lunes, 2 de marzo de 2015

Elisa Carrió publicó un informe sobre "Las mentiras de Cristina Kirchner en la causa AMIA"



Lunes 02 de marzo de 2015 | 20:29


La diputada nacional aseguró que la Presidenta "apoyó" la investigación del entonces juez del caso Juan José Galeano; "según sus lealtades o estrategias políticas cambió su posición sobre las pistas o acusados", aseguró

La diputada nacional Elisa Carrió (Coalición Cívica-ARI) puso hoy al descubierto las presuntas "mentiras" de la presidenta Cristina Kirchner en relación al atentado a la AMIA y aseguró que la mandataria "apoyó" la investigación del entonces juez de la causa Juan José Galeano.
En base a lo documentado por la Comisión investigadora sobre la AMIA y la Embajada de Israel, Carrió apuntó que la actual Presidenta no tuvo cuestionamientos al desarrollo de la causa AMIA y sólo en el tercer informe, publicado en 2001, dijo que "la investigación a cargo de Juan José Galeano no arroja resultados satisfactorios y que presenta 'claroscuros y dudas' y sobre los organismos de inteligencia".
Según Carrió, Cristina se negó a acompañar el pedido de juicio político a la Corte por "su negligente accionar en la investigación del atentado a la Embajada de Israel".
Además, la diputada resaltó que Cristina se negó a acompañar el pedido de juicio político a la Corte por "su negligente accionar en la investigación del atentado a la Embajada de Israel", pese a que ayer en su discurso en el Congreso, la mandataria cuestionó el papel del máximo tribunal.
"De la AMIA puedo hablar (...) porque es un tema que me toca muy de cerca porque desde 1996 al 2001, en absoluta soledad me tocó firmar un dictamen diciendo que era una vergüenza lo que se había hecho y que después confirmó en una sentencia donde se demolió el fraude procesal que había hecho el juez Galeano en esa causa", se jactó Cristina Fernández durante el discurso dado ayer en el Congreso para dejar abierto el período de sesiones ordinarias.

"LAS MENTIRAS DE CRISTINA KIRCHNER"

Pero Carrió en un informe titulado "Las mentiras de Cristina Kirchner en la Comisión investigadora sobre la AMIA y la Embajada de Israel", resaltó que "en diciembre de 1997" la Cámara de Diputados aprobó el primer informe, en el cual la actual Presidenta, "en su dictamen individual reivindica la actuación del juez Juan José Galeano".
Incluso, la legisladora resaltó que en el año 1998 en el informe de la Comisión investigadora, la entonces diputada "no hace ninguna crítica a las investigaciones judiciales y firma el dictamen de mayoría junto al oficialismo".
Asimismo, Carrió comentó que en agosto de 1999, Diputados aprobó el segundo informe de la Comisión investigadora, y en ese momento, Fernández "intervino en la sesión que aprobó el informe e hizo una breve referencia a los organismos de inteligencia y a la Policía Federal con el cuidado de no criticar".
"En el segundo informe Cristina Kirchner (aprobado en la sesión del 25 de agosto de 1999), junto con la mayoría del PJ, recomienda al Congreso Nacional que sancionen mecanismos de 'protección de testigos', en consonancia con blanquear prácticas como el pago de sobornos que la SIDE hizo a (Carlos) Telleldín", señaló la diputada de la Coalición Cívica-ARI.
Carrió indicó que en 2001, cuando la comisión parlamentaria emitió su tercer documento, Cristina emitió "su breve dictamen de minoría" en el que "apenas dice que la investigación a cargo de Juan José Galeano no arroja resultados satisfactorios y que presenta 'claroscuros y dudas' y sobre los organismos de inteligencia".
"Cristina Kirchner según sus lealtades o estrategias políticas cambió su posición sobre las pistas o acusados en la causa AMIA", denunció Carrió.
Incluso, la diputada destacó que en esa instancia, la actual Presidenta "parece inclinarse para que se profundice la investigación de la llamada 'Pista Siria' apuntando a la línea de investigación que indicaba como sospechoso a (Alberto) Kanoore Edul". En otro tramo de su discurso dado ayer en el Congreso, la mandataria también indicó que "llama la atención que nadie hable" del atentado de la embajada de Israel y cuestionó el papel de la Corte Suprema en la investigación de ese atentado.
Al respecto, Carrió recordó que "cuando con distintos diputados nacionales promovimos el juicio político a la Corte por su negligente accionar en la investigación del atentado a la Embajada de Israel Cristina Kirchner no apoyó esta iniciativa".
La legisladora también señaló que al llegar al gobierno, el kirchnerismo abandonó su interés por la "pista siria" y se inclinó por la denominada "pista iraní" y comenzó a reclamar la colaboración de Teherán para que declaren los ciudadanos iraníes sospechados de haber participado en el atentado a la AMIA.
"Cristina Kirchner según sus lealtades o estrategias políticas cambió su posición sobre las pistas o acusados en la causa AMIA", concluyó Carrió.
VER INFORME COMPLETO, EN ESTE LINK:
http://www.lanacion.com.ar/1772832-elisa-carrio-publico-un-informe-sobre-las-mentiras-de-cristina-kirchner-en-la-causa-amia

