viernes, 4 de marzo de 2016

DESPUÉS DE LA DECLARACIÓN DE STIUSO, SÓLO QUEDA ESTO...



























TERMINEMOS YA CON TANTA VUELTA...¿O ALGUIEN TIENE ALGUNA DUDA?

Fue un disparo al corazón del relato K





03/03/16


Si la beligerancia kirchnerista contra Mauricio Macri en el Congreso fuera reflejo de algún estado de ánimo similar de la sociedad, el Presidente se vería en la obligación, quizá, de repensar su plan estratégico cuyo punto de partida consiste en recuperar la armonía colectiva dañada. Para fortuna del Gobierno, aquellos beligerantes representan hoy una expresión minoritaria, reflejada incluso en la diáspora que padece esa misma oposición. 
Tampoco resulta posible advertir ninguna pasión popular por el macrismo. Así pareció quedar reflejado en la raleada movilización callejera –respetuosa del protocolo antipiquetes– que siguió bajo una garúa tenaz las palabras presidenciales que inauguraron las sesiones ordinarias. Entre ambos extremos, asoma todavía una sociedad con una expectativa cauta, dispuesta a concederle a Macri el tiempo indispensable para que desarrolle su tarea.
Esa concesión, que no estaría sustentada sobre vigas inamovibles, habría sido la que terminó de persuadir al Presidente sobre la perentoriedad de blanquear la herencia recibida de Cristina Fernández. Una omisión convertida en error el día que asumió. Tampoco se trató de una decisión de último momento. Hace más de dos semanas que el mandatario tenía definido el tema, en sintonía con Marcos Peña. De hecho, el jefe de Gabinete tuvo una participación conceptual activa en el mensaje leído que se prolongó durante una hora y dos minutos. El rumoreo había continuado por inercia aunque hasta uno de los asesores más renuente a revolver en el pasado –el ecuatoriano Jaime Durán Barba– terminó aceptando su inevitabilidad.
¿Por qué razón? Porque la sociedad debía conocer el estado de cosas del país para admitir, siquiera apretando su nariz, que en el camino de los primeros tiempos de gestión macrista no fluirán los aromas agradables. Pero que una mejoría sería posible de avizorar en el horizonte. La única manera, en teoría eficaz, de que aquella expectativa no se esfume.
Tan convencido estuvo Macri de tal necesidad política que dedicó casi la mitad de su mensaje a describir los descalabros recibidos. Y en ese quehacer se ocupó de dispararle un balazo al corazón del relato K. Tomografió un Estado desvencijado, corrupto e incompetente. Sobre las supuestas bondades de ese mismo Estado, Cristina cimentó sus peroratas del segundo mandato y pretendió configurar, sin mucho éxito por lo visto, una fuerza política (La Cámpora) que resultara capaz de enterrar al peronismo. El Presidente aportó, entre varias y siempre debatibles, una cifra lapidaria: entre el 2006 y el 2015 los argentinos pagaron en concepto de impuestos a aquel Estado US$ 694 mil millones más que en la década del 90.
¿Qué sucedió con esa gigantesca masa de dinero? ¿Por qué motivo la salud, la educación, la Justicia y la seguridad no mejoraron? Puede ser cierto que algunos indicadores difundidos por Macri sobre pobreza e inseguridad no sean exactos. Pero eso desnudaría también las falencias neurales del Estado. No hay estadísticas sobre casi nada. Respecto de la criminalidad, los números más cercanos remiten al 2008. El kirchnerismo supo llenar ese vacío con relato. Hasta que la credibilidad social se consumió.
De allí que resultó difícil entender, salvo que fuera mirada bajo la lupa del autismo, la reacción de la bancada ultra K cuando Macri le endilgó al gobierno que se fue el lastre de la inflación. Se trata de una de las dos principales preocupaciones sociales que aparecen en todos los trabajos de opinión pública. Que se viene incubando desde el 2007, cuando Guillermo Moreno intervino el INDEC. Que tuvo además un eyector con las políticas de Axel Kicillof. Escuchando a la diputada Diana Conti, a lo mejor podría comprenderse aquella patología. Sostuvo después del acto en el Congreso que el alza de precios obedece al levantamiento del cepo y la devaluación promovida por el ministro Alfonso Prat- Gay.
