domingo, 29 de diciembre de 2019

Maradona, Nisman, Cristina y la cultura dominante

Clarín



28/12/2019


Maradona, Nisman, Cristina y la cultura dominante

El ex futbolista regresó a la Rosada a exhibir su militancia oficialista. Al mismo tiempo, la ministra de Seguridad asume como “Casa Tomada” a la Justicia.




Diego Maradona en el balcón de la Rosada
con la réplica de la copa de México 86.
Foto: AP



  Miguel Wiñazki
                                   La columna de los sábados



Las personas, como explicó el antropólogo Ernst Cassirer, a quien debe haber leído la ministra Sabina Frederic, somos “animales simbólicos”. Una sociedad se comprende desde los símbolos que produce.

Maradona en el balcón de la Casa Rosada es un símbolo. Es una alegoría viviente con pregnancia popular que arraiga en la cultura política y en el vértigo emocional masivo. Su protagonismo iconográfico no es entonces un hecho irrelevante. Por el contrario, es un espejo descarnado del poder que impera. Los símbolos configuran mentalidades y sistemas morales. En este caso exoneran y exaltan a la trampa de la mano de Dios.

Embebido en un saco azul cobalto, Maradona extendió los brazos con los dos dedos en V desde la preeminencia de ese palco abierto, de ese imán de tantas idolatrías y también de tantos rechazos. Agitaba con una sonrisa total su brazo derecho mientras tiraba besitos a los aclamadores que lo vivaban desde abajo. Él respondía señalando con el puño su corazón. Profetizaba que “no vuelven más” encorsetado en sus bermudas, y así, victorioso, ampuloso, gestual y desafiante exhibía su militancia oficialista. Él, tan solidario con Fidel, con el Che tatuado en su sangre, con Carlos Menem, con Domingo Cavallo, con Cristina y con Néstor, con Nicolás Maduro el implacable déspota de Caracas, y con Evo Morales, que poco después que Maradona también llegó a la Plaza de Mayo junto a Hebe Bonafini. Así recrearon el prepotente eje bolivariano, Diego, Evo y Hebe, hermanos de la Patria Grande que se sostiene en Cuba, en la sangrienta y tan violenta Nicaragua de Daniel Ortega, y en la eternidad tortuosa de Venezuela que no se libera de la narcodictadura.

Todo se alinea con la revisión postulada de la muerte de Alberto Nisman, suicidado según la visión oficial regimental, y asesinado según la pericia de Gendarmería ahora impugnada. Una fuerza que también será revisitada por su actuación previa a la muerte de Santiago Maldonado, convertido en signo y símbolo del altar del kirchnerismo resistente y recurrente en su pasión política por el revisionismo ideológico de la historia reciente.

La ministra de Seguridad asumió con sus dichos que la justicia es 
“Casa Tomada” por el Ejecutivo, y requirió la corrección de lo actuado, así como Cristina Kirchner buscaría rediseñar al Consejo de la Magistratura para librarse de toda culpa y cargo, manipulando lo que en democracia no debiera ser tutelado.

La vicepresidente (el genérico neutro vale) será liberada de toda culpa y cargo, y eso parece inevitable.


La premura de la exculpación es inversamente proporcional a la demora de la resolución de las causas de miles de presos comunes que no han tenido el beneficio de los fueros y de los privilegios de la alta política.

Termina el año. Comienza otra década, pero el sistema de inmunidades que protege a cierta ralea poderosa permanece incólume y feudal.

Toda la mitología K victoriosa otra vez y rediviva va encendiendo uno a uno los símbolos sedientos de la adhesión popular, tan necesarios para imponer en simultáneo la austeridad extractiva de los bolsillos de los laboriosos, que para algunos; los mercados globales, es una señal de responsabilidad de los deudores, y que para otros es un “austericidio” en marcha y descaradamente injusto. Los que trabajan y siempre pagan la factura del bolsillo suelto del Estado que reparte lo que no produce, no estarían vislumbrando la felicidad tan prometida.

El juego azuzado de los símbolos es un vector instituyente de conductas masivas, es una pedagogía imperial que busca configurar la mirada colectiva sobre los temas esenciales.

La simbología dominante es siempre pergeñada por la clase política dominante.