La última función de Cristilandia





20 / 03 / 15


Debieron pasar tres horas de latoso discurso en el Congreso antes que Cristina Fernández saliera de su cápsula para empezar a transitar un espacio terrenal. Ocurrió cuando desde bancas de la oposición, entre las que figuró la del diputado Claudio Lozano, aparecieron pancartas sobre el atentado en la AMIA. Afloró entonces el auténtico perfil de la Presidenta, vehemente, peleador e intolerante. Ingresó en un fangal que había evitado, refirió a la muerte del fiscal Alberto Nisman, a su denuncia de encubrimiento y atacó al Poder Judicial. Afirmó que los jueces –salvo Justicia Legítima, claro— se apartaron de la Constitución.
El enojo de Cristina y su resentimiento –dijo por primera vez a 42 días de producida, que lamenta la muerte del fiscal como la de cualquier persona— se entendería por el brusco contraste de las situaciones vividas. Le prepararon y disfrutó una fiesta, la última en estas circunstancias, incluida una multitudinaria movilización que no se privó de ninguna de las viejas maquinarias pejotistas. Pero que demostró voluntad y compromiso para permanecer ante el Congreso y escuchar un mensaje que tuvo apenas cuatro picos de fervor. Saludó entusiasmada y hasta danzó en las escalinatas. Adormeció a los presentes con los logros económicos y sociales de su gestión (las playas llenas de gente) hasta que irrumpió otro rostro de la realidad. Pasó sin escalas de Cristilandia a la antesala de un infierno.
Quedó, pese a todo, boyando una duda. También entre los opositores. ¿Habría estallado Cristina y arremetido contra el Poder Judicial, como lo hizo, si no hubieran surgido los carteles de la AMIA? ¿Estaba prevista su referencia a la muerte de Nisman? Sobre la primera cuestión no podría existir una respuesta irrebatible. Acerca de la tragedia del fiscal se advirtió que llegó preparada, con el inestimable servicio político que le brindó Daniel Rafecas, 72 horas antes, con el fallo que desestimó la denuncia por encubrimiento terrorista, sus carpetazos para escrachar a miembros del Poder Judicial que no comulgan con ella, y algunas disgreciones dignas de novelas policiales.
Tal vez Rafecas tenga razón con sus argumentos jurídicos. Tal vez el fiscal Gerardo Pollicita, que imputó a Cristina y Héctor Timerman, pueda vacilar ahora de apelar la desestimación después de observar la desangelada imagen presidencial del epílogo. Pero hay detalles que revelarían la importancia que encerró para el Gobierno la decisión de aquel magistrado. Dos diarios oficialistas reprodujeron con suplementos especiales del domingo la resolución completa.
Al defenderse por la interpelación sobre el atentado en la AMIA, la Presidenta elaboró una verdadera ensalada argumental. Para eso poseería indiscutida habilidad. Se victimizó primero como una vieja luchadora sobre el esclarecimiento del ataque. Lo fue, es cierto, mientras se desempeñó como legisladora y primera dama. Pero a medida que se arrimó al poder se fue distanciando del conflicto. ¿Podría decir, por ejemplo, cuantos años hace que se ausenta de cada recordación? Hasta dejaron de asistir sus funcionarios.
Para ratificar un compromiso que con el tiempo se diluyó hasta desaparecer desde la firma del pacto con Irán, incurrió en una notable contradicción. Cuando habló por cadena nacional, ataviada de blanco y en silla de ruedas, una semana después de la muerte del fiscal, mostró documentos según los cuales Nisman no había sido designado por Néstor Kirchner para investigar el atentado en la AMIA. Adujo que había correspondido al Procurador General Alterno, porque el titular de esa época, Esteban Righi, se había excusado. Ayer interrogó sueltita de cuerpo al plenario de autoridades y legisladores: "¿A nosotros nos van a acusar de encubrimiento terrorista que nombramos especialmente a Nisman para que se ocupara de la investigación?". La clásica manipulación de los hechos.
Para sortear el trance espinoso, como suele hacerlo, encendió varios ventiladores a la vez. Cuestionó con dureza a la Corte Suprema, sembró graves dudas sobre el papel de Israel en el ataque de la Embajada en Buenos Aires en 1992 y justificó el Memorándum de Entendimiento con Irán a partir de explicaciones geopolíticas que parecen agradarle. Aunque suenen, muchas veces, tocadas de oído.
Ricardo Lorenzetti, el titular de la Corte Suprema, quedó pagando cuando la Presidenta preguntó en que quedó el caso de la Embajada investigado por esos jueces. "No miren para acá, miren para otro lado", instó en alusión a las acusaciones sobre encubrimiento.
De inmediato llegó la lección Lerú de geopolítica. Cristina regresó con la tesis sobre que nuestro país podría estar siendo utilizado como teatro de disputas ajenas. Y colocó a la AMIA en el centro de la conjetura. Mencionó como posibles actores a Washington, Israel y parte del mundo árabe (Siria y Egipto). Rogó sorprendentemente para que los argentinos no se dejen enmarañar así. ¿Quién decidió firmar el Memorándum de Entendimiento con Irán? ¿Quién repuso a la Argentina en el peor lugar de la escena mundial, después de aquella infortunada jugada de Carlos Menem en la Guerra del Golfo, que derivó en los dos peores atentados terroristas? Los labios de Cristina acostumbran siempre a funcionar más rápido que su cabeza y su memoria.
La descolocación internacional de la Presidenta quedó desnuda cuando sucedió el salvaje ataque terrorista a la revista parisina de humor Charlie Hebdo. Tan mal se comportó que François Hollande suspendió una visita oficial al país. Pretendió compensarlo al repudiar en diciembre el terrorismo del grupo ultra Boko Haram en Nigeria, que pasó de largo para la mayoría de Occidente. Pero en enero se repitió otro episodio similar y la Cancillería permaneció muda. Lo mismo que cuando en febrero hubo otra incursión del terrorismo en Dinamarca ligada al caso Charlie Hebdo.
Parece claro que Cristina decidió cerrar su ciclo prescindiendo de EE.UU. y la Unión Europea para incorporarse, en hipótesis, a un nuevo diagrama mundial en el cual figurarían Venezuela (el kirchnerismo respaldó la represión de Nicolás Maduro), China, Rusia e Irán. Nadie conoce en qué condiciones formaría parte de ese complejo entramado, aunque ciertas pistas hay. Una sería el Memorándum de Entendimiento. La arbitrariedad presidencial llega a tanto, en su afán por explicar lo inexplicable, que endilgó sólo a Washington la negativa de incorporar el pacto por la AMIA a su agenda bilateral de negociaciones con Irán. Es oficial: Teherán también su opuso.
En medio de ese cuadro, la Presidenta descalificó a aquellos opositores y empresarios que objetan sus recientes acuerdos económicos con China. Según ella, el gigante de Asia ofrecerá a la Argentina lo que EE.UU. y la Unión Europea le niegan. Valdrían dos precisiones. El maridaje con Beijing nació de las debilidades financieras objetivas de nuestro país. Las reservas del Banco Central. No hubo plan estratégico previo. China tampoco funciona como un ministerio de Acción Social. Sería bueno que el Gobierno repasara muchas de sus inversiones en Centroamérica o su ingreso a veces devastador en África, como en Congo, Guinea y Togo.
La continuidad o modificación de esas cuestiones, según ella mismo lo admitió, quedaría para el gobierno venidero. No sucedería lo mismo con el Poder Judicial que la investiga por corrupción y los medios de comunicación que no le obedecen. Esas batallas las seguirá dando con mano propia hasta el último día de mandato.