Macri, pese a esos inconvenientes, pudo haber sacado una conclusión tranquilizadora para la época que se avecina. La bancada rupturista del FpV, que encabeza Diego Bossio, estuvo toda la hora del discurso en silencio y respetuosa.
 Entre varios senadores y gobernadores peronistas se detectaron, en ciertos tramos, cuchicheos y ademanes de aprobación. Sergio Massa, el líder del Frente Renovador, fue moderado en la valoración final, pero también aprobó la revelación de la herencia. Necesitará de todos ellos, sin dudas, para iniciar un recorrido parlamentario de empedrado grueso. Por empezar, la derogación de la Ley Cerrojo para que pueda darse curso al acuerdo con los fondos buitre, sellado en las últimas horas.
Como le ocurrió con la herencia, al macrismo le estaría faltando una explicación política –no económica– de la salida del default. Quizá no haría falta detenerse en el presunto virtuosismo de las negociaciones (que debió existir) como en la inevitabilidad del rumbo adoptado. Nunca resulta grato resarcir a los usureros. Pero, ¿qué alternativa propuso el kirchnerismo como no ser la de una resistencia ruinosa para la economía? ¿No fue la economía, acaso, entre varias razones, la que determinó un resultado electoral negativo para los K? Repasando el último mapa del voto 2015 se comprendería: Macri se coronó presidente con el respaldo de las zonas del país donde la producción representaría el 75% del PBI.
La segunda mitad del mensaje de Macri se apartó de la herencia y tuvo más lazos con la génesis política del PRO. Aquella que abreva mucho en el aspiracionismo. La de una nación mejor, con igualdad de oportunidades, donde se pueda vivir feliz. “Un país que nos cuide”, ejemplificó el Presidente.
 Se trata de una apropiada receta de campaña –quedó demostrado– cuya onda expansiva aún podría servir en medio de una comunidad con esperanza. Pero cuyo vuelo irá menguando irremediablemente a medida que el tiempo transcurra.
El Presidente no sólo tomó nota de los peronistas que no lo provocaron en el Congreso. También puso atención en Cambiemos. Nombró expresamente, en la única mención de la hora de lectura, a Elisa Carrió por un futuro proyecto de beneficio para los niños. La diputada, más allá de los votos, constituye siempre un símbolo en relación a la transparencia.
 Endulzó al radicalismo cuando, al recordar el centenario de la primera victoria electoral de Hipólito Yrigoyen, propuso avanzar con una reforma política. Se apropió por un instante del “Nunca Mas” florecido durante el alfonsinismo para anticiparse a los 40 años del golpe militar que derivó en la dictadura sangrienta. También, para enfrentar los avatares internos que detonará en esa fecha, el 24 de marzo, la visita del presidente de EE.UU., Barack Obama.
Quizá buscando no encrespar más los ánimos de los ultra K, el Presidente orilló más los problemas de corrupción que la herencia de la penetración del narcotráfico. Sucede que muchas causas somnolientas en Comodoro Py durante el kirchnerismo se comenzaron a desperezar. Hay siete ex funcionarios procesados y Cristina fue citada para el 13 de abril por el juez Claudio Bonadio, por ventas de dólar a futuro que hizo el Banco Central.
Macri, en cambio, recordó la muerte del fiscal Alberto Nisman. Casi al mismo que estalló un escándalo alrededor del caso. La jueza Fabiana Palmaghini se declaró incompetente en la causa y denuncia penalmente a la fiscal Viviana Fein, quien defendió hasta el minuto final la tesis del suicidio.
La crisis derivó de la maratónica declaración Jaime Stiuso. El espía, viejo socio de los Kirchner, habría dicho que Nisman fue asesinado por su investigación sobre la voladura de la AMIA.
 Bajo fuego podría quedar no sólo la muerte del fiscal. También, el Memorándum con Irán y la propia figura de Cristina. Macri y los talibanes K se desayunaron de esa novedad cuando la contienda en el Congreso había concluido.