Es así desde siempre: el clan que impera deshilvana el montaje narrativo del clan que lo precedió en el poder.

Se difunden otras músicas, otras danzas y otras palabras.

Cambia y se invierte la visión de la vida y de la muerte; de Nisman, de Santiago Maldonado, de las víctimas del atentado a la AMIA, de los muertos de Once y de los caídos por la inseguridad.

Se imparten otros hechizos.

Se distribuyen dosis de anestesia, de solidaridades retóricas, de entusiasmos de balcón y de sermones de la montaña augurales con bienaventuranzas dedicadas a los marginados.

Alberto asume el control de las cuentas públicas.

Cristina maneja el espíritu de la cultura.

Y es la cultura, la profundidad preponderante.

Una nueva épica con nombre y apellido

LA NACION


29 de diciembre de 2019 



Una nueva épica con nombre y apellido
                             LA NACION



La victoria es furor, la derrota es rabia, sentenciaba el autor de Los miserables. Pero hay ciertas derrotas que también pueden ser parteras de la historia. Subyace, dentro del inabarcable océano del cuarenta por ciento, una tristeza natural y una inquietud creciente. El duelo es sano, pero melancolizarse es inútil; la indignación es necesaria, pero la cólera es necia; el miedo no es sonso, pero la angustia es tóxica. Sobre todo si esa angustia no se la gerencia, tanto en el plano personal como en el público. El regreso al poder de la fuerza hegemónica de siempre (más de lo mismo) no resulta la verdadera novedad política del momento. La noticia más relevante es que desde las cenizas del 27 de octubre se ha insinuado la creación de un movimiento popular republicano. Este nuevo y sorpresivo fenómeno es resultado -entre otras razones y sentimientos comunes- de aquellas movilizaciones multitudinarias (cientos de miles de personas se reconocieron en las calles de las grandes ciudades y en las plazas de toda la República), y lo patético es que ese acontecimiento histórico tiende a ser incomprendido por propios y extraños. Para Cambiemos se trata de una mera adhesión puntual; para los flamantes oficialistas, una expresión cabal del neoliberalismo: parece que hay más de diez millones de neoliberales en la Argentina.

La verdad es que unos y otros se equivocan. Esa sociedad movilizada consideró a Cambiemos una herramienta circunstancial para defender un sistema de vida con división de poderes, organismos de control que controlen, equilibrios y contrapesos, transparencia en las cuentas públicas, castigo a los corruptos, desdén por el caciquismo feudal, economía sustentable, capitalismo virtuoso y razonable relación con el mundo: un país normal. Dentro de ese inmenso colectivo hay radicales, liberales, desarrollistas, socialdemócratas, conservadores y hasta peronistas con convicción institucional; también conviven con ellos simples ciudadanos independientes y librepensadores. No los une más ideología que un republicanismo genérico. Que es popular por lo masivo y porque atraviesa todas las clases sociales. La palabra "republicano" es noble y no alude aquí al partido de derechas de los Estados Unidos, sino al dramático y venturoso sentido que le otorgaron los españoles, cuando se oponían a aquel otro nacionalismo, que también era movimientista y que se engalanaba con la palabra "caudillo". El mayor triunfo de la cultura peronista consistió en que su oposición aceptara desde el comienzo ser innominada. Es un triunfo lingüístico fundamental: existen el peronismo y el antiperonismo. Nada más. Por lo tanto, hay una única fuerza reconocida en el terreno; el resto ni tiene nombre, y hasta puede acatar el ninguneo de ser "contrera" o la animalización de ser "gorila".