Refugio en el golpismo



Domingo 01 de marzo de 2015 | Publicado en edición impresa




Por  | LA NACION

El golpismo de los otros es su último refugio y lo será hasta el día antes de que entregue el poder. No es una cuestión real, sino simbólica, que prepara los argumentos de un futuro incierto. A Cristina Kirchner no le importan la candidatura de Daniel Scioli ni las condiciones, ciertamente arduas, que aguardarán al próximo presidente, sea quien fuere. En su polémica resolución del jueves pasado, el juez Daniel Rafecas le hizo un enorme favor al Gobierno.
Pero también tornó más inverosímil aún la denuncia de que existe un Partido Judicial. En vano. No es la causa de Rafecas la que preocupa a la Presidenta, sino la investigación de otro juez, Claudio Bonadio, sobre el lavado de dinero en empresas de la familia presidencial. El fantasma de que la absolución por enriquecimiento ilícito se convierta en cosa juzgada fraudulenta está creciendo, a su vez, en el imaginario cristinista. Tal vez ni siquiera se equivoque.
La resolución de Rafecas podría ser revocada por la Cámara Federal. La interpretación de la última y mortal denuncia de Nisman está abierta a debate entre jueces y fiscales. Algunos la consideran sólida; otros creen que la Justicia debe investigar para establecer si la teoría del fiscal muerto es cierta. Ninguno o muy pocos, eso sí, suscriben la resolución de Rafecas tal como fue escrita. El aspecto más cuestionable de esa resolución no es el rechazo de la denuncia en sí mismo, sino las razones, casi idénticas a las que planteó el Gobierno, que era el acusado. Es decir, tomó por ciertos todos los argumentos del oficialismo y descalificó todas las pruebas de Nisman. Es difícil comprender una resolución respaldada más en la opinión del juez que en el valor de las pruebas. Es probable que Rafecas le haya cerrado para siempre las puertas de su despacho a esa causa.
Aun cuando la Cámara Federal revocara la decisión de Rafecas, sería muy difícil, aunque no imposible, que la denuncia de Nisman volviera a sus manos. Ese juez ya tiene opinión formada y se trata, además, de una investigación que debería ponerse en marcha. ¿Para qué dejarla en manos, entonces, de quien ya dijo que no hay nada que investigar? Si la Cámara habilitara la investigación, la denuncia de Nisman llevará mucho tiempo y terminará, en algún momento lejano, en la Corte Suprema de Justicia. Serán los jueces supremos del país los que deberían decidir si el acuerdo con Irán fue una decisión política no judiciable o un delito. Esa causa es una carga política para Cristina, no una preocupación judicial.
La denuncia de Nisman tomó un giro inesperado, es cierto, justo cuando los peritos de la familia están a punto de dictaminar que el fiscal no se suicidó, sino que fue asesinado. A pesar de todo, la causa más preocupante es, en cambio, la del juez Bonadio por el lavado de dinero que pertenece a la fortuna de los Kirchner. Se trata de la propiedad de la Presidenta y de sus hijos, y en el entramado se mezclan empresarios tan cercanos a ella como Lázaro Báez y Cristóbal López. Bonadio está en la etapa de recolección de pruebas; cuando termine, comenzará a tomar decisiones que podrían ser muy importantes. Más vale no anticipar lo que ni el propio juez sabe con certeza. ¿Qué certezas definitivas podría tener si todavía no recibió todas las pruebas?
El problema de la Presidenta es que no aprovechó las ventajas que el Código Penal les da a los herederos de una persona muerta. Las cosas serían muy distintas si, después de muerto Néstor Kirchner, ella hubiera puesto toda la fortuna en un fideicomiso administrado por una empresa ajena. Quizás ?habrían aparecido irregularidades y sospechas, pero su presunto autor ya hubiera estado muerto. Los delitos penales no se heredan. Dejó las cosas, al revés, en manos de contadores de Santa Cruz y del propio Báez. Así le va.
La Corte Suprema avanzó en los últimos diez años en sentar el precedente de que es posible establecer la cosa juzgada fraudulenta. La Presidenta es beneficiaria de una vieja sentencia del juez Norberto Oyarbide, que sobreseyó al entonces matrimonio presidencial en una causa por enriquecimiento ilícito. Es, en principio, cosa juzgada y, por lo tanto, la Justicia no puede investigar a la Presidenta por aquel delito. Pero ¿qué sucedería si a esa cosa juzgada se la considerara fraudulenta porque, por ejemplo, el juez no buscó la verdad? La Presidenta volvería a ser juzgada por enriquecimiento ilícito con todas las pruebas y sospechas agregadas en los últimos años.
Cristina sabe que está en riesgo. Menea el golpe de Estado, imposible para un gobierno al que le quedan meses de poder, porque en el fondo considera que las próximas elecciones serán un golpe político para ella, su familia y su facción. Las elecciones son el golpismo en ciernes que denuncia una y otra vez, aunque la realidad la desmienta. No tiene heredero confiable y ningún Kirchner puede suceder ahora a otro Kirchner. ¿Cómo no suponer que los comicios son un golpe de Estado cuando ella infiere que su persona es la democracia? ¿O no hubo, acaso, carteles en la vía pública en los últimos días que proclamaban que "la democracia no se imputa"? La imputada era Cristina Kirchner, no la democracia.
Un gobernador cercano a la Presidenta confesó que no le encontraba explicación a la estrategia de Cristina de enfrentarse con todos al mismo tiempo poco antes de irse. Ese gobernador no tiene ?reelección en su provincia. "Yo trato ahora de llevarme bien con amigos y enemigos. Quiero después caminar tranquilo por mi provincia", explica. Es lo que haría cualquier político.
Cristina no lo hace. Tampoco hará nada para resolver la deuda en default parcial, ni el atraso del tipo de cambio, ni el insoportable déficit fiscal. El próximo gobierno heredará un Banco Central con casi nada de reservas en dólares, si se despoja a esas reservas de los créditos, las deudas por pagar y el dinero que no es suyo. Aquel gobernador las llama "reservas alquiladas". El Gobierno se las arregló, en fin, para que parecieran como si fueran reservas propias, aunque no lo son.
Por eso también, a la Presidenta le interesa más tensar la relación con Washington y con Europa. Una líder progresista que se precie de tal necesita mostrarse lejos de los imperialismos supuestos y cerca de los símbolos de la izquierda mundial, como Rusia y China, aunque sean países gobernados por dos autoritarismos de derecha. Es un concepto viejo que está haciendo estragos en la Argentina. ¿Cuánta reacción opositora habría tenido un gobierno argentino que hubiera firmado con los Estados Unidos un acuerdo como el que Cristina firmó con China, casi precolonial? Los chinos no sólo podrán hacerse de obras públicas locales sin pasar por licitaciones, sino también traer sus propios trabajadores desde China, a los que les aplicarán las implacables leyes laborales de China. A pan y agua.
Pero un país gobernado por un Partido Comunista, como es China, le sienta bien a la Presidenta. Algo parecido le sucede con Rusia, la patria de Lenin (y también, cabe recordar, la del criminal Stalin), aunque el déspota de ahora se llame Putin y gobierne uno de los regímenes más corruptos del planeta. Con todo, esos símbolos le sirven para entusiasmar a algunos adolescentes que ignoran todo, salvo el discurso cristinista, y a los nostálgicos de un mundo que desapareció hace 25 años. Está preparando el discurso para cuando haya vuelto a casa, el de una líder progresista perseguida por la Justicia por progresista y no por otra cosa.
A pesar de Rafecas, Cristina necesita la bandera del golpismo judicial y la levantará con argumentos o con pretextos, pero no la dejará. ¿De qué le serviría Scioli, si Scioli no estará en condiciones de salvarla de los jueces? ¿No sería mejor, en cambio, abroquelarse como estandarte de una izquierda alegórica para exhibirse luego como víctima de sus ideas y no de sus hechos?
Padecerá necesariamente la soledad de los rupturistas. Fracturó la sociedad, la dividió con trazos de fanatismo y de odio, sólo para defender una fortuna que ella no puede explicar. El destino se encoge, al fin y al cabo, en el pobre empeño de salvarse de algunos jueces, ni siquiera de todos.