HOLA...!!! ESTAMOS DE VUELTA

Hola Queridos Amigos de La Misère Porc;  sorry por estos cinco días ausentes, pero problemitas de salud así lo exigieron. 

Por tanto, estaremos juntos hasta la próxima “nana”. Muchas gracias por estar con nosotros.

La Misère Porc












domingo, 28 de febrero de 2016

PRONTUARIOS K (5)


Macri prepara un discurso sin ahondar en la herencia recibida y con eje en las propuestas



DOMINGO 28 DE FEBRERO DE 2016

Tras un debate interno, se optó por sólo hacer un "diagnóstico"; no se esperan anuncios.



LA NACION























Foto:Archivo/Captura tv Casa Rosada


 El debate quedó instalado. Un sector, más político, creía que Mauricio Macri debía dedicar buena parte de su discurso en la Asamblea Legislativa a contar con detalles la situación económica con la que se encontró desde que llegó a la Casa Rosada. Otro, más pendiente de los sondeos de opinión, los focus groups y la comunicación fina, apostaba su pleno a otro estilo, de mirar hacia adelante.

La última palabra la tuvo el Presidente, que finalmente se volcó por una salida intermedia. Según confiaron fuentes del entorno más cercano a Macri, su mensaje, pasado mañana, tendrá un repaso y diagnóstico del estado de las cuentas públicas, aunque no será el eje central, sino un tercio del discurso, que el Presidente completará con la propuesta legislativa para este año y un punteo de sus próximos pasos en la gestión.

A su regreso de Roma, Macri afinará junto al jefe de Gabinete, Marcos Peña, los detalles o agregados, pero los asesores presidenciales ya tenían lista el fin de semana la línea directiva de las palabras que pronunciará, que tendrá por escrito.

En ese tironeo interno por imponer una postura, los aliados radicales de Cambiemos no se privaron de exponer sus exigencias y el miércoles pasado, tras el retiro que hicieron en Luján, plantearon abiertamente la necesidad de que Macri expusiera con lujo de detalles la famosa "herencia kirchnerista", que calificaron como una "verdadera hipoteca".

Era, en rigor, la misma opinión que tenía el sector más político que rodea al Presidente, entre ellos el titular de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, y el ministro del Interior, Rogelio Frigerio. "Yo haría un discurso largo contando todo", se sinceraba un funcionario del ala que pretendía darles mayor difusión a los datos negativos de la gestión anterior.

Del otro lado, Peña y el asesor comunicacional Jaime Durán Barba se volcaban por imprimirle a la escena otro estilo, en línea con lo que fue la campaña propositiva del macrismo.

La estrategia no era contraria a lo que opina el resto, pero iba por otro lado: ellos creen que el relato antikirchnerista se instala de otro modo y con otros tiempos, con hechos que el común de la gente percibe fácilmente. Los dos son poco proclives a los discursos largos y cargados.

El debate sobre lo que debería incluir el discurso presidencial de alguna manera replicó las internas que se viven dentro del gabinete. En el sector que responde a Peña incluso se sorprendían ante la presión que creen que tanto políticos como medios ejercen para que el Presidente cuente lo que encontró. "¡Si es lo que Macri hace todos los días!", responde un funcionario, asombrado.

Asesorado por su equipo de comunicación, que tiene al ministro coordinador como cerebro, el Presidente se mantiene en esa línea. En cada discurso se encarga de destacar siempre su visión de cómo encontró la economía.

Lo hace con frases sencillas, sin detalles. "Eso es lo que penetra, no tanto que hablemos en términos técnicos", aclaran quienes defienden esa estrategia.

Para el kirchnerismo, que Macri hable de la herencia significa la justificación de un ajuste en la economía. Para el ala política más radicalizada de la sociedad que gobierna, se trata de exponer la parte negativa del estado de las cuentas públicas.

Los que apuestan a otro modo de comunicación resaltan la necesidad de hablarle a la gente en líneas más generales sobre la situación que se encontró, pero sobre todo prefieren resaltar lo que van a hacer.


Siempre hacemos mención al estado en que encontramos el país. Va a haber un repaso y un diagnóstico, pero el discurso no va a estar centrado en eso. Es apenas una parte", informó a LA NACION uno de los más cercanos colaboradores del Presidente.
El mensaje ya está escrito. De eso se encargan Peña y el equipo de comunicación bajo su mando, además del secretario general de la Presidencia, Fernando de Andreis.
La idea que se terminó imponiendo es que Macri hablará de cómo encontró los distintos organismos y ministerios en una primera parte, para después pasar a los ejes de su gobierno. Todavía no está definido si irán con algún eslogan que sirva para plantear comunicacionalmente el año.
Por supuesto, presentará los proyectos de ley por venir, como una nueva ley de defensa de la competencia, que ya anticipó el secretario de Comercio, Miguel Braun.
La inflación será parte central del mensaje. Además, se presentarán los avances sobre el acuerdo con los fondos buitre (la derogación de la ley cerrojo y de la de pago soberano serán los primeros proyectos que entrarán) y se planteará la universalización de la asignación por hijo o la rebaja del IVA para los productos de la canasta básica, que ya fueron varias veces prometidos.
¿Anuncios? "No es nuestro estilo", explican en la Casa Rosada, pero nadie se anima a descartarlo.
El Gobierno le imprimirá a la Asamblea Legislativa la misma sobriedad que tuvo el 10 de diciembre. Están invitados todos los gobernadores, los integrantes de la Corte Suprema y el cuerpo diplomático.
En la calle, el macrismo también jugará su apuesta: ya se lanzó la convocatoria para la plaza Congreso, aunque en Balcarce 50 bajan las expectativas sobre la concurrencia, que sostienen, no será como el día de la asunción presidencial. Ése es el lugar al que irán los "voluntarios", como llaman a los militantes.