Perón admitía que el justicialismo había sido creado para luchar contra la democracia liberal: los "demoliberales" eran sus grandes adversarios. Se refería a la misma democracia occidental que elevó la libertad y el Estado de Bienestar a niveles inéditos en la historia de la civilización humana, algo que el General (nobleza obliga) no llegó a apreciar en todo su esplendor, acotado como estaba bajo la vieja y rancia sombra de su protector, el generalísimo Francisco Franco, y mucho antes de que la Unión Europea desplegara su inspiradora prosperidad. Perón fue el resultado de un ejército nacionalista y filonazi, de la experiencia mussoliniana y de dos golpes de Estado. Pero los "demoliberales" que se le opusieron no tuvieron su talento y, en su famosa impotencia, buscaron también al partido militar para destruir al partido populista. Este ciclo deleznable acabó en 1983, cuando un republicano arrasó en las urnas y derrotó limpiamente al justicialismo. Se creía entonces que el radicalismo era finalmente la nominación posible de esa otra Argentina. La debacle de 2001, sin embargo, echó por tierra esa ilusión, desprestigió a los partidos y alumbró una era imprevisible de movimientos y coaliciones. Cristina Kirchner utilizó las técnicas del neopopulismo para ahondar la división entre réprobos y bienaventurados, y Mauricio Macri logró terminar en tiempo y forma un gobierno civil no peronista, hito simbólico para nuestra democracia de bajas calorías en que monologaban eternamente el militarismo o las veinte verdades. La Pasionaria del Calafate puso a su militancia en modo resistencia contra el gobierno constitucional, apostó por su destitución y ofendió de hecho a sus votantes: les arrojó el guante a la cara, y los republicanos lo recogieron. La reacción fue de manual: quienes respondían estaban "dominados por el odio". Es como si una víctima de bullying recibe varias palizas en el patio de la escuela, un día responde con un solitario codazo y lo denuncian con escándalo en la dirección por ser un alumno violento. Trucos peronistas, más viejos que Apold. Lo cierto es que sucede con los republicanos lo que Ramos y Jauretche contaban de los nacionalistas: una vez fueron "oligárquicos"; recién más tarde se transformaron en "populares". Este republicanismo plebeyo de última generación es contracíclico y encarna la rebel-día frente al statu quo, y, sobre todo, les disputa a los justicialistas el concepto excluyente de "pueblo", apropiación imaginaria e indebida de todo populismo. Nadie puede aseverar hoy que esos diez millones de votantes no sean una parte sustancial del pueblo argentino. Es por eso que la de-nominación "republicanismo popular" (ahora la criatura tiene nombre y apellido) les resulta intolerable a los kirchneristas; los irrita profundamente, los descoloca en su visión caricaturesca y cristalizada de "peronistas versus oligarcas". Porque esta nueva demanda por aclamación, que no debería ser desoída, discrimina los errores del pasado, se separa de ellos y sepulta definitivamente el partido del Anti. El antiperonismo fracasó, y el republicanismo popular, de configurarse, viene a ampliar fronteras y a convivir con sus diferentes ideas internas: sin el antikirchnerismo no se puede, con el antikirchnerismo no alcanza. Y también llega para constituirse en una alternancia real que rescate al peronismo de su vocación antisistema y atraiga incluso hacia la zona de la república a peronistas republicanos que conviven hoy con chavistas argentos en la ambigua adminis-tración de Alberto Fernández.

Esa otra Argentina, derrotada aunque paradójicamente múltiple y palpitante, precisa una dirigencia que tal vez no esté a la altura de las circunstancias. Mientras el peronismo es líquido y plástico (aceptan sus profundas divergencias con tal de recuperar el comando), los partidos republicanos tienden a ser rígidos y susceptibles, a exigir homogeneidad y a refugiarse en la "pureza" (la gendarmería intestina es impiadosa); también, a llenarse rápidamente de límites y a conformarse inconfesablemente con ser viudos de perdedores o pequeñas e inofensivas expresiones testimoniales de una nación que no los comprende ni merece. Estos graves defectos, cocinados en el inoperante y oxidado partido del Anti, no atienden la exigencia de la hora ni conforman el abierto clamor del cuarenta por ciento. Quizá les valgan las máximas de Victor Hugo (el genio). Sostenía el autor de Nuestra Señora de París que la melancolía es solo la felicidad de estar tristes. Que nada resulta tan estúpido como vencer: la verdadera gloria está en convencer. Y que ningún ejército puede detener la fuerza de una idea cuando llega a tiempo.

Sería jocoso, si no fuese la realidad


sábado, 28 de diciembre de 2019

SE CONFIRMÓ, CRISTINA SE QUEDA EN CUBA Y DEVUELVE TODO LO ROBADO









Hoy  28 de diciembre...



La Misère Porc

Humor Político

Clarín


28/12/2019 - 22:22


Humor Político
Juguemos en el bosque mientras Cristina no está



Ella se marchó a Cuba por unos días. Alberto gobierna.