domingo, 1 de marzo de 2015

Diatriba y crepúsculo




Lunes 02 de marzo de 2015 | 
Publicado en edición impresa




Por  | LA NACION



Cristina sigue siendo el sol del sistema político argentino: para bien o para mal, todos los otros planetas continúan girando a su alrededor. Pero este sol entró ayer en su inexorable crepúsculo y confirmó que se pondrá definitivamente en diciembre próximo.
Cada vez que en su largo monólogo le tocó hablar del futuro, lo hizo en primera persona ("el país que les dejo"), con advertencias a quienes pueden dar marcha atrás con sus "logros" (deben ser vigilados) y siempre con la tácita idea de que no dominará el próximo ciclo. Tiene razón.
El cristinismo como administrador de la cosa pública termina a fin de año, puesto que ningún heredero con chances electorales gobernará con su estilo ni su ideología.
Ni siquiera Florencio Randazzo, un peronista tradicional que se ha caracterizado por desembarazarse cruel y sistemáticamente de sus padrinos políticos (Menem, Ruckauf, Duhalde, Solá) y cuyo modelo no dista demasiado del formato que encarnan Daniel Scioli o Sergio Massa. Mucho menos Mauricio Macri, que se muestra claramente en las antípodas.
Quien venga deberá pagar las cuentas de la bacanal kirchnerista. El gran "mérito" de Cristina es haber diferido el pago de su propia fiesta para no tomar "medidas impopulares": cualquiera de loscandidatos que están en carrera deberá oblar como un caballero esa abultada hipoteca. Eso, en síntesis, quiere decir buscar crédito en el exterior, corregir el déficit fiscal y el atraso cambiario, levantar el cepo, salir del default y presentar un difícil programa para bajar paulatinamente la inflación y salir de la recesión heredada.
La Presidenta se ahorrará todo ese costo político y desde la vereda de enfrente levantará, como a ella tanto le gusta, el dedo acusador contra los "conservadores", mientras ellos tratan de arreglar la empresa insustentable que les tiró por la cabeza.
Cuando Cristina Kirchner da vuelta el axioma clásico y dice que no es la economía, estúpidos, sino la política, no hace más que negar las reglas fundamentales de una administración sana. La política es muy importante. Pero tarde o temprano la economía toca a la puerta y exige un remedio. La patrona de Balcarce 50 no puede suministrarlo porque como todo líder populista quiere retirarse intocada, para regresar triunfante.

EL "GOLPE BLANDO", AUSENTE

Lo saliente, sin embargo, es que se esperaba de la Presidenta una serie de iniciativas incendiarias. Y que más allá de ciertos pasajes hostiles no redobló la apuesta ni se chavizó durante su último discurso frente a la Asamblea Legislativa. Incluso durante algunos momentos hizo esfuerzos por mostrarse hasta razonable y democrática, respetuosa de la oposición y de las normas: fue por un instante la legisladora que ha sido y que, tal vez, vuelva a ser en breve.
Eligió imaginariamente, para su despedida, a Bachelet y no a Maduro. Tal vez porque se tomó antes de la sesión varias grageas, no de Rivotril sino del ansiolítico Rafecas. Es verdad que agredió a los jueces y fiscales, y al supuesto "Partido Judicial" (que no es Justicia Legítima), pero al menos no blandió en el Congreso el disparatado concepto del "golpe blando".
El termostato descendió bruscamente varios grados en los últimos días. Y cuando baja, propios y extraños respiran, aliviados. Habrá que ver, obviamente, qué correlato tiene esta súbita "democratización de Cristina" en el día a día de su retirada.
Su soliloquio fue autocelebratorio e ignoró la estanflación, la inseguridad, la corrupción y el avance del narcotráfico. Hizo gala, como contrapartida, de éxitos innegables de la gestión kirchnerista, sobre todo si se los compara con el fondo del pozo de los argentinos: el año 2002. Pero los mezcló siempre con la contabilidad creativa (una marca de fábrica) y con la interpretación fantasiosa o directamente apócrifa de hechos, cifras y datos.
Practicó con los reconocimientos internacionales (por ejemplo, el Banco Mundial) el mismo truco que utiliza con los jueces: si opinan a favor son resaltables; si lo hacen en contra son corporativos o golpistas.
Perdió la línea sólo en dos ocasiones: cuando defendió el Memorándum de Entendimiento con los iraníes y descalificó a Nisman, y cuando insultó a los que critican sus acuerdos con China. Le duele mucho que esas dos decisiones estratégicas hayan sido tan cuestionadas.
En el primer caso, no hubo sorpresas: siguió ametrallando al muerto y reivindicando su propia historia de reclamos por la AMIA, soslayando que no está en juego y nadie ha cuestionado este loable raid sino el sospechoso giro de 180 grados que realizó el Gobierno con el régimen antisemita de Irán.
En el segundo caso, defendió enfáticamente la posibilidad de que la Argentina haga negocios con los chinos: nadie objeta que esto ocurra; lo que se le recrimina es que se les hayan realizado insólitas concesiones.
Al finalizar, abordó el Cristinamóvil y saludó a sus incondicionales. La contramarcha organizada por el kirchnerismo fue nutrida, pero ni por asomo estuvo cerca del multitudinario 18-F. Utilizaron todo el aparato estatal (nacional, provincial y municipal) para movilizar y resultó mayoritariamente una concentración de militantes. Bajo los paraguas, en cambio, había miles de espontáneos, y aquella protesta tuvo multitudinarias réplicas en muchas ciudades.
Si un extranjero viera las dos postales, llegaría fácilmente a la conclusión de que ayer marchaban los soldados del poder, y que bajo el diluvio tropical caminaron su dolor los ciudadanos inermes, la fiel infantería de la democracia.

CARTA ABIERTA A UN PAÍS QUE ESPANTA


CARTA ABIERTA A UN PAÍS QUE ESPANTAPor Alesia Miguens

Estoy asqueada hasta el espanto de ver el GENOCIDIO que ha hecho el PERONISMO en estos 25, por no decir 70 años.