Las discusiones por los despachos

En la Cámara de Diputados, kirchneristas y macristas sostienen una amarga disputa por varios despachos del tercer piso. Se trata de oficinas que ocupa el kirchnerismo, pero que el presidente de la Cámara baja, Emilio Monzó, pretende para legisladores de otros bloques políticos. La mira de Monzó está puesta especialmente en el kirchnerismo duro.
El jueves, Monzó, a través de una nota del secretario general de la Cámara, Guillermo Bardón, pidió al FPV que entregara las llaves de los despachos 305, 307 y 340, ocupados por Máximo Kirchner y sus asesores; 315, 317 y 319, de Teresa García y su equipo; 329, de Carlos Kunkel; 313 y 338, donde funciona la sala Néstor Kirchner, y 313 bis, donde está el comedor.
En el kirchnerismo consideran una afrenta la decisión de Monzó y no quieren dejar las oficinas. Desde 1983, el PJ maneja el tercer piso del Congreso, mientras que la UCR hace lo propio con el segundo. "Es altamente significativo que la oficina que tuvo Néstor Kirchner sea una de las que se intentan desalojar, justo en el día en que habría cumplido años", declaró el jueves la diputada García. La cuestión todavía está irresuelta y se definirá la próxima semana.

Corrupción, cómplices y futuro





28/02/16

La columna de Lanata


Ahora que queremos suponer que el populismo está en retirada en América latina, es un momento inmejorable para preguntarnos por qué se quedó tanto tiempo. ¿Qué tuvimos que ver con Chávez, con Kirchner, con Cristina? ¿Qué tendremos que ver con Laclau, con Morales, con Correa?
En general, los países viven los momentos críticos como si, de pronto, un grupo llegara en un ovni a dominar a un montón de nacionales honrados. Es obvio: tenemos que ver con las cosas que nos pasan, de otro modo haríamos algo para evitarlas.
En uno de mis viajes a Venezuela (ahora no puedo volver porque la última vez fui detenido ahí por los servicios de inteligencia locales) alguien me dijo, hablando del país que antes era de Chávez: “Es que acá no había empresarios, había millonarios”. Eso hizo que me preguntara algo que deberán responderse los propios venezolanos: ¿De qué modo el propio país “creó” a Chávez, creó las condiciones para que Chávez se reprodujera y perdurara en el poder?
En todos los países hay monstruos de guardia, como las farmacias: la gente los llama cuando ve que sus deseos se volvieron excesivamente animales y más tarde, cuando brota demasiada sangre debajo de la alfombra, el público se golpea el pecho como una ancianita devota y perjura no haberlos conocido nunca. Pasó con los miles de desaparecidos en los setenta y ochenta. Sucede hoy, cuando quienes pedían censura ahora también tienen tapada la boca. Le pasó a Víctor Frankenstein cuando la criatura se dio vuelta y le hizo frente.
A la hora de hablar de valores y de convivencia, el mundo se vuelve complicado: es poco lo que podemos enseñarnos unos a otros, a lo sumo volver a aquella escena de “El huevo de la serpiente”, de Bergman, que transcurre en la Berlín de 1920 durante la República de Weimar: está todo tan perdido que el protagonista se cruza con un cura y el cura le dice: “Ya nadie puede perdonar a nadie, podemos perdonarnos los unos a los otros”.
Voy a hablar, entonces, desde el terreno de los relativos, incluso en lo que se refiera a la Argentina: nada bueno será lo único bueno; nada malo será lo único malo. Pronuncio esta charla en un país que le dio el voto a los negros en 1964 y en el que hoy un precandidato presidencial propone construir un muro contra los inmigrantes.
Llegué el lunes de Madrid, donde Franco gobernó cuarenta años, muchos de ellos al lado de Mussolini o Hitler. ¿En qué fuimos populistas? ¿En qué lo seremos aún? La mayoría de esas explicaciones se encuentran en nuestra historia, es tan obvio como eso: somos su resultado. Decía Woody Allen: “No me extraña que haya existido el Holocausto, me asombra que no haya vuelto a suceder”. ¿Habrán sido las llamadas por el politólogo Guillermo O`Donnell “democracias de baja intensidad” las que produjeron el populismo? ¿Las democracias poco democráticas? Muchos se negaron a ver entonces el resurgimiento de una especie de setentismo vacío, un brote anacrónico, estereotipado y dirigido a fanáticos: era el fracaso de los setenta que finalmente llegaba al poder, aunque en su versión moderna.