Cristina Fernández de Kirchner
durante la votación de la emergencia
económica. (Rolando Andrade Stracuzzi)






  Alejandro Borensztein


Antes que nada quiero saludar al Partido Justicialista de la Ciudad de Buenos Aires por la última noticia difundida en el distrito: Angelici ​anunció que va a competir por la presidencia de la UCR Capital. A todos mis afortunados amigos del peronismo porteño, mis más sinceras felicitaciones.

Dicho esto, vamos a lo importante. ¿Cristina ​está? No. Cristina se fue a Cuba. Pues entonces aprovechemos.

Ex Ex Ella vuelve el 13 de enero. Tenemos tiempo suficiente como para reconciliarnos, intentar armar un gran acuerdo político y empezar a sacar al país adelante. Sin ella, todo es más fácil. Con ella, todo es para quilombo porque siempre busca roña.

Si no es con los medios es con los jueces, si no es con el campo es con las embajadas, si no es con EEUU es con el Uruguay de Tabaré, si no es con los ahorristas es con los bonistas, si no es con los radicales es con el pejotismo y si no es con Macri es con la izquierda. Sí, amigo lector, también se la agarra con la izquierda. Recordemos una de sus frases que fue hit: “A mi izquierda solo está la pared” (agosto 2014, cadena nacional). En realidad, en ese caso el orden correcto sería: Ella, brazo izquierdo, codo, antebrazo, muñeca, Rolex de Oro y Brillantes y la pared. Entre el Rolex y la pared, según Ella, no quedaría lugar ni para Salvador Allende. Todo raro. O acá hay una distorsión ideológica muy importante o simplemente no hay Cristina sin enemigo.

En cambio, con Tío Alberto se estableció una convención que por ahora se va imponiendo: se supone que él es otra cosa. En realidad, todos sabemos que no pero hacemos como que sí.

De hecho, él mismo declaró “Cristina y yo somos lo mismo”, pero como después de esa frase la distancia con Cambiemos se acortó de 15% a 7%, por las dudas, no la dijo nunca más. Volvió al clásico “Cristina y yo ahora somos amigos”.

En ese plan, el tipo trata de no pelear, se muestra razonable, siempre contesta lo que la gente quiere escuchar pero termina haciendo las mismas genialidades de siempre.

Ejemplo, dice que nunca más va a haber operadores en la Justicia ni manipulación de jueces con los servicios de inteligencia. Se rasca un poco el cachete como para que lo boche el detector de mentira y al toque designa a una jefa de Justicia Legítima al frente de la AFI (los servicios), pone como viceministro de Justicia al que era el segundo de la SIDE en la época de Parrilli, nombra a Zannini como Procurador del Tesoro Nacional y propone como Procurador General al Juez Rafecas, el tipo que en su momento desestimó la denuncia de Nisman en un trámite exprés de cinco minutos.

Por suerte, sobre este último asunto quedó el testimonio escrito de uno de los principales profesores de la Facultad de Derecho de la UBA que desmiente la postura de Rafecas y de todo el kirchnerismo. Dice textualmente: “Cristina sabe que ha mentido y que el memorándum firmado con Irán sólo buscó encubrir a los acusados”. Luego describe con sumo detalle los fundamentos de esta afirmación.

Ese profesor ahora también es el Presidente de la República Argentina y aquel texto con la firma de Alberto Fernández fue publicado en febrero de 2015 en el diario La Nación bajo el título “Hasta que el silencio aturda a la presidenta”. Esto ya lo mencioné en cuatro notas distintas, pero todavía nadie se atrevió a preguntarle sobre el tema. Debe ser una cábala mediática. O miedo. No lo sé. Alguno ya se va a animar.

Lo importante es que ahora Cristina no está y deberíamos aprovechar la oportunidad. Seamos sinceros, en el fondo la mayoría de los argentinos queremos lo mismo. Paz, trabajo y progreso. Y las diferencias son más superficiales que profundas. Superémoslas y vivamos más relajados.

No te digo irse de campamento con Tailhade, Saintout, Tristán Bauer, De Vido y Milani, ese extraño colectivo chavista pro iraní, service & business que es el lado más difícil del kirchnerismo.

