jueves, 20 de marzo de 2014

Una simple jugada de manual que descolocó a todo el espectro político




-9/03/2014





Por Eugenio Paillet

Mientras la presidenta busca reinsertarnos afuera, lo que se complica es la agenda interna: el rechazo frontal del FR a una reforma del Código Penal encendió los enojos del kirchnerismo y llevó incomodidad a la oposición.



Seguramente no han volado jarrones por el aire como en otras oportunidades. Como, por caso, cuando su vocero Alfredo Scoccimarro le anunció que habían elegido como nuevo Papa a Jorge Bergoglio (lo saben y lo relatan los ordenanzas de Olivos). 


Pero lo cierto es que Sergio Massa se ha convertido en un karma para Cristina Fernández, y le ha provocado las peores rabietas de las últimas semanas.



Esa tirria contra el líder del Frente Renovador no es patrimonio exclusivo, hay que decirlo, de la presidenta. El tigrense pegó un formidable golpe de efecto y dejó pagando a todos sus colegas del arco opositor cuando hizo apenas una simple jugada de manual: ponerse del lado de la gente, y no de los delincuentes, en su rechazo frontal a la reforma del Código Penal que impulsa la Casa Rosada, en una orquestación cuya batuta está en manos del inefable Eugenio Zaffaroni.



Hay que ver, si no, las volteretas a las que el exjefe de Gabinete obligó a Mauricio Macri, quien avaló primero la inclusión de su principal delfín, el diputado Federico Pinedo, en la comisión redactora del anteproyecto, para ir a pararse después, y con algún sonrojo, del lado de los buenos.



Es decir del lado de Massa, que no hizo otra cosa que pegarle donde más le duele a un gobierno que no sólo ignora la inseguridad -un flagelo que hoy figura al tope de las preocupaciones ciudadanas con un 82,5% de las opiniones, según la última encuesta de Mariel Fornoni- sino que, para peor, carece de personal idóneo a la hora de intentar la defensa de un proyecto que claramente nació rengo, fruto de la tozudez de una dama que todavía insiste en que sus decisiones no se discuten.



El lamentable Jorge Capitanich es suficiente botón de muestra de esa cadena de errores. Se explicaría asimismo que los radicales tengan sus motivos para lamerse las heridas por haber caído en “la trampa” de Massa: ellos aportaron a aquella controversial comisión a su jurista más destacado, Ricardo Gil Lavedra.



Tarde pero seguro, también terminaron posando para la foto junto al tigrense.



Un veterano operador de la Casa Rosada sostenía el viernes pasado que el peor pecado que cometió Massa fue el de marcarle la agenda a Cristina, que tuvo que mandar a Capitanich a destratarlo con frases hirientes. Aunque no hubo una sola palabra para reconocer que el proyecto del nuevo Código Penal, así como salió del horno, va en contra y nunca favor del ciudadano de a pie que padece a diario el flagelo de la inseguridad. Y que, para peor, ahora va a comprobar, si es que esto finalmente avanza, que los delincuentes van salir más temprano que tarde de las cárceles.



Delicias del relato, la presidenta comprobó al borde del soponcio que encima su idea “renovadora” sobre la existencia de una puerta giratoria en los juzgados ya la había expresado Massa al comienzo de sus caminatas como candidato presidencial.



Los desayunos que el tigrense le amarga a su exjefa van por doble andarivel. Es al menos lo que reconocen a regañadientes aquel y otros operadores políticos de Balcarce 50. Massa no le va dejando a Cristina más remedio que elegir a Daniel Scioli como el mal menor, si es que aspira a tener alguna chance de permitir la continuidad del modelo más allá de 2015.



No hacerlo, en las actuales circunstancias de un cuadro social complicado por la inseguridad, el pavoroso avance del narcotráfico, la puja salarial desmadrada y una economía que muta del falso progresismo kirchneriano al más ortodoxo plan que se le haya ocurrido a Axel Kicillof, es servirle en bandeja la presidencia al líder del Frente Renovador.



Claro que siempre habrá voces provenientes del cristinismo más recalcitrante que propondrán que antes que darle la cucarda de candidato al gobernador bonaerense, es mejor que en las elecciones de octubre de 2015 gane Macri. Entonces ellos ejercerán un petardeo desde las sombras con la suposición de que, en 2019, irán a buscarlos a El Calafate o a donde sea.



Un análisis menos estrambótico que circula en el gobierno sostiene que habrá que esperar y ver hasta dónde la sociedad es capaz de enojarse, y decidir que ha llegado la hora de darle su voto a un gobierno no peronista.



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