Así como algunas guerrillas buscaron alianzas con los narcos latinoamericanos, ahora otras guerrillas desarmadas buscaron alianzas con la corrupción estructural. La corrupción populista de estos años dejó al neoliberalismo en un juego de niños. Ernesto Laclau primero, y luego otros intelectuales “orgánicos” (en la más fiel acepción del intelectual soviético) le acercaron los elementos necesarios para controlar la secta: señalar a la prensa como el enemigo mortal, abolir toda historia que no fuera la escrita por ellos mismos, terminar con las preguntas y favorecer el diálogo directo del líder con la masa (curioso diálogo en el que la masa sólo puede aplaudir).
Lo de rebautizar países, obras públicas, movimientos, tiene su antecedente en el síndrome fundacional de toda dictadura. Es el mismo razonamiento que los lleva a considerarse la Nación, el país, el Pueblo. Recordaba Eduardo Galeano una conversación escuchada hace décadas en un tren de Quito, donde un señor comentaba a otro: “¡¡Usted no sabe cómo le pega!! ¿A la mujer? Sí, a la mujer. ¡¡La trata como si fuera el Estado!!”. El Estado es ese territorio de nadie que debe financiarnos por derecho, frente al cual nadie siente ninguna obligación.
Hablemos un segundo de Argentina, en verdad, de Buenos Aires, una ciudad que se fundó dos veces. ¿Alguien puede nacer dos veces? Buenos Aires lo hizo: fue fundada en 1536 y en 1580, con otra pequeña duda: a principios del siglo XX, el promotor del proyecto del puerto de Buenos Aires, Eduardo Madero, encontró en el Archivo de Indias que en 1535 Pedro de Mendoza, el fundador, estaba en España. Y no había entonces vuelos directos de Iberia. Desde aquella gaffe quedó 1536, aunque nunca se coincidió en el sitio: Parque Lezama, Humberto Primo y Defensa, Puente Uriburu, Escobar o Ingeniero Maschwitz. No deben preocuparse por esto último, porque, de todos modos, las actas de fundación se perdieron. ¿Un pequeño tropiezo para nuestra toma de conciencia del Estado?
La primera imagen gráfica de Buenos Aires, realizada por el cronista Ulrico Schmidel, es una escena de canibalismo: el fuerte fue rodeado por los indios. La segunda fundación salió desde Asunción del Paraguay y los españoles fueron minoría: Buenos Aires fue fundada por paraguayos. De los primeros setenta pobladores de Buenos Aires, en 1580 sólo cuatro eran peninsulares.
El segundo round tampoco fue muy heroico: llegaron y se fueron, como consta en crónicas de la época: “Se multiplicaban los animales abandonados; la gente usaba las tierras vecinas para llenar los desniveles de las suyas y se preocuparon, fundamentalmente, por dejarlas a su nombre para venderlas luego”. En menos de nueve años Buenos Aires estaba otra vez vacía. Un acta del cabildo de 1589 les solicitaba a los vecinos que dejaran a alguien en sus tierras.
Hasta el nombre del país resultó una broma cáustica: Argentum, el lugar donde no había minas de plata. No era un Estado lo que se formaba allá, en Buenos Aires. El Estado era el español, el que manejaba la política, la economía, y la vida a discreción. Y que tampoco –como un Estado moderno– estaba formado por iguales. La venta de cargos públicos (el eufemismo bajo el que se ocultaba era “donativo gracioso”) y la autorización de excepciones en un puerto semicerrado generaron una cultura en la que el desarrollo de un Estado era imposible.
A la vez, conscientes del origen ilegal de sus fortunas, los comerciantes de la época “ocultaban sus onzas para evitar la sorpresa de los jueces o la envidia de los vecinos. Sus procedimientos eran sencillos: se especulaba sobre el trigo, reservándolo en épocas de buenas cosechas para hacer subir los precios, realizando ganancias a costa del hambre de sus vecinos; vendían al contado, colocaban su dinero al 5% con garantía hipotecaria o compraban esclavos negros que explotaban hábilmente en los oficios ‘industriales’”, describe Juan Agustín García en “La ciudad indiana”.
“El apego al trabajo fue una rara avis en estas tierras: los españoles arribaron convencidos de su calidad de “hijosdalgos” aunque en verdad distaban bastante de poseer sangre azul. Ni bien desembarcaba el español en Indias, por más modesta que fuera su alcurnia, su primera preocupación era tener uno o varios sirvientes que le ahorraban el menor esfuerzo físico, hasta el mínimo de ir a buscar un poco de agua para tomar”, escribe Emilio Coni en “El gaucho”, en 1945.