Pero estoy seguro que un tipo como Kicillof da para salir a tomarse una birra por ahí, charlar de la vida y pasarla fenómeno. Y si me apuran un poco te diría que un asadito con Máximo y hasta con Wado se puede compartir sin problema. Podés hablar de fútbol y de política. Él te va a explicar las bondades del peronismo, nosotros le vamos a explicar los valores del progresismo, después pedimos un postrecito para compartir, café y nos vamos todos contentos, cada uno a su lado de la grieta.

Obviamente, puesto a elegir, prefiero ir a comer con Carolina Stanley​ pero así nunca vamos a resolver el problema. Hay que juntarse entre los que piensan diferente y la única consigna es que no le contemos nada a Cristina. Que siga en su mambo.

Ella en Cuba es un alivio para todos, empezando por Tío Alberto que ahora tiene 15 días de paz. Lo mismo le debe pasar a todo el equipo de la hotelería. Imaginate a Parrilli, que cada vez que Ella vuelve la tiene que ir a buscar a Ezeiza y cargarle las 8 valijas mientras le grita delante de todo el mundo “¡dale pelotudo, apurate que hoy 
tengo que ir a la oficina a putearlo a Massa!”. No te lo va a reconocer nunca pero en el fondo Parrilli no ve la hora de que ella se vaya de vuelta. Es lógico.

Ahora que Ella no está, tenemos la oportunidad de juntarnos, tratar de entendernos y avanzar. Hacer un gran acuerdo político que es la única manera de recuperar la confianza porque sin confianza no hay Guzmán ​que te salve. Ella ni se va a enterar. Allá no tiene ni Wi Fi.

Con Cristina acá todo es muy difícil porque cuando le da vuelta la cara al Gato por cadena nacional no se da cuenta que le está dando vuelta la cara a más de 10 millones de argentinos y argentinas que lo votaron. Creo que eso Tío Alberto lo entiende. Hasta Máximo lo entiende. Pero Ella no. Ella no es parte de la grieta. Ni siquiera es la Jefa de una parte de la grieta. Ella es La Grieta. Y la gran protagonista del melodrama nacional. La Grieta Garbo.

En fin, estos son tiempos en los que hay que tratar de ser sabio. Lo importante es la salud y no enroscarnos en la toxicidad de la política.

Si usted está del lado oficialista, disfrute. Volvieron. Y no se desangre tratando de explicarnos que este ajuste es bueno para la gente. Relájese, lo entendemos.

Y si usted es opositor, no se intoxique. Vea la parte positiva. Guzmán dijo el viernes que han descubierto que en la Argentina hay una inercia inflacionaria. Mirá vos. No hacía falta tomarse un avión desde Nueva York para descubrirlo. Mi Tía Jieshke lo sabe hace 50 años. Esto demuestra que, en el fondo, el kirchnerismo es más divertido que dañino. Y si no es así, trate de verlo así. La va a pasar mejor.

Llegamos a fin de año de una manera que nadie imaginó doce meses atrás. Así es la vida. Ni Dios sabe como va a terminar resultando el 2020.

Yo soy de los que piensan que el destino no está escrito. Papel en blanco, lápices y a laburar. Casi todo depende de nosotros.

Arriba los corazones y acuérdense: abracémonos todos pero a Ella ni mu.

Felices fiestas. Lo mejor para usted y los suyos, amigo lector.

Fin de temporada.

Meritocracia versus solidaridad, el nuevo relato del Gobierno

Infobae


28 de diciembre de 2019


Meritocracia versus solidaridad, el nuevo relato del Gobierno


El presidente Alberto Fernández acompañado
por el jefe de Gabinete Santiago Cafiero
(REUTERS/Agustin Marcarian/File Photo)




 Por  Waldo Wolff



Trabajás todo el año. Sobre todos los productos que consumís pagás un 21% más de Impuesto al Valor Agregado más Ingresos Brutos sobre la facturación de tu negocio independientemente de tu ganancia. Después de haber consumido todo el año pagás el 35% de Ganancias sobre la diferencia entre lo ingresado y lo gastado. Con eso decidís comprarte bienes que tributan impuestos municipales de alrededor del 1% anual y una alícuota de Bienes Personales del 0,5% aproximadamente.