Perón. Isabelita. López Rega. Montoneros. Terrorismo. Asesinos. Muerte y desolación. Triple A. Secuestros.

Extorsiones. Muertes. Rodrigazo. Alfonsín, 13 Paros Generales. Golpe peronista. Menem. Cavallo. Corralito.

Corralón. Corrupción. Amia. Embajada. Muertes. Narcos. Menem. Cavallo. Aduana paralela. Contrabando de armas.

Asesinatos. Corrupción. Golpe peronista a De la Rúa. Muertes. Inflación. Duhalde. Puerta, ni sé quién más…

Rodríguez Saá. 1° Default: Aplaudido por todo el peronismo. Nefástor Kirchner. Corrupción. Narcos. Droga.

Mentiras. Prepotencia. Cristina la chorra. Corrupción. Desolación. Narcos. Muertes. Inseguridad.

Garantismo. Inflación. Agresividad. División. 125. Ley de Medios. Escraches. Persecuciones. Droga.

Corrupción. Desolación. Inflación. Escupitajos. Bostafini. Schoklender. Carloto. Moreno. Patoterismo. Amenazas.

Expropiaciones. Indek. Persecución. Inflación, inflación. De Vido. Jaime. Corrupción. Masacre de Once. Sarmiento.



Inundaciones, La Plata. Violaciones. Secuestros. Asesinatos. Robo. Despidos. Lázaro Báez. Fariña. La ruta del Dinero kk. La Cámpora. Ñoquis. Unidos y Organizados. Milagro Sala. D’Elía. Vatayón Militante. Adoctrinamiento.



Corrupción. Inflación. Corralito. Cepo. Subsidios hasta a Puerto Madero. Tarifazos. Mentiras. Amenazas y escraches en Cadena. Devaluación. Afip. Persecución. Ricardo Echegaray. Timerman. Pacto con Irán. Ley Antiterrorista.



Boudou. Kicillof. 2° Default. Ley de Abastecimiento. Vamos por todo, por todo, malparida, defecó en todos y por supuesto en la Constitución…

Estoy asqueada hasta el espanto de ver lo que esta maldita ordinaria, demente y chorra ha hecho y sigue haciendo con el país. Y asqueada hasta el espanto de que los argentinos lo permitan.

Estoy asqueada de los que votan peronistas y en lugar de hacerse cargo intenten justificarse con INSULTANTES FRASES como “éstos no son peronistas”.

Estoy asqueada hasta el espanto del genocidio de niños que se desmayan de hambre.
Y de  este perfecto criadero de esclavos descerebrados para beneficio exclusivo de los genocidas peronistas siempre reciclados.

Estoy asqueada hasta el espanto del genocidio de los abuelos asesinados por la necesidad en la indefensión más absoluta en un país que podría alimentar sin esfuerzo, a más 400 millones de personas.

Mientras los políticos y familias se hacen cada día más OBSCENAMENTE millonarios. Y pagamos millonadas a cientos de miles de tarados que no saben hacer la “o” con un vaso.


Estoy asqueada hasta el espanto del genocidio que significa hacer un 2° Default en 12 años, sin JAMAS haber salido del 1°, en un país como el nuestro. De recordar que TODOS los peronistas -que ahora hacen alharaca- aplaudieron el 1°. Fueron cómplices del 2°. Y de todos los desastres de estos 25 años.

Asqueada del genocidio que fue el ROBO de las AFJP: “Made in Sergio Massa”. Un pichón de tirano atención, demagogo y oportunista más de los tantos que hay entre los peronistas.

Estoy asqueada de ver la Provincia de Buenos Aires. grande y rica como un país, devastada por los Duhalde, Solá, Ruckauf, Cafiero o Scioli el inoperante que da $ 6 a los comedores escolares cuando gasta millones en merchandising para sus eternas campañas políticas.

Estoy asqueada del INSULTO AL FUTURO y a la INTELIGENCIA que significa que Massa y Scioli sigan siendo candidatos.Que todo siga llamándose Perón, Eva Perón, Presidente Perón y más y más Perón. Absolutamente vomitivo.

Asqueada de los ñoquis de La Cámpora con sueldos de 50 mil pesos por mes para no hacer nada y que pago yo con mis impuestos. Inútiles iletrados que hay que echar a patadas exigiendo además que devuelvan todos los sueldos robados al país.

Estoy asqueada de nietos recuperados presentados como héroes y premiados de inmediato con puestos de ñoquis o diputados.

De los millones de dólares LAVADOS por día en Fútbol para Todos, Aerolíneas Argentinas, Trenes, Obras, mentiras y burlas varias.

Estoy archiasqueada de los gatos floros de Lavagna, las alcobas de Redrado, los gatos de Lomas, la vocecita de la Donda. De los Felipe Solá, Aníbal Fernández, los Altamira, los Pino chavistas vota K, de los libres del Sur, los ignotos Tumini y de todos los insultantes analfabestias políticos.

Estoy asqueada de las amenacitas de parlanchines sindicalistas peronistas Moyano padre e hijos, Barrionuevo y demás calamidades. Ésos, que viven pensando en paros, y hoy se bajan los lienzos refunfuñándole -un poquito- a una vulgar meretriz, demente inoperante y ordinaria. Esos, que -no gratuitamente- han sido y siguen siendo partícipes necesarios en la barbarie y genocidio de estos 12 años.

Estoy asqueada de todos los LADRONES  sólo buenos pa’ ROBAR hasta la OBSCENIDAD y devastar al país dejándolo hecho pedazos con gente en la más patética indignidad en nombre de su supuesta Justicia Social.

Malditos gobernadores, intendentes, diputados, senadores, asesores, punteros, descendientes, amigos, socios, cómplices, parientes, peronistas, opositores, izquierdosos, sindicalistas, empresarios, militontos… Malditos Giojas, Corpacci, Urtubey, Beder Herrera, Capitanich, Insfrán, Maurice Closs, Alperovich, Urtubey, Zamora, Buzzi, Busti… Malditos Othacehé, Hugo O. Curto, Alberto Daniel Descalzo, Darío Díaz Pérez, Fernando Espinoza, Insaurralde, Scioli, Massa, Sola, Calchaquí, Larroque, Rossi, Conti, Pichetto, Kunkel, Di Tullio, de Pedro, Salas, de Elias, Cabandié… y la @#$%^&*,  ellos son el EBOLA del País y ojalá terminen putrefactos en las mismísimas entrañas del infierno de "él"... Dante!