De los diez mil habitantes de Buenos Aires en 1744, sólo 33 eran agricultores, mientras una minoría riquísima acumulaba riquezas en base al juego, al contrabando y al tráfico de esclavos. Fue precisamente alrededor del 1600 cuando se levantó en la ciudad la primera casa de juego, cuyo dueño era el Tesorero de la Real Hacienda, capitán Simón de Valdéz. El garito quedaba en la esquina de las actuales calles Alsina y Bolívar y, por supuesto, estaba a tope de funcionarios reales, traficantes y contrabandistas, al punto que debió ser clausurado al poco tiempo. Luego de ser eximido de prisión, Valdéz fundó su segunda “Casa de Trueques”, en un sitio encantador: un local anexo al Cabildo, protegido por la galería del edificio.
La Corona entregaba “concesiones” sobre la venta de determinados productos: mercurio, sal, tabaco, pólvora, riña de gallos y fijaba los precios: una gallina de Castilla, un peso y medio; un huevo, medio real de oro; un vino medio, un peso de oro, según la distancia del puerto hasta la taberna. Frente a la política de la discreción tiene más valor la agenda que el diccionario. Importará conocer a determinadas personas y poder negociar con ellas, ellas transferirán parte simbólica de su poder al gestor favorecido. La ilegalidad aportará, de suyo, un compromiso mayor, la idea de secta o mafia o club privado.
La versión brutal y cotidiana de aquel ejercicio colonial es lo que hoy llamamos clientelismo: sirve para que tu hijo entre a una escuela, para que te regalen un colchón o un empleo en el Estado municipal. Antes se llamaban caudillos, ahora punteros. Curiosa coincidencia: así se llama también, punteros, a los que proveen drogas al por mayor a los dealers. La ley queda así condicionada a la presión de la costumbre: gira al calor del poder en estado de excepción.
Cuando hace algunos años publiqué mi libro en dos tomos “Argentinos”, un trabajo de divulgación histórica que abarcó desde el nacimiento del país hasta el primer gobierno de Néstor Kirchner, Argentina había dictado 177 leyes de amnistía en todas las áreas, impositiva, penal, civil, etc: 124 eran leyes y 53 decretos. En la historia del país había, entonces, 206 moratorias impositivas: perdones del Estado a evasores, 854 excepciones a distintos impuestos y 49 “pagos únicos y definitivos”, también 17 “pagos por única vez”.
¿Qué pasará ahora con Macri? ¿El país cambiará en 15 días? Escribí hace poco que éste no era un cambio, que podía ser, en el mejor de los casos, el comienzo de un cambio. Creo que los cambios rápidos no existen y, si suceden, vuelven al poco tiempo al estado inicial. Argentina enfrenta ahora un sacudón económico del que será difícil salir, pero se saldrá. El país es rico y siempre ha podido volver a ponerse de pie. No creo, por eso, que las preguntas fundamentales sobre Argentina tengan que ver con la economía o la llegada de inversiones, ya que el gobierno ha dado mensajes de previsibilidad. Creo que el problema de la Argentina es preguntarnos si seremos capaces de trabajar por un resultado que no vamos a ver.
Un país es un ejercicio de futuro que nace de dar; no se rige con las reglas de la Bolsa. Casi nadie en la Argentina hoy cree en la Justicia. Y hacen bien, la Justicia ha sido venal y corrupta. Nunca, en Argentina, los presidentes o los ministros han ido presos. Las causas se extienden durante décadas y finalmente prescriben o se cierran.
El gobierno de Cristina Kirchner ha sido el más corrupto desde la llegada de la democracia en los ochenta. Dejó, también, una grieta social profunda que se tardará en superar: una Argentina dividida, resentida, enfrentada. Existen causas de sobra para que Cristina esté detenida hace tiempo. Su libertad es un mensaje de impunidad. Hay más de 745 causas judiciales contra Cristina y miembros de su gabinete. ¿Argentina querrá ahora empezar a cambiar?
*Conferencia del autor en el CIGS (Center for International & Government Studies) de Boston, auspiciada por el David Rockefeller Center for Latin American Studies at Harvard University, la Nieman Foundation, Santander Universities y el HASS.