A eso tenemos que sumarle que al campo, que aporta el 60% de los dólares que ingresan al país, se le retienen -dependiendo el producto- hasta el 30% de sus ingresos.


Toda esta recaudación, que surge aproximadamente de 8 millones de personas, es utilizada por la clase política -de la que yo soy parte- para sostener alrededor de 19 millones de personas que cada primero de mes recibe sus haberes, jubilaciones y/o pensiones y planes del Estado.


Hasta aquí, números fríos, incontrastables, que ahora sí comienzan a ser utilizados por el oficialismo para instalar los vectores que afianzan su relato y que por muy conocidos que sean no dejan de ser peligrosos y perversos.



El nuevo relato es meritocracia versus solidaridad.


Como vimos al comienzo de esta columna, la clase aportante, mayoritariamente denominada “clase media”, concede no solo un montón de dinero para sostener el Estado sino que lo aporta todo.


Ahora, la mayor perversión radica en que el nuevo relato, además de hacer valer por ley esa recaudación consagrada en la legislación nacional, insulta en forma directa y promueve que la masa crítica beneficiaria de dichos aportes odie al que produce y sustenta el funcionamiento del Estado.

Pero la psicopatía y la perversión se ven agravadas en que los administradores de esos dineros son políticos que se perpetúan en el poder a través de las décadas y que a muchos de ellos no se les conoce actividad privada alguna. Así es como muchas de las provincias feudales de nuestro país tienen gobernantes que trascienden en el tiempo y que son votados por masas criticas de hasta el 70% de la población local compuesta por empleados públicos que reciben el sueldo de quien es votado. Como si fuera poco, esos gobernantes tienen el tupé de acusar de insensible a la clase aportante que financia el baronazgo con su trabajo.


Meritocracia versus solidaridad, la dicotomía de hoy, es una gran mentira. Se trata de disfrazar con odio el hecho de que, desde el año 1983, hemos tenido un promedio de 36% de pobreza y 68% de inflación por la sencilla razón de que solo hemos aumentado el plantel de empleados públicos y los impuestos a los que producen, haciendo gala del tristemente célebre “combatiendo al capital”. Durante la década 2005-2015 las provincias aumentaron un 70% promedio su plantel de empleados públicos, lógicamente mediante el uso del déficit fiscal que solo puede ser bancado con emisión y/o crédito externo.


Como verán, yo no me desentiendo de ser parte de esta clase política que ha fracasado en la administración del Estado, pero entiendo que con la conciencia limpia en cuanto a mis valores, por lo menos, tengo la obligación de expresar estas ideas, denunciar lo que está ocurriendo y proponer cambios.


Los primeros días de gobierno del presidente Fernández me han decepcionado por esa retórica discursiva negadora, rancia y antigua que -a mi entender- viene a aumentar la vertiginosa espiral negativa de aplicar políticas que ya fracasaron, pero que además viene a enfrentar a los argentinos de la manera más perversa, diciendo que los va a unir.


La mal llamada clase media de la Argentina es esa clase trabajadora que hace todo el aporte y que, además, tiene que escuchar que sus gobernantes la insulte tratándola de insensible y espetándole falta de solidaridad cuando, como ya expresé antes, gran parte de ese dinero se destina a quienes se perpetúan en el poder.


Soy parte de esa clase media. Hijo de un inmigrante que fue el primer profesional de su familia y que nos ayudó a sus dos hijos a ser profesionales en nuestro país. Hoy se podría decir que atiendo de ambos lados del mostrador. Tengo una profesión liberal independiente que me mantiene en contacto con la temperatura del sector privado, mientras que mi condición de legislador me permite ver que a lo largo de la historia se ha transformando al Estado en elefantiásico, incontrolable, vitalicio y definitivamente insustentable. Además de eso, el pragmatismo y lo fáctico nos muestra y demuestra que el aumento de la ayuda social vitalicia solo condena al no trabajo a un montón de gente a través del tiempo. Así se observa en diversos sectores del país y la sociedad, donde se registran tres y hasta cuatro generaciones de argentinos que nunca trabajaron. A pesar de que ciertos sectores de la política ayudados por operadores mediáticos y sociales que hasta hace poco escondían el hambre y los pobres que hoy exhiben como un trofeo que nuestro gobierno no pudo resolver, todos sabemos que los problemas estructurales de indigencia endémica empezaron mucho antes del año 2015.


