduro, el castrismo jurásico que somete al pueblo cubano y los negacionistas del holocausto de Irán.
Por eso hay que estar alerta por lo que viene. Yo quiero que nos vaya bien a todos los argentinos y sobre todo, a los que más necesitan. Pero reconozco que ni Alberto ni Cristina, su jefa, me despiertan esperanza ni optimismo. No quiero ni puedo fingir una falsa ilusión.
No soy necio y si hay avances y medidas positivas las voy a apoyar. No soy necio y si de verdad terminan con la persecución y el odio, lo voy a celebrar. Pero voy a resistir con este y con cualquier gobierno a los patoteros, a los autoritarios, a los mafiosos a los ladrones y a los golpistas. Estaré alerta por lo que viene. Resistiré.
No les deseo un año maravilloso donde todo sea bueno. Ese es un pensamiento mágico, infantil, utópico. Les deseo que se animen a mirarse y que se amen tal como son. Que tengan el suficiente amor propio para pelear muchas batallas y la humildad para saber que hay batallas imposibles de ganar. Por esas batallas no vale la pena luchar.
Les deseo que puedan aceptar que hay realidades que son inmodificables y que hay otras que si se corren del lugar de la queja, podrán cambiar. Que no se permitan los “no puedo” y que reconozcan los “no quiero”.
Les deseo que escuchen sus verdades y que las digan con plena conciencia que es sólo la verdad de ustedes, no la de los otros.
Que se expongan a lo que temen, porque es la única manera de vencer el miedo.
Que aprendan a tolerar las “manchas negras” del otro, porque también tienen las suyas y eso anula la posibilidad de reclamo.
Que no se condenen por equivocarse; no son todopoderosos.
Que crezcan hasta donde y cuando quieran.
No les deseo que el 2020 les traiga felicidad.
Les deseo que logren ser felices, sea cual sea la realidad que les toque vivir.
Que la felicidad sea el camino, no la meta.
No es un texto mío y lo aclaro; pero cuando uno va creciendo, las metas van mutando. No es tan difícil ser feliz, depende de nosotros y eso es lo máximo que les quiero desear!!!! Feliz 2020.