Estoy asqueada de las supuestas “ideologías”. De los eternos RECICLADOS peronistas. De los escleróticos partidos. De los espacios de ocasión. De los INDECENTES LÍMITES -nunca peronistas- que sólo han logrado traernos a donde estamos, ¡porque es cómodo y bien pago en este país trabajar de oposición!

Y de los inmorales que se desgarran las vestiduras pidiéndole a Boudou la renuncia cuando saben, o DEBERÍAN de una vez, que ese payaso NO HACE NADA si su jefa no lo manda.

Estoy asqueada hasta el espanto de la inconmensurable ignorancia. La execrable vulgaridad. La infinita mediocridad de pensamiento. La absoluta falta de discernimiento. Y del genocidio de las ilusiones y esperanzas de los bien nacidos, que este país no hace más que vomitar todos los días.

Estoy asqueada del SÍNDROME PERONISTA.


Espantada del SÍNDROME DE ESTOCOLMO.


Aterrada del SÍNDROME DE SÍSIFO. Y de todas las malditas patologías de los argentinos.

Pero más asqueada, espantada y aterrada estoy de ver lo  demencial, siniestro y aciago de nuestro estado terminal del que parece no somos capaces de escapar. El país apesta.

Estoy asqueada hasta el espanto, hasta el agotamiento, de todo y de todos. Tan asqueada y espantada estoy que no veo cómo seguir y salir de estos aterradores días que faltan…

¡Y lo peor es que tampoco veo cómo podrá sanar esta decrépita Argentina, sin una mano Divina providencial que haga una barrida descomunal, venga de donde venga y como decía sabiamente Minguito Tinguitella, "se igual"
Dios nos asista, voy a vomitar…

Por Alesia Miguens. Dra en Leyes y Relaciones Internacionales. Periodista . Escritora


N de R La Misère Porc:
EXCELENTE, MIL VECES EXCELENTE la presente nota de la Dra. ALESIA MIGUENS.

La campaña es ella



Lunes 02 de marzo de 2015 | Publicado en edición impresa



Por  | LA NACION


Ayer Cristina Kirchner lanzó su gobierno a la carrera electoral. Su discurso ante el Congresofue el de un líder caudillesco que aspira a emocionar a sus seguidores con la promesa del poder, más allá de cualquier adversidad.
El argumento fue esquemático, como corresponde a una campaña. Recitó un rosario de cifras para demostrar que ha sido fiel a sus tres axiomas principales: que los pobres, por definición, tienen razón respecto de los ricos; que lo estatal, por definición, es mejor que lo privado, y que lo nacional, por definición, supera a lo extranjero. En otras palabras, reclamó la exclusividad del populismo. Para demostrar que esas consignas tendrán éxito recurrió a la profecía.
Dijo que percibe una atmósfera promisoria, como la del Bicentenario. La comparación es razonable. En aquel momento, el kirchnerismo venía de una derrota electoral. Pero hay diferencias importantes. En 2010 la economía se recuperaba de una caída abismal. Y el Tesoro acababa de apropiarse de las AFJP. Ahora la actividad está planchada y las cuentas tienen un déficit de 190.000 millones de pesos. El optimismo de los que miran la economía se debe a que, como tuiteó el corresponsal del Financial Times para refutar a la Presidenta, los mercados festejan que, en poco tiempo, ella se irá.
Cristina Kirchner debe demostrar que esa salida no representa un fin de ciclo. La necesidad de ganar las elecciones es más perentoria cuanto mayor es el riesgo judicial. Sólo el poder otorga impunidad, dijo Yabrán.
No debe sorprender, entonces, que ella dedicara el centro del discurso a la Justicia. Sobre todo a la denuncia de Alberto Nisman, punto de partida de una crisis que la tuvo sin oxígeno.
Ante el Congreso desplegó otra vez su teoría sobre el atentado contra la AMIA, e incluyó el de la embajada de Israel. La explicación derivó en severos ataques a la Corte Suprema y al Estado de Israel.
La Presidenta pidió que los carteles que muchos legisladores colocaron para exigir justicia para las víctimas de la mutual judía se orientaran hacia otro sector del recinto. Se refería a Ricardo Lorenzetti, cuyo rostro era enfocado por la TV. El reproche fue por la demora en el juicio por encubrimiento contra Carlos Menem y el juez Juan Galeano, entre otros. Tal vez jugó con fuego. Lorenzetti podría reivindicarse reabriendo el caso en que el juez Gabriel Cavallo absolvió a Galeano por peculado durante el proceso AMIA. En noviembre, la Procuración, a cargo de Alejandra Gils Carbó, enjuiciará de nuevo a Galeano. Si la Corte aceptara, avalaría la doctrina de la cosa juzgada fraudulenta, que es materia de un libro reciente de los penalistas Morgenstern y Orce. Ese respaldo estimularía otras revisiones. Entre ellas, la del sobreseimiento por enriquecimiento ilícito con que Norberto Oyarbide benefició al matrimonio Kirchner.
El reproche a Israel es más conocido: ¿por qué no se interesa en saber quién voló su embajada en 1992? Es una pregunta capciosa. La Presidenta inscribió ese ataque y el de la AMIA en el contexto de la negociación de Oslo entre Israel y Palestina. Recordó que esas tratativas llevaron a un fanático israelí a asesinar a Yitzhak Rabin. ¿Las dos masacres de Buenos Aires tuvieron la misma inspiración? ¿Habrá que penar a fundamentalistas islámicos? ¿O hubo extremistas israelíes?
Estas incógnitas, que están al filo de la teoría del autoatentado, tan habitual en el discurso antisemita, asomaron detrás del planteo de la Presidenta. Ella las completó con una improcedente indicación al juez Rodolfo Canicoba Corral: que pregunte al ex embajador Yitzhak Avirán por qué declaró, en enero del año pasado, que "la mayoría de los responsables del atentado contra la AMIA ya están en el otro mundo, y eso lo hicimos nosotros". Israel aclaró entonces que Avirán había dicho "una tontería". Pero la señora de Kirchner quiere hacer notar que un diplomático israelí desmiente que los autores de la AMIA sean los iraníes buscados por Interpol.
La Presidenta compartió estas especulaciones, anteayer al mediodía, con Guillermo Karcher, el secretario del papa Francisco, a quien le gustaría recibir este año en el país. No fue casual: en 1992, Karcher fue testigo del estallido de la embajada, porque vivía en la parroquia Mater Admirabilis.
Las cavilaciones de Cristina Kirchner, extrañísimas en quien durante varios años acusó a Irán, son una gran contribución a la seducción que ejerce la acusación de Nisman. Porque el texto que presentó el fiscal muerto debe su fuerza persuasiva no a su calidad jurídica, sino a que llena un vacío historiográfico. Buena parte de la opinión pública creyó en Nisman porque el Gobierno jamás pudo explicar su catastrófico acuerdo con Irán.
Ayer, la Presidenta volvió a demostrar que no puede hacerlo. Así como adujo que no podía acordar con los holdouts por la cláusula RUFO, pero también porque el reclamo es inaceptable, alegó que pactó con Mahmoud Ahmadinejad para sentar a los acusados ante el juez, pero también porque duda de que ellos sean los culpables.
Nisman cubrió la falta de una justificación razonable con una narración verosímil. Aun cuando desde el punto de vista penal sea inconsistente. La señora de Kirchner avanzó ayer sobre otra fragilidad de su denuncia: recordó que, como sostuvo Daniel Rafecas al descartar la investigación, el propio Nisman, para la misma fecha, había redactado y firmado un escrito con argumentos inversos a los de su imputación. En ese texto, dirigido al Poder Ejecutivo para gestionar sanciones contra Irán en el Consejo de Seguridad, elogió la política presidencial frente al atentado. Y admitió que el memorándum con Irán era una pasable alternativa frente a la parálisis del proceso.
Como está muerto, será difícil desentrañar por qué Nisman presentó el escrito acusatorio y guardó el otro en la caja fuerte de la fiscalía. Cristina Kirchner, que nunca se inhibe ante una ventaja, acusó por duplicidad a alguien que ya no puede defenderse. Al ensañarse, debilitó la calidad de su argumento.
Nisman no puede justificarse. Pero la señora de Kirchner esbozó una explicación. Como los atentados de 1992 y 1994, también la acusación del fiscal fue parte de una jugada internacional: en este caso, las negociaciones entre Irán y las potencias occidentales. ¿También la muerte de Nisman se inserta en esta trama? La Presidenta no lo dijo.
Las referencias judiciales de ayer fueron tan relevantes como las omisiones. No habló de un golpe judicial. Y aclaró que el "partido de los jueces" estaba integrado sólo por algunos. Esta moderación confirma que los tribunales de Comodoro Py y la Casa Rosada están embarcados en una negociación. En ella intervienen jueces y fiscales, cuyo interlocutor principal es Aníbal Fernández, coordinado con Carlos Zannini y Wado de Pedro. El desenlace de estas tratativas se verificará en dos procedimientos. ¿Claudio Bonadio citará a Máximo Kirchner en la causa Hotesur? ¿La Cámara Federal rechazará la negativa de Rafecas a investigar a la Presidenta?
Las conversaciones también se explican por el eclipse de Antonio Stiuso y de sus gestores judiciales. En Tribunales miran con detenimiento la formación de la nueva Agencia Federal de Inteligencia. Ya hay candidatos para comandarla. El más inquieto es Marcelo Saín, quien, respaldado por el CELS, defendió en el Congreso la eliminación del servicio secreto de la Policía Federal. ¿Qué dirá Aníbal Fernández?
Sin un alto el fuego en la Justicia, no hay plan electoral. Y ayer quedó demostrado que la señora de Kirchner apuesta a ganar las elecciones. Su estrategia es dedicarse sólo a quienes esperan salvatajes del Estado. Aquellos que, al revés, creen que sus vidas mejorarían si el Estado los deja de asfixiar, no son parte del programa. Después de presentar una piñata de subsidios, la Presidenta invocó a Perón y anunció que se hará cargo de los ferrocarriles operados por privados.
Como el ascenso de Aníbal Fernández y la incorporación de Wado de Pedro al gabinete, la apuesta ferroviaria fue pensada mirando a la provincia de Buenos Aires. Fortalece a Florencio Randazzo, clave en el trato con intendentes del conurbano, frente a Daniel Scioli, siempre en penitencia.
Sin embargo, la incógnita principal es otra: ¿qué papel jugará Cristina Kirchner? Ella advirtió a sus íntimos que, si no consigue un candidato competitivo, se postulará. ¿Gobernadora bonaerense? ¿Diputada nacional? Ayer, refiriéndose a Gerardo Morales, dijo: "Déjenlo. Yo también querré hablar cuando esté allí". ¿Fue un lapsus o una pista?
El tono proselitista coincidió con el lenguaje. Así como confirmó sus dificultades con el inglés, ella demostró su evolución con el lunfardo. Habló de "mangos" y de que "a las minas nos gustan las pilchas". Y, en un giro comentadísimo, dijo al ministro de Economía: "Axel no te distraigas. Néstor nunca se distraía". Después confesó que Florencia, su hija, le hizo notar esa característica del ex presidente. La observación, trivial, ilumina la peripecia del Gobierno. Si Moyano, los Eskenazi, Báez, Massa, Nisman o Stiuso se convirtieron en problemas, fue porque la Presidenta cayó en demasiadas distracciones.