No es solidaridad versus meritocracia. Ese es solo el pomposo título perverso que este populismo viene a usar para tapar el bosque de la opulencia e impunidad política que solo quiere perpetuarse en el poder como lo viene haciendo desde tiempos inmemoriales.


El presidente Fernández, con quien, debo reconocer, tengo muy poco en común, tiene un desafío enorme en esta nueva etapa que, a mi humilde entender, ha sido encarada con la fórmula de siempre que terminará utilizándolo como macho alfa de la manada para perpetuar el statu quo político de la masa crítica de sus miembros, mientras vive sus minutos de gloria antes de pasar a ser el líder descartable del que siempre del peronismo hace uso.


La manera de unir a los argentinos no es enfrentarlos. Es sincerarlos. La clase media o aportante no puede más y yo me hago cargo de la parte que me toca siendo un humilde diputado que no conformó ningún Ejecutivo. La clase media, de la cual yo soy parte, hace un enorme aporte y es solidaria. También creemos en la meritocracia. Somos los que nos levantamos a trabajar cada día. Ahorramos, pagamos impuestos, competimos y estamos dispuestos a defender ese modelo del esfuerzo sin depender del burócrata de turno que nos consiga un currito, o un contacto en el Estado. Creemos en el Estado presente, pero en el necesario. Todo el mercado posible y todo el Estado necesario. Nuestro país es un ejemplo en el mundo dando educación gratuita hasta la universidad a todos los habitantes. La salud es un servicio de acceso universal para todos nuestros compatriotas y la seguridad lo era, por lo menos hasta que hace 15 días la nueva administración decidió desarmar a la policía y anunciar la posible comercialización de drogas.


El desafío es ponerle tiempos y formas al asistencialismo sin anunciar y destruir el pacto fiscal -como ya lo hizo el Presidente- para que no sea eterno y acotar para la próxima década un decrecimiento de empleados públicos condicionados al aporte de la coparticipación que, como ya señalé varas veces en esta columna, se sustenta en lo generado por esa mal llamada clase media que trabaja de sol a sol.


Ese es el desafío que tiene el Presidente, a quien le deseo lo mejor, pero que en su arranque se mostró errático.


Hizo el ajuste más grande que yo recuerde en democracia disfrazado de solidaridad sin tocar a la clase política. Congeló a los jubilados y los conminó a juicios que todos sabemos que nunca van a cobrar. Impuso la doble indemnización y bonos a privados desalentando la inversión particular y aumentó ministerios, secretarías y direcciones anulando el decreto antinepotismo para darles trabajo en el Estado a los parientes de los políticos.


Señor Presidente, usted tiene una posibilidad histórica como la tuvieron otros que la desaprovecharon. Tiene la posibilidad de despegarse de ese proyecto que nos enfrenta, que compone la mitad de su gobierno, y llamar a las cosas por su nombre. 
Soy parte de esa clase media que, aunque esté enojada, va a acompañar estos cambios si hay esfuerzos desde el Estado porque no sabemos hacer otra cosa que trabajar, estudiar, aportar y apostar al crecimiento. O puede seguir por donde arrancó acusándonos de meritócratas a los que sentimos orgullo de serlo.


El autor es diputado nacional (Cambiemos)

Las contradicciones ideológicas de Alberto





28/12/2019



Las contradicciones ideológicas de Alberto


Seguridad y narcotráfico enfrentan 
a Fernández con el kirchnerismo




Las contradicciones ideológicas dentro del gobierno de Alberto Fernández generan incertidumbre. El Presidente reprendió al ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, por haber defendido la legalización del consumo y la comercialización de la marihuana y de todas las drogas. Pero Berni tiene la misma postura que la ministra de Seguridad, Sabina Frederic, y entonces se podría extender hacia ella la reprimenda presidencial. Muchos dirigentes peronistas se preguntan ahora hasta dónde pueden tolerarse esas diferencias.

No solo eso, la ministra expuso públicamente también su favoritisimo por la despenalización de la marihuana y lo involucró al Presidente en esa intención. 
¿Ello  implicaría que Alberto también está en contra de su propia ministra de Seguridad? Una vez más parecieran desnudarse diferencias ideológicas entre el peronismo histórico que encarna el Presidente y el kirchnerismo más radicalizado.

