Miércoles 18 de febrero de
2015 | 20;50 Hs
"Cuando el enemigo son los estudiantes sin armas y los fiscales con corbata", precisa en una editorial por la marcha a un mes de la muerte del fiscal alberto Nisman
El periodista y columista Hector Schamis, del diario El País, de España, escribió una columna titulada "#18F en Argenzuela", a raíz de la multitudinaria convocatoria en la Argentina a un mes de la muerte del fiscal Alberto Nisman.
En esa columna, Schamis vuelve a escribir la
palabra Argenzuela, a la que define como "un país con dos capitales, Buenos
Aires y Caracas, creado por el acuerdo político de dos casas cuasi reales, la de
Kirchner y la de Chávez".
"De hecho, Argenzuela implosiona ante nuestros ojos
este 18 de febrero. Exquisita coincidencia, en ambos lugares, diversos sectores
de la sociedad civil salen a la calle en este 18 de febrero", destaca, en
alusión a las protestas del año pasado en Caracas donde fue encarcelado el
opositor Leopoldo López, hace justo un año.
A continuación, la
columna completa del periodista Schamis.
"Alguna vez desde este mismo lugar escribí acerca
de la historia de Argenzuela, país imaginario con dos capitales, Buenos Aires y
Caracas, creado por el acuerdo político de dos casas cuasi reales, la de los
Kirchner y la de Chávez. Su política económica era similar, sus alianzas
internacionales eran las mismas, su desdén por las instituciones republicanas,
equivalente, y sus deseos de perpetuarse en el poder, idénticos. Era una especie
de Imperio Austro-Húngaro, pero en América del Sur.
Aquel imperio europeo tuvo medio siglo de
existencia. Este durará menos, aunque fue más largo de lo necesario y, sobre
todo, más de lo aceptable. De hecho, Argenzuela implosiona ante nuestros ojos
este 18 de febrero. Exquisita coincidencia, en ambos lugares, diversos sectores
de la sociedad civil salen a la calle en este 18 de febrero.
En Venezuela los familiares de los presos políticos
llaman a la sociedad a vestirse de blanco. Los estudiantes regresarán al lugar
de aquellas masivas protestas de febrero pasado, donde se entregó Leopoldo
López. Reclaman hoy por los encarcelados sin causa. Recuerdan a aquellos
asesinados en las protestas de hace exactamente un año, cuyos verdugos fueron
identificados pero jamás llevados a juicio. Piden, en definitiva, por la paz, la
libertad y la justicia. Hoy no tienen ninguna de ellas.
Es el espanto de dos gobiernos que cada vez se
parecen más a una organización criminal, para la que perpetuarse en el poder es
la manera de asegurar su impunidad.
En Argentina la sociedad acude a la convocatoria de
un grupo de fiscales para reclamar contra la impunidad y por la justicia en la
muerte de un colega, Alberto Nisman, cuyo caso cada vez se parece menos a un
suicidio. Fernández de Kirchner lo consideró un suicidio, pero luego,
constituida simultáneamente en acusada y juez del fiscal Nisman, por su propia
cuenta le cambió la caratula al caso: asesinato. Esta marcha es por la justicia,
contra la impunidad de los asesinos de Nisman, pero lo curioso es que la
Presidente critica-y desprecia-a los fiscales que organizan la marcha, no a los
asesinos.
Estas líneas están escritas con urgencia y con
temor, temor de dos gobiernos que ya casi no existen, pero que se sienten dueños
del poder. Con miedo a dos Estados que no son capaces de hacer política
monetaria con coherencia, pero cuyos servicios de inteligencia conocen demasiado
de la vida de los ciudadanos y tienen demasiada autonomía. Con temor a dos ideas
políticas que no tienen presente ni mucho menos futuro, pero sí recursos para
poner una fuerza de choque en la calle y provocar a estudiantes sin armas y a
fiscales con corbata.
Se trata de dos gobiernos que tienen la absoluta
certeza que, a esta altura, su relato solo convence a quien está pago, es decir,
no convence a nadie. Es el espanto de dos gobiernos que cada vez se parecen más
a una colección de organizaciones criminales, para las que perpetuarse en el
poder no es por política ni ideología sino simplemente la manera de asegurar su
impunidad.
En definitiva, Argenzuela tiene hoy en el poder a
dos entidades sin poder, dos fieras heridas. Se saben muertas, pero su propia
agonía las determina a llevarse con ellas a todo aquel que esté cerca. Y lo peor
del caso es que eso mismo lo exhiben con orgullo, amenazan con arrogancia,
actúan con impunidad.
Las incertidumbres abundan acerca de cuándo y cómo
terminarán estos gobiernos fallidos y qué dejarán detrás. Pero hoy, sin embargo,
hoy lo único que importa es que este #18F termine en paz"..
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