Y Cristina habló…




1 de marzo 2015




Por Gabriela Pouza

Finalmente llegó el 1ro. de Marzo a quienes muchos esperaban con “expectativas” por lo que la mandataria diría. Es extraño que después de 12 años, aún queden en la gente expectativas de algo. 

Lo predecible, la obviedad, se han instalado hace tiempo como premisas inherentes en toda alocución presidencial. Las novedades escasean, los logros se inventan, y las comparaciones son realizadas considerando la herencia del 2001 y en forma parcial.

Y aún así, la situación general del país no ha mejorado. Por el contrario, si más allá de números económicos incomprensibles e inútiles para el argentino promedio, se evalúa cómo se vivía antaño y cómo se sobrevive hoy, la balanza se inclina a favor del ayer, y en contra del ahora.

Que Cristina haya olvidado señalar ciertos “éxitos” de su administración tales como la instauración del sicariato, la conversión del país en productor de droga, y ya no en país de tránsito… Qué no haya comentado qué, en el 2003, se abrió la puerta de Balcarce 50 a piqueteros, aplaudiendo por ejemplo, a quienes cortaban los puentes en reclamo por las pasteras, o dando – desde el Ministerio de Educación – la venia a los alumnos que tomaban colegios… 

O que también haya callado que, CEDIN mediante, se legitimó el lavado de dinero, la plata del narcotráfico, o los fondos sin declarar, no habilita suponer que hoy se vive mejor que ayer. 

Hubo una Argentina en que salir a la calle no era un desafío constante, hoy hay que agradecer regresar vivos al hogar, y festejar si en el trayecto no se sufrió un arrebato, o nos rozó una bala perdida que suelen andar por cualquier esquina. Pero esas son “sensaciones”, y la mandataria estaba allí para hablar de “su realidad”. 

Que no se haya referido a la profundización de la decadencia, a punto tal que la ética y la moral, hoy son apenas materias que se estudian en alguna universidad, como principios regentes de sociedades que nada tienen que ver con la nuestra, es otra nimiedad.