El encuentro de dos personas diferentes



DOMINGO 28 DE FEBRERO DE 2016


LA NACIONVienen de mundos y de formaciones muy distintas. El Papa se formó en la Iglesia latinoamericana más cercana a los pobres que a los poderosos, aunque nunca se dejó confundir por las teorías marxistas ni, mucho menos, por la insurgencia armada. Sintió cierta admiración por el Perón conciliador y patriarcal de los años 70. El Presidente nació y creció entre empresarios y se educó en la escuela del pensamiento liberal, aunque el ejercicio de la política lo sensibilizó frente a los sectores más vulnerables de la sociedad.Los dos se encontraron ayer por primera vez desde que uno es el jefe de la Iglesia Católica universal y el otro es el presidente de los argentinos. "El Papa fue extremadamente cordial", repitió luego el Presidente. "Aquí falta alguien", le recordó el Papa a Macri cuando vio a su esposa, Juliana Awada. Faltaba la hija del Presidente, Antonia, a quien Francisco tuvo varias veces en brazos. Ayer, por primera vez, un presidente argentino fue recibido como se recibe a los presidentes en el Vaticano, con el interminable boato de su ceremonial. Un dato que el Pontífice dejó caer, como al pasar, sobre la mesa. El Presidente se fue con la impresión de que el Papa podría visitar la Argentina en el primer semestre de 2017.Nunca se llevaron mal, al revés de lo que cuenta la leyenda urbana. Ni siquiera existió la diferencia tan evocada por la unión civil entre personas del mismo sexo, que Macri dejó que ocurriera en la Capital. Ésa no es una cuestión conflictiva para el Papa. "Son decisiones de los gobiernos para resolver problemas de la sociedad", decía el entonces cardenal Bergoglio. Sí lo es, en cambio, el uso de la palabra matrimonio para esas uniones.Sin embargo, la confusión tiene sus argumentos. El entonces cardenal Bergoglio debió endurecer su posición sobre la unión civil en la Capital luego de que su posición moderada perdió una votación en la asamblea episcopal (la única vez que fue derrotado en ese cuerpo). El sector conservador de la Iglesia argentina llevó el asunto a Roma y el cardenal temió que le cayera una intervención. Si eso hubiera sucedido, hoy no existiría el papa Francisco. Bergoglio endureció sus expresiones, entonces, por una cuestión interna de la Iglesia, no por un problema con Macri. Ése es el trazo verdadero de la historia.Hubo desde que asumió Macri la impresión de un papa distante del nuevo presidente argentino. ¿Existió esa distancia? El problema fue la comparación con los amores tan aparentes como estridentes del cristinismo con el Pontífice. Ni el Papa estaba dispuesto a seguir en el tren del amiguismo argentino, que sobreactuó la ex presidenta, ni Macri, por sus propias razones, quería imitar a Cristina Kirchner. Se vio entonces a un papa frío con Macri, pero el propio Presidente suele decir que nunca fue así. El nuevo estilo explica la protocolar formalidad del Pontífice en la foto de ayer con Macri, que impactó entre algunos argentinos. ¿Se avecina otra polémica absurda?Estamos ante un caso extraño. El Papa es el líder moral con mayor prestigio en el mundo, pero en su país, donde vivió 76 de sus 79 años, es donde más se lo critica. La imagen que algunos sectores tienen de él puede resumirse así: es un papa peronista al que no le gustó que ganara Macri. Más allá de aquellas juveniles admiraciones por el Perón viejo y consensual, lo cierto es que Bergoglio fue crítico del menemismo en los años 90 y se enfrentó con el kirchnerismo en la década posterior. Un supuesto peronista que despreció el poder durante 20 años. Un peronista imposible.Una de las certezas argentinas que más molestan en el Vaticano es la que afirma que el Papa recibió seis veces a Cristina. En rigor, la recibió en el Vaticano sólo tres veces, y las tres fueron iniciativas de la entonces presidenta argentina, no del Papa. Nunca el Vaticano (y el propio Papa) se molestó tanto como cuando Cristina apareció rodeada