“Es un tema un poco más complejo que no hay que hablar con tanta ligereza”, dijo el jefe del Estado respecto de Berni. Pero también la reconvención podría aplicarse a su ministra. Una lectura política sencilla dice que tanto Berni como Frederic responden ideológicamente al kirchnerismo puro: son Cristina Kirchner. Frederic proviene del CELS, de Horacio Verbitsky.

El tema narcotráfico es especialmente sensible para los Estados Unidos, imperio con el cual Alberto Fernández quiere construir una relación para facilitar la renegociación de la deuda con el FMI y los acreedores privados, una piedra basal de su plan económico. El ajuste sobre la clase media y el sistema jubilatorio fue una señal que los mercados interpretaron positivamente en ese sentido: Alberto busca el equilibrio fiscal para poder pagar y negociar la deuda.

Pero también Frederic pone en aprietos a la gestión de Fernández en otros temas demasiado sensibles y estratégicos. Antes de asumir había deslizado que Hezbollah no debía ser considerada una organización terrorista y luego el canciller Felipe Sola debió desdecirla. Pero antes hubo quejas formales de Estados Unidos e Israel. El gobierno de
 Donald Trump también se quejó por la presencia venezolana en la asunción del nuevo presidente argentino.

Ahora, la ministra de Seguridad asegura que la Gendarmería debe revisar su propio peritaje sobre el caso Nisman, en el cual esa fuerza había determinado que el fiscal había sido asesinado por dos sicarios. Frederic invadió la esfera del Poder Judicial, que encargó y convalidó aquel estudio, que no había sido encargado por el gobierno de Macri sino por el juez de la causa, Julián Ercolini, y el fiscal Eduardo Taiano. El fiscal ya dijo que no tiene pensado repetir ese peritaje. Es una causa que genera muchísimo interés en Washington y en Nueva York, donde vive el grueso de la colectividad judía vinculada a los grandes negocios económicos que le interesan a la Argentina.

También la ministra de Seguridad quiere volver a investigar el caso Maldonado y ello genera una preocupación extrema en la Gendarmería. No porque pueda descubrirse una prueba que involucre a los gendarmes, sino porque tanta sospecha sobre la fuerza haría pensar que la ministra, o el gobierno, pueden estar generando un plan de revancha o venganza sobre una fuerza de seguridad que dictaminó que a Nisman lo mataron y no que se había suicidado.

Esta es la preocupación real que existe en las fuerzas de seguridad. Todo este tema se analiza detenidamente en los Estados Unidos. También hay malestar por la incertidumbre que se genera por la designación de las nuevas autoridades de esas fuerzas y por la duda acerca de si la ministra Frederic puede estar buscando nuevos jefes que convaliden una purga en las filas de gendarmes, prefectos y de policías federales. La ideologización de la seguridad es el peor camino para garantizar la seguridad de las personas.

En medio de eso, se produjo la toma de tierras de comunidades mapuches en Villa Mascardi y las incertidumbres sobre la bajada de línea política que pueden tener para prevenir reprimir esos delitos. Hoy en las fuerzas existe un clima de extrema preocupación porque ante cualquier paso en falso hay un gobierno que puede enjuiciar y encarcelar efectivos, especialmente si son gendarmes. Todos están bajo sospecha y se cuidan en extremo.

En medio de eso, también hay versiones de repliegues de gendarmes en la frontera Norte, por donde ingresan los mayores cargamentos de drogas. Los gendarmes también se sienten desguarnecidos.

Pero hubo más ruido en la relación bilateral: la autorización del gobierno de Alberto Fernández para que el ex presidente de Bolivia Evo Morales haga campaña política en nuestro país para recuperar el poder en su país también genero un malestar intenso en las relaciones con los Estados Unidos. Los mensajes de Washington llegaron fuerte y claro a la Casa Rosada y por ese motivo se postergó el posible viaje del Presidente a los Estados Unidos y la aceptación norteamericana al embajador Jorge Arguello.


Además de las medidas económicas de ajuste, en la Casa Blanca observan el posicionamiento internacional del nuevo gobierno frente a los asuntos estratégicos y de seguridad. No todo es dinero en la política internacional.