Su años al frente del Ejecutivo Nacional han logrado que primen los intereses a las convicciones, el tener al ser, las conveniencias personales de algunos al bienestar general, el negociado a la política de Estado, la barbarie a lo civilizado; son “méritos” que prefirió no incluir, seguramente para evitar extenderse más allá de lo racional. 

Lo cierto es que habló Cristina. Fueron 4 horas pero podrían haber sido 5 minutos porque todo se resumió en el comienzo de su discurso. Una frase fue determinante para que todo el resto adquiriese un tinte distinto.  Y es que tras comentar que “hace doce años que gobernamos“, sin anestesia recordó: “Me votó el 54% de la población” Esa fue quizás la única e indiscutible verdad, el resto fue enumeración de estadísticas adulteradas, anécdotas autoreferenciales, y logros que en rigor, no han sido tales. 

El tiempo destinado a la salud pública fue desmesurado, porque fue la mismísima jefe de Estado quien sostuvo que “Si un Presidente no se atiende en un hospital público, no hay salud pública que valga“. Y Cristina se atendió en la clínica Otamendi y en el Hospital Austral. Incluso viajó por un esguince desde Río Gallegos a Capital porque no había cómo sacarle una placa allá. A partir de ese hecho de la realidad, todo lo que diga en esa materia cae en saco roto. 

Por otra parte, las fuentes citadas por la mandataria resultaron un tanto inusitadas para avalar una apertura de sesiones ordinarias. Desde el twiter de un periodista hasta el muro de Facebook de una ciudadana, fueron claves para sostener sus palabras. 

Un detalle al margen: mientras ella se regodeaba con los 140 caracteres de un periodista del Financial Times, éste la desmentía poniendo en contexto su cita.
Asimismo, cuando el Estado empresario no cesa de dar muestras concretas de ineficiencia, anunció el envío de un proyecto de ley para estatizar los trenes.

 Posiblemente, otra caja que será entregada a La Cámpora. Entre medio, chicanas a la oposición, retos a sus funcionarios, intentos vanos de seducción, y cifras que la realidad – y no economistas del odio y del desánimo – desmienten permanentemente.
“Idiotas”, “necios”, “estúpidos”, fueron los vocablos elegidos para aquellos que piensan distinto. 

Simultáneamente, defendió los acuerdos con China   insultando a quienes querían saber de qué tratan los pactos porque, no nos olvidemos, el contenido de lo firmado ha sido declarado “secreto” de Estado. En ese sentido es cierto, no la hemos aplaudido pero es que no conocemos los textos mencionados.

Y el momento culmine, ese instante en que Cristina fue más Cristina que nunca: sucedió cuando legisladores de la oposición pusieron en sus bancas carteles que decían la palabra prohibida, AMIA. Le ganó la ira. Y eso que nadie le había recordado al fiscal Alberto Nisman.

Fue ella quien hizo una nimia referencia, no para dar condolencias tardías, sino para decir que es una muerte como otra cualquiera. Es verdad, pero en este caso, el muerto investigaba su actuar y apareció sin vida un día antes de presentar una denuncia, que la involucraba en forma directa en un acto criminal.

Aún así, Cristina hizo lo que hace siempre la Cristina que gobierna desde el 2007 (e implícitamente desde el 2003):  juzgó y criticó a quien no puede defenderse. Pero, ¿por qué asombrarse si el respeto hace tiempo es un término sin contenido para la Presidente?  Algunos seguimos pidiendo peras al olmo por ingenuos, o porque no podemos asumir que es un olmo y no un peral lo que hemos sembrado hace doce años ya.

Vulgaridad no faltó a la cita. La improvisación volvió a jugarle una mala partida. La ignorancia por conveniencia de ciertos temas cooperó al malestar con que salieron del recinto quienes no fueron allí a rendir ciega pleitesía por obediencia debida.

La Presidente apenas deslizó otra falsedad al decir que todo el país empieza mañana el ciclo escolar. Seis provincias no lo harán, entre ellas Santa Cruz, una paradoja más de las tantas que hay.

Del futuro nada, del presente poco, del ayer apenas logros invisibles a los ojos pero, en este caso, no por ser lo esencial. Es el estilo Cristina. Los gritos desaforados cubrieron el momento de dar respuestas cuando se le recordó el atentado terrorista, quizás porque en su mente se le presentó el memorándum con Irán, y la denuncia del fiscal que ya no está.
La furia entonces, dijo todo lo que la Presidente prefirió callar. No está tranquila, no hay conciencia en paz, sino no se entiende la histeria repentina y la agresión gratuita.

Las sesiones no fueron inauguradas, pero eso ya no importa nada. Cristina terminó ofuscada, sumida en un olvido de circunstancias, y auto-convencida de ser la mejor mandataria que tuvo la Argentina. 

Pero quedaron temas sin comprender cómo ser: ¿por qué una economía tan próspera y floreciente como la que presentó inicialmente, al felicitar incluso a su equipo económico, requería de precios cuidados, planes de cuotas vigilados, leyes de abastecimiento, y sobre todo de la continuidad de la ley de emergencia económica nacional? 
Son pequeños ítems que no deben haberse podido dilucidar porque el tiempo es tirano, y los bostezos se multiplicaban en los palcos…

No hubo mucho más. No podía haber mucho más. A la vista está la Argentina que deja Cristina. Todo lo demás es parte del circo al que nos tiene acostumbrados. El desendeudamiento debió ser una broma que, en el contexto de un acto protocolar, no supimos descifrar.

En ese marco, el último discurso pasó sin pena ni gloria. Sin novedades, por el contrario.  En la Plaza de los dos Congresos los micros se agolpaban junto a enormes parrillas con humeantes chorizos ofrecidos como “gratuitos”, justamente a quienes los han pagado y cuán caros. Pero la ignorancia es el triunfo que más festeja el gobierno puertas adentro.

Un dato de color o quizás desteñido por el papelón: mientras hablaba la Presidente, Amado Boudou era repudiado en la asunción de Tabaré. Y como si fuese un extraño, Luis D’Elia se paseaba repartiendo banderitas fuera del recinto. “Algo habrá hecho”, pero ese “algo” ha sido sin duda, un pedido de la jefe de Estado o de sus ministros…

Alargar este análisis es una falta de respeto para con el lector. ¿Cómo contarle a alguien que está pensando cómo comprar útiles y guardapolvos sin defaultear, las vicisitudes del ARSAT? No me exijan tamaña irrespetuosidad.

Aunque no debiera suceder de esa manera, el show debe continuar 9 meses más, después hay que votar. Por eso, insisto en rescatar lo más trascendente que la mandataria dijo esta mañana en el recinto, y que sintetiza – o debe sintetizar para nosotros -, el discurso en su totalidad: Me votó un 54%”

Quedémonos con eso, y quizás algo aprendemos…


Gabriela Pousa