por La Cámpora con la algarabía de un viaje de estudiantes. Desde entonces, el Pontífice recibió a Cristina en el Palacio Apostólico, serio y estricto, y no en la residencia de Santa Marta. Las otras tres veces se vieron por iniciativas de presidentes latinoamericanos durante vistas papales (en Brasil, Paraguay y Cuba) y se limitaron a estrictos saludos en el altar luego de una misa.Esos antecedentes son los que explican la vocación del Papa (y del Vaticano) para reformular la relación de una manera más respetuosa y protocolar que la que existía. La única aspiración política de Francisco con respecto a su país se limita a dos postulados: que haya una mayor inclusión social y que se trabaje para pacificar a la sociedad. "El Papa no le pide otra cosa más que ésas a la política argentina", afirman fuentes seguras del Vaticano. Macri, a su vez, le llevó los principales objetivos de su gobierno: pobreza cero, narcotráfico y unión de los argentinos. Los objetivos de ambos no son distintos.El Papa le habló ayer a Macri del narcotráfico en el país, una de sus viejas obsesiones argentinas. "No sé cómo se pudo llegar a tanto en el país", le comentó. Y puso especial énfasis en la necesidad de luchar contra la corrupción. Vale la pena consignar un dato. Si bien lo que hace el juez Claudio Bonadio corre por su cuenta y orden, como haber llamado a declaración indagatoria a Cristina Kirchner, la relación de ese magistrado con el Papa es especial. Francisco recibió a varios jueces federales, pero es amigo personal de Bonadio desde hace 30 años.El Papa sabe que la sociedad argentina está herida. "Hay todavía mucho enojo en los dos lados", le dijo a Macri, y le pidió a éste un nuevo esfuerzo para reconciliar a los argentinos. Fue una alusión implícita a kirchneristas y antikirchneristas. El caso del regalo de un rosario a Milagro Sala expuso de nuevo la necesidad de pacificar al país. Sólo una sociedad muy fracturada puede interpretar torcidamente un acto de carácter sólo religioso. La polémica interpela a los argentinos más que al Papa. El antikirchnerismo cerril cree que el Papa lo traicionó con ese gesto y el kirchnerismo ciego está convencido de que es uno de ellos. El efecto de esa disputa entre fanáticos es un papa forzosamente derrotado. Él no puede ser propiedad de facciones en su país.Un papa increíblemente kirchnerista no le conviene ni al propio Macri. Por eso, el Presidente describió la discusión como una "interpretación errónea" de lo que hizo el Pontífice. El arzobispo Víctor Fernández, el prelado argentino más cercano a Francisco, dio una precisión clave para entender el gesto del Papa. Sala le envió una carta y Francisco le contestó con el regalo del rosario. No quiso responderle con una carta para no aparecer interfiriendo en la Justicia.El problema no es el rosario ni la persona de Milagro Sala; es la profunda división de la sociedad. El gesto del Papa se incrustó, además, en una discusión local sobre si Sala debe estar presa en esta instancia del proceso, cuando todavía no fue llamada a indagatoria ni mucho menos procesada. Aun cuando seguramente es culpable de muchas cosas, la arbitrariedad de esa prisión puede establecerse con sólo contrastarla con otros casos. Amado Boudou está tres veces procesado por delitos de corrupción. Anda libre por la vida. Ricardo Jaime está tres veces condenado a prisión por delitos de corrupción y sustracción de documentos. Está en libertad porque apeló esas decisiones. ¿Por qué el trato a Sala debe ser diferente?Macri sufre encerronas parecidas. El antikirchnerismo fanático tampoco le perdona al Presidente sus necesarios acercamientos con el peronismo. En Roma, el Papa y el Presidente descubrieron que están en situaciones parecidas, a pesar de que fueron formados por otros mundos y por otras culturas.
El Papa sabe que la sociedad está herida. "Hay todavía mucho enojo en los dos lados", le dijo a Macri, y le pidió un nuevo esfuerzo para reconciliar a